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Palacio de Najas (Cancillería)

Fachada principal del Palacio de Najas, desde el Patio de Honor.
Imagen: Flickr Cancillería del Ecuador.

Dirección: calle Jerónimo Carrión, entre 10 de Agosto y Ulpiano Páez
Sector: La Mariscal
Año de construcción: 1923-1925 (original), circa 1940 (refacción)
Arquitecto: Francisco Durini Cáceres (original), Alfonso Calderón Moreno (refacción)
Estilo: historicista (neoclásico)
Premios: patrimonio nacional
Uso actual: estatal, protocolar


Historia

El palacio fue construido a inicios del siglo XX por orden del comerciante sirio Josep Constantino Najas, quien lo comisionó para satisfacer el deseo de su esposa Martha Suzanne Delavelle, una educada dama francesa a quien conoció en enero de 1920 a bordo del barco SS. La Savoie que cubría la ruta Havré - Nueva York después de la Primera Guerra Mundial, y cuyos registros reposan en el Archivo de Ellis Island.

Radicados ya en Quito, Najas y su esposa se hicieron de una enorme fortuna gracias a la prestigiosa casa comercial que establecieron con el nombre de Chic Parisien, que importaba productos de lujo desde Europa y otras partes del mundo. Esto les permitió adquirir un gran solar de una manzana en el sector entonces conocido como Llano Grande, que en la actualidad constituye el barrio La Mariscal, pero que por aquella época recién empezaba a formarse con quintas, palacetes y chalets de la aristocracia que buscaba salir del Centro Histórico.

Proyección de la fachada sur, por F. Durini Cáceres (1923).
Najas comisionó la construcción de un palacete al arquitecto italo-suizo Francisco Durini Cáceres, que se había convertido en el más solicitado del país en aquella época, y que comenzó a levantar el edificio en 1923. Suzanne Delavelle estuvo profundamente involucrada con la concepción del estilo palaciego neoclásico, que le recordaba a los chateaus de su Francia natal, e incluso los planos y dibujos de fachadas, que reposan en el Fondo Durini del Museo de la Ciudad, llevan el nombre de "Villa Susana 2".

El palacio debió haber estado terminado alrededor de 1925, cuando la señora Delavelle decidió embellecer los interiores, haciendo gala de su entusiasmo natural por el arte y la ventaja que representaba las relaciones comerciales de su esposo en Europa, que le permitieron colocar los más finos acabados y amoblarlo de manera semejante a las residencias de la aristocracia francesa.

Aunque no existen pruebas documentales, es muy probable que Suzanne Delavelle haya ordenado también el diseño de los jardines, pues presentan un parque con jardinería y parterres de estilo francés, que era su favorito.

Los Najas Delavelle vivieron en el palacio por poco menos de una década, pues alrededor de 1935 la tenían ya arrendada al Gobierno ecuatoriano, que la convirtió en residencia presidencial de los mandatarios Federico Páez, Alberto Enríquez Gallo, Manuel María Borrero y Aurelio Mosquera Narváez, que ordenaron una refacción del edificio al arquitecto quiteño Alfonso Calderón Moreno. Y aunque el contrato incluía los muebles y decoraciones, es probable que en esta época también hayan llegado objetos y mobiliario del Palacio de Carondelet que se aprecian en fotografías del siglo XIX.

El 17 de noviembre de 1939 el palacio fue testigo del deceso del presidente en funciones Aurelio Mosquera Narváez, que fue encontrado muerto en su cama junto a una botella de láudano. Debido a que su condición de médico con experiencia dificultaba que se haya equivocado en la dosis de un medicamento tan letal, empezaron a correr los rumores de que el primer mandatario se había suicidado a causa de la conocida infidelidad de su esposa, Judith Pérez Dávalos.

El palacio alrededor de la década de 1930.
Finalmente la familia Najas-Delavelle vendió la propiedad de manera definitiva al Estado durante la presidencia de Carlos Alberto Arroyo del Río. La adquisición del palacio se realizó mediante la gestión del canciller Francisco Guarderas y el ministro de Hacienda, Alberto Wright Vallarino. La compra se justificaba con la futura instalación en el inmueble del Ministerio de Relaciones Exteriores, que hasta entonces había funcionado en la Mansión Eguiguren, del Centro Histórico.

