9/23/2015

Casa de Los Geranios


Dirección: Morales, entre Guayaquil y Maldonado
Sector: Centro Histórico (La Ronda)
Año de construcción: siglo XVII
Arquitecto: desconocido
Estilo: colonial hispano
Premios: Patrimonio de la ciudad
Uso actual: turismo - restaurante


Como todas las casas de La Ronda, la historia de esta propiedad está ligada a los primitivos pobladores de Quito, incluso antes de la llegada de los Incas, por lo que es imposible hacer un recorrido exacto de quienes habitaron el lugar. Con la llegada de los españoles y la fundación de la ciudad castellana, el costado norte de la calle empezó a ser habitado por la nobleza indígena, que pronto emparentó con los peninsulares y convirtieron al antiguo Chaquiñán en un lugar de residencia para gente acomodada.

Según el Censo Curial de 1797, ordenado por el obispo Miguel Álvarez Cortés, la casa pertenecía a la noble Juana Freire, que vivía allí con nueve personas más, entre ellas una de sus hijas. Para 1805, y de acuerdo al plano de la ciudad levantado por Juan Pío de Montúfar, II marqués de Selva Alegre, la cuadra donde se encuentra la casa constaba solo de cuatro lotes, todos construidos. En 1833 la residencia era presumiblemente propiedad de una mujer de clase media llamada Paula González, coincidiendo con la disminución de la plusvalía en la calle, y por ende con la desaparición parcial de la gente con dinero que antes había habitado todas las casas del lado norte.

Según el Censo de 1894, la casa tenía 31 metros de frente y le pertenecía a Josefa Cabeza de Vaca, con tres tiendas y una carpintería en la que trabajaba Mariano Román. Por aquella época la calle Morales empezaba su lento retorno a manos de las clases acomodadas que, alentadas por los poetas y escritores que se instalaron sobre todo en las casas del lado sur, sintieron nuevamente a La Ronda como un lugar para vivir.

Cuando Josefa murió, la casa fue heredada por sus hijos Rosa y Manuel Stacey, comprando la primera la parte que le correspondía al segundo y convirtiéndose así en su propietaria total. Se hicieron cambios importantes como la partición de la casa en dos propiedades, y la del costado oriental (hoy Hostal La Ronda) fue refaccionada con el balcón de estilo neoclásico que rompe con el colonial de toda la construcción. De 1932 a 1935 Rosa Stacey arrendó la casa occidental (que es la que nos concierne en este artículo) a su sobrino Eduardo Larrea Stacey, notable abogado de la época.

En 1936 la casa fue vendida al médico Luis E. Dávila, amigo de la familia Stacey-Cabeza de Vaca, quien a su vez la vendió más tarde a Alfonso Salvador, padre de dos eminentes obstetras de los años 40’s, dando fama a esta sección de La Ronda como “la cuadra de los médicos”. A partir de entonces la casa pasó a manos de varias personas, que la alquilaban por piezas durante el periodo en el que la calle La Ronda se tugurizó al convertirse en sitio de llegada para migrantes de provincia, que por su cercanía con el terminal de Cumandá, utilizaban el sector para hospedarse y, con el tiempo, alquilar piezas para vivir.

En la actualidad la casa ha sido recuperada e incluida en el circuito turístico impulsado por el Municipio de Quito que logró la recuperación integral del sector. En ella funciona un restaurante que lleva por nombre “Los Geranios”, coloridas flores que adornan abundantemente todo el patio central del inmueble, y que a su vez constituye la flor emblemática de la ciudad de Quito.

En cuanto a arquitectura, la Casa de los Geranios responde al más puro estilo colonial hispano, con paredes lisas en las que se abren ventanas de vanos rectangulares sin adornos más que barandillas de hierro forjado a modo de balcón. La base de toda la estructura presenta una marcada curvatura hacia la calle, probablemente como solución arquitectónica para que los muros soportasen el peso de los continuos aumentos de pisos que debió haber sufrido la casa original. El ingreso se realiza por un estrecho y empinado zaguán escalonado que salva el desnivel existente entre la calle y el patio principal, en torno al que se distribuyen los diferentes ambientes de la residencia, unos de dos pisos con crujía y otros de apenas un nivel, pero la gran mayoría con pequeñas ventanas que impedían el paso del frío al interior de las habitaciones.


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