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Casa Páez Torres

Imagen: Google Street View

Dirección: calle García Moreno, entre Chile y Mejía
Sector: Centro Histórico
Año de construcción: circa 1900
Arquitecto: desconocido
Estilo: neoclásico
Premios: ninguno
Uso actual: privado, bancario

Durante más de un siglo este predio fue parte de un mismo gran solar que abarcaba toda la mitad occidental de la cuadra, y que fue asignado a Francisco Pizarro tras la fundación de la villa de San Francisco de Quito. Los Pizarro construyeron una casa de dos pisos y dos pequeños patios en la esquina suroccidental con frente a la Plaza Grande, donde hoy se levanta el Hotel Plaza Grande, dejando el resto para  uso de huerta, jardín y caballerizas, y eso incluía la parte que nos corresponde en este artículo.

Es recién en 1680 que se tiene los primeros datos que el predio actual se separó del original de los Pizarro, al igual que el que continúa hacia el norte y que hoy es la Casa Larrea Jijón. La mansión levantada era de dos pisos y se desarrollaba entorno a un gran y único patio, siendo su primer propietario el clérigo Juan de Troya Pinque y Freile de Andrade, hijo del fundador de la ciudad de Ibarra. Troya tenía una especie de museo en su casa, en el que exhibía, entre otras rarezas del exterior: ochenta vidrios de Venecia, platos de porcelana china, platones de plata también china y jarrones de manufactura chilena.

En 1715 la casa del clérigo fue heredada por uno de sus parientes, el capitán Luis de Araúz y Troya, que estaba casado con la lojana Juana Rojas. Pasó después a manos del abogado Francisco Javier Ramírez de Arellano, que la vendió en 1734 al sacerdote rector de la parroquia El Sagrario: José de Araúz y Rojas, que resultaba ser hijo de los anteriores dueños y había crecido en la mansión.

Tras ser su dueño por largos 15 años, Araúz y Rojas vendió la casa en febrero de 1749 al abogado panameño Mateo José de Aizpuru y Montero de Espinosa y su esposa, Gregoria Sierra Pambley y Mora. La venta se concretó por 6.500 pesos de la época, y poseía aún dos pisos, dos puertas de madera y similar número de tiendas hacia la calle. En este lugar nacerían todos los hijos del matrimonio Aizpuru-Sierra Pambley, entre ellos Joaquina, futura madre de la heroína independentista Manuela Sáenz de Vergara y Aizpuru.

Alrededor de 1780 la casa fue vendida por Aizpuru a Carlos Presenti y su esposa, María Arechúa y León, que también eran dueños de la casa contigua por el sur y con frente hacia la Plaza Grande. Sin embargo, para el 18 de mayo de 1833 la ya viuda Arechúa declara sus propiedades ante el escribano Santacruz, y en ese documento señala que aquella mansión que le había pertenecido a mitad de la cuadra (la que nos compete en este texto) era ya de la viuda del ibarreño Carlos Vélez de Álava, la señora Juana Buenaño.

En la época del presidente García Moreno la casa pasó a ser propiedad de las monjas del Buen Pastor, que para 1894 permitieron el funcionamiento en la planta baja de la Escuela Municipal de Niñas. A su vez, el segundo piso era arrendado al dramaturgo Francisco Aguirre Guarderas, que vivió allí junto a su esposa de apellido Nájera y los hijos de ambos. A nivel de calle existían cinco tiendas, que viniendo de sur a norte eran:

  • Abarrotes de Ignacia Torres
  • Cantina de Rafael Ramos
  • Estanco de Carlos Manuel Espinosa
  • Abarrotes de Virginia Villacrés
  • Fonda de Manuel de Yerovi, una de las más conocidas de la ciudad

Alrededor de 1900 las monjas del Buen Pastor vendieron la casa a los ibarreños Julia Torres Guevara y su esposo, Miguel Páez Jijón, que inmediatamente la mandaron a reconstruir con el sobrio estilo neoclásico y los tres pisos que apreciamos hasta la actualidad, después la esposa viajó a París y compró lujosos objetos para decorar los interiores de la mansión. Aquí vivió Torres ya viuda hasta 1939, acompañada de algunos de sus nietos.

Entre 1909 y 1910, mientras la dueña estaba de en París como hemos mencionado, en la casa funcionó el Gran Hotel, dirigido por Nicanor Guarderas Pérez y Francisco Gómez de la Torre. En 1922, en cambio, funcionó la Dirección de Alcoholes de Pichincha, dirigida por Julio Miguel Páez, hijo de la dueña de la propiedad. En la misma época los locales hacia la calle eran ocupador por el Bazar Paz y Miño, Botica Sucre, distribuidora de agua Tesalia y la sastrería de Juan Antonio Sáenz, este último uno de los más exclusivos de la ciudad.

Durante el siglo XX pasó por varios dueños hasta nuestros días, que en gran parte de los almacenes hacia la calle funciona una agencia del Banco Solidario.

Arquitectura

La casa fue diseñada a inicios del siglo XX en lenguaje neoclásico, una de las expresiones más comunes de la arquitectura historicista que primó en nuestra ciudad por aquella época. Su estructura se desarrolla en torno a dos patios, uno grande al norte y otro más pequeño al sur, divididos por un bloque de habitaciones y salones que conecta directamente el frente de con el ala posterior. El ingreso se realiza por una pesada puerta de madera que conduce a un largo zaguán, que desemboca a su vez en el patio norte.

En lo que respecta a la fachada, esta se levanta tres pisos, pero da la sensación de estar dividida visualmente en sólo dos. El primero comprende el nivel de la calle, con arcos de medio punto rebajados que servían como ingreso a los almacenes, y que hoy constituyen la ventanería de una agencia bancaria, además de un zócalo de piedra oscura a manera de almohadillado en la parte más baja. Entre los vanos se aprecian columnas decorativas de orden dórico que sostienen la fuerte cornisa del segundo piso.

La estructura visual de los dos piso altos está separada verticalmente por un volúmen central del que sobresalen largos balcones sobre ménsulas con barandilla de hierro, tanto en el segundo como tercer nivel. En el segundo piso, otros dos balcones de las mismas características pero más pequeños, se ubican en los cuerpos de los lados norte y sur.

Los vanos del segundo piso son rectangulares con antepecho de ladrillo y decoración neoclásica, mientras que en el tercero tienen forma de arcos rebajados con antepechos de barandillas de hierro. Al igual que en el primer nivel, columnas decorativas de orden dórico se dibujan abrazando la altura de los dos niveles, rematando con formas de arcos rebajados nuevamente. Una fuerte cornisa sostiene el techo de teja española con volado hacia la calle.

Galería

Detalle de los balcones centrales de la fachada.
Imagen: Google Street View.

Referencias

  • Jurado Noboa, Fernando (2008). "Calles, casas y gente del Centro Histórico de Quito", tomo IV, p.155-164. Quito: FONSAL. ISBN 978-9978-366-01-1.

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