Parque Gabriela Mistral

Los jardines del parque (2011). Imagen: Quito Informa.

Dirección: Luis Cordero, entre Reina Victoria y Diego de Almagro
Sector: La Mariscal
Año de construcción: 1937
Arquitecto: Luis Egüez
Estilo: plaza abierta
Uso actual: espacio público


Historia

Cuando en la década de 1920 el Municipio de Quito autorizó la lotización de las tierras al norte del actual parque El Ejido, destinadas a levantar la zona moderna de la urbe con el concepto europeo de ciudad jardín, se expidió una ordenanza en la que los constructores debían diseñar pequeñas plazas en sus respectivas ciudadelas. Es así como nacieron los actuales espacios públicos del sector, como la de los Presidentes (Amazonas y Jorge Washington), Veintimilla (Amazonas e Ignacio de Veintimilla), Foch (Reina Victoria y Mariscal Foch), y el parque Gabriela Mistral que nos compete en este artículo.

El parque visto desde la Reina Victoria hacia el oriente (1955).
Imagen: Diario El Comercio, archivo de Santiago Duque.
El parque fue concebido por el ingeniero Luis Egüez como el límite norte de la Ciudadela Simón Bolívar, que lotizó la Caja de Pensiones (antecesora del IESS) desde 1936, aunque en aquella época no tenía un diseño real más allá de ser un espacio de tierra o yerba en el que los hijos de los vecinos solían reunirse a jugar fútbol.

El espacio, que tomó su inusual forma triangular por el cambio de ángulo que presentan en este punto la mayor parte de calles en sentido norte-sur del sector, constituía la división con la Ciudadela Colón que lotizaron los hermanos Mantilla Jácome desde 1914, y aunque en un inició no tenía un nombre definido, en la década de 1960 fue bautizado en honor a la poetisa chilena Gabriela Mistral, ganadora del Premio Nobel de Literatura y fallecida en 1957.

El parque fue arbolado recién en la década de 1970, obra del trabajo conjunto entre dos vecinos del barrio: un pequeño niño y un vecino mayor, sin relación entre sí más que la iniciativa para mejorar el espacio sin esperar a la intervención de las autoridades de la ciudad. El niño era Carlos Iturralde Orellana, quien mediante nuestra página de Facebook nos compartió aquella historia con el siguiente texto:
El viejo Don Félix, un costeño sesentón venido a la capital, vigilaba con paso marcial el parque Gabriela Mistral. Todos los días desde las primeras horas hasta que el sol se ocultaba recorría cada centímetro, sin que detalle alguno escapara a su escrutadora mirada. Un vecino le daba alojamiento, de tal manera que habitaba a veinte metros del lugar y con su atuendo que insinuaba litoral, color casi blanco, chaqueta con bolsillos y gorra marinera era el personaje cotidiano del lugar.
Yo, de apenas unos once o doce años de edad, vivía a pocas cuadras y continuamente lo veía. Para ese tiempo mi padre había adquirido gran cantidad de árboles para cultivarlos en la finca familiar; fresnos, tilo verde, capulíes y eucalipto. En una de tantas tardes Don Félix y yo conversamos y por alguna casualidad topamos el tema de la falta de árboles y un par de días después, empecé a llevar poco a poco algunos de los que estaban destinados a Calacalí, donde estaba nuestro terreno. 
Almacenamos en la habitación de Don Félix unos sesenta tilos, algunos fresnos, varios eucaliptos y cada tarde llegaba ansioso la escuela para tomar la pala e ir al parque. Sembramos los tilos alrededor y algunos eucaliptos, fresnos y capulíes en el interior; los vimos crecer y años después, el Parque Gabriela Mistral estaba rodeado por tilos verdes frondosos y en el interior había ya enormes, dos capulíes, algún fresno y dos eucaliptos.
Pasaron los años y el municipio ejecutó alguna de las clásicas e innecesarias remodelaciones (2011), que erradicó como cuarenta tilos robustos del perímetro, desaparecieron los capulíes y fresnos y sobrevivieron orgullosos los dos eucaliptos que aun están allí de pie, y que tienen aproximadamente cincuenta años de vida, como únicos sobrevivientes de la labor de un viejo y un niño.

Galería

Gabriela Mistral en su juventud.

El parque durante su rediseño de 2011.
Imagen: Diario La Hora.

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