Parte de la disposición ejecutiva dice textualmente que «es indispensable dotar al Ministerio de Relaciones Exteriores de un local que responda las necesidades de decoro nacional inherentes a ese servicio y que preste las comodidades requeridas para el correcto funcionamiento de sus dependencias», para más adelante fundamentar que «el pago del canon de arrendamiento del local que actualmente ocupa dicho Departamento demanda al Fisco un crecido desembolso». Esto hace pensar que, con anterioridad a ese año, la Cancillería careció de un sitio propio para albergar a no más de veinte funcionarios que conformaban la planta del servicio exterior ecuatoriano en esos tiempos de la República.

Mediante escritura pública, extendida el 6 de noviembre de 1943 ante el escribano Daniel Belisario Hidalgo, el señor Josep Constantino Najas enajena la propiedad a favor del Estado ecuatoriano por la suma de ochocientos mil sucres; «incluyendo los usos, costumbres y servidumbres» y transfiriendo «las construcciones, instalaciones y jardines, las lámparas de ornamentación del parque, garages y más construcciones».

El 8 de septiembre de 1994, en medio de los festejos por los dieciocho años de la declaratoria de Quito como Patrimonio de la Humanidad, y luego de más de medio siglo de que la Cancillería ocupara el Palacio de Najas, el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural decidió incluir el inmueble dentro del inventario de bienes arquitectónicos patrimoniales, además de disponer la colocación de una placa de bronce con el siguiente texto:
«Este inmueble es patrimonio cultural de la nación ecuatoriana, y como tal debe ser preservado».

Arquitectura

El palacio se emplaza en el extremo occidental de un terreno que se alarga hacia el oriente con los jardines de estilo francés versallesco que poseen fuentes de agua en bronce, parterres ajardinados y caminerías de gravilla o adoquín decorativo. La estructura, de estilo neoclásico, se desarrolla con forma de herradura en torno al patio de honor con una fuente de agua en piedra tallada, y alcanza los dos pisos de altura más un tercero oculto por la mansarda.

Vista aérea del palacio, desde el oriente.
El primer piso presenta vanos rectangulares en ventanas y puertas de acceso, confiriéndole un aspecto de severidad a la vez que elegancia. La puerta principal se encuentra en la mitad del cuerpo central, posee vista a los jardines y se encuentra precedida por una estructura de hierro en estilo art nouveau, que sostiene un volado de cristal para enmarcarla e imprimirle jerarquía en el conjunto.

El segundo piso, en cambio, exhibe un mayor trabajo del estilo neoclásico, con ventanas ajimezadas en arco de medio punto que se abren hacia balcones de hierro forjado, enmarcados por pilastras decorativas que rematan en capiteles de orden dórico, y que dan la impresión de sostener  el cornisamiento que se extiende por todo el nivel para dar paso a la mansarda.

Es precisamente la mansarda que remata el edificio la que le confiere su característica semejanza a los palacios franceses del siglo XIX, con su cielo raso quebrado y continuo del que sobresalen ventanillas oculares ricamente trabajadas que iluminan los espacios de las buhardillas, otrora ocupadas por la servidumbre y hoy utilizadas para oficinas.

Lamentablemente, del palacio original hoy sólo queda la sección que correspondía originalmente a los salones de gala, y que que guardan las peculiaridades iniciales de la construcción, pues la sección de los aposentos y estancias de la familia, que miraban hacia la actual avenida 10 de Agosto y que presentaban un gran balcón con acceso desde la mansarda, fue destruida a fines de la década de 1950 para dar lugar a un moderno edificio adosado de cinco plantas en estilo racionalista, que fue concebido para aumentar el número de oficinas con las que se creía debía contar la Cancillería de frente a la XI Conferencia Americana de Cancilleres de 1959, que finalmente nunca llegó a realizarse.

Interiores

Escalera de Honor.
El acceso a la planta noble se realiza desde la puerta principal del primer piso, que se abre a un amplio vestíbulo con pisos de mármol y precedido por la Escalera de Honor, que fue añadida en la remodelación de Alfonso Calderón Moreno en la década de 1930, y que presenta estructura de doble retorno en estilo imperial, con barandillas de hierro forjado y pasamanos de bronce; una urna con la bandera de Ecuador se ubica en el descanso a media altura. Finalmente, y una vez que se alcanza el segundo nivel, se accede a un espacio decorado con espejos enmarcados en madera dorada y consolas, así como vitrinas que exhiben los regalos presentados a los Cancilleres ecuatorianos desde el año 2007. Los salones de protocolo se distribuyen al lado oriental de la escalera, mientras que al lado occidental se encuentran las conexiones con el edificio adosado de arquitectura moderna.

Salón de los Espejos o Principal.
El espacio central está ocupado por el llamado Salón de los Espejos, que corresponde al antiguo salón principal de la familia Najas-Delavelle. La sala toma su nombre de los grandes espejos de cristal de roca con consola que decoran las paredes de doble altura que terminan en techo semi abovedado con artesonado de madera, y que fueron parte del mobiliario original del edificio en la década de 1920. El resto de piezas, que incluyen silllas tapizadas con gobelinos de diseños florales, mesas con tope de porcelana italiana y mesillas talladas y lacadas, responden al estilo Luis XVI y pertenecieron al Palacio de Carondelet durante el siglo XIX. La chimenea, de mármol rojo francés, está enmarcada por dos pesados muebles de estilo imperio sobre los que cuelgan dos retratos de Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, pintados por Antonio Salas Avilés. Las tres lámparas de araña de cristal de Bohemia que penden del techo también pertenecieron a la familia que construyó el palacio en la década de 1920.

Salón Eugenio Espejo o de Embajadores.
En el ala norte se encuentra el Salón Eugenio Espejo, también llamado Salón de Embajadores pues allí el Canciller de la República recibe las cartas credenciales de los representantes extranjeros acreditados en las Embajadas. El espacio corresponde a la antigua biblioteca y salón de música de los Najas-Delavelle, y se encuentra dividido en dos secciones por sendos biombos de estilo Luis XV tapizados con gobelinos de diseños florales. En el espacio más pequeño se encuentra un espacio multipropósito con una gran mesa de reuniones; mientras que el segundo, que es el más grande, está decorado con muebles de estilo Luis XV y forrados con finas telas de factura ecuatoriana. Las lámparas que penden del techo son de cristal peruano, y fueron añadidas a finales del siglo XX, aunque guardan relación con el estilo neoclásico francés del resto de estancias palaciegas.

Salón de los Próceres o de Baile.
El gran espacio del ala sur, en cambio, es ocupado por el Salón de los Próceres, que recibe su nombre de la serie de catorce retratos de personajes relacionados con el proceso independentista ecuatoriano iniciado en 1809 y terminado en 1822, todos obra del célebre Antonio Salas Avilés y que alguna vez decoraron el Palacio de Carondelet. El antiguo comedor del palacio está precedido por una gran chimenea de roca tallada que exhibe las armas de la República en oro viejo. Posee además un techo semi abovedado de doble altura, con un interesante artesonado en madera al centro, y está decorado con lámparas de techo y de pie fabricadas en cristal de Baccarat, así como zócalos de madera a media altura y una gran alfombra que cubre casi la totalidad del piso de parqué, fabricada en la provincia de Chimborazo.

Galería

Proyección de la mansarda de la Habitación Principal,
desaparecida cuando se construyó el edificio moderno.

El palacio y sus jardines en la década de 1940, con algunas
adiciones del arquitecto Alfonso Calderón Moreno que fueron
posteriormente retiradas para devolverle su originalidad.

El palacio en la década de 1940, visto desde el norte de la
actual avenida 10 de Agosto.

Ala norte del palacio, desde los jardines.

Vista nocturna del ingreso principal, visto desde los
jardines que preceden el conjunto por el oriente.

La fuente de agua en el Patio de Honor.

Detalle de la estructura de hierro sobre el ingreso principal,
las ventanas ajimezadas (dobles) del segundo piso, la cornisa
y la mansarda con ventanillas ojivales.

Detalle de la mansarda que corona el techo del palacio.

Detalle de las ventanas ajimezadas (dobles) del segundo piso
y de la mansarda con ventanillas ojivales.

Varias perspectivas de la fchada principal del palacio, desde
el Patio de Honor y los jardines orientales.

Lista de pasajeros del SS La Savoie, en el que se aprecia
el nombre de Josep Constantino Najas, con destino New York.

Lista de pasajeros del SS La Savoie, en el que se aprecia
el nombre de Martha Delavelle, con rumbo hacia Quito.

Referencias

  • Peralta, Evelia; Moya Tasquer, Rolando (2007). "Guía Arquitectónica de Quito", páginas 350-351. Quito: Editorial Trama. ISBN 978-997-830-077-0.
  • Johnson, Edwin. "Apuntes sobre el Palacio Najas-Delavelle", Notas Nº27, páginas 205-208. Quito: AFESE.
  • "Suzanne de Lavelle à Quito en 1920". Histoire des familles "de la Velle" et "Richard-Guenin", et de cuelques familles alliées. Publicado el 2 de junio de 2010 (en francés).
  • Imágenes actuales: Flickr de la Cancillería de Ecuador, publicados bajo licencia Creative Commons,
  • Imágenes antiguas: Personales, tomadas del Fondo Durini en el Museo de la Ciudad.