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Castillo Larrea


Dirección: avenida 12 de Octubre y Baquerizo Moreno
Sector: La Floresta
Año de construcción: 1939
Arquitecto: Rubén Vinci Kinard
Estilo: historicista (neogótico)
Premios: -
Uso actual: centro cultural del complejo empresarial Torres del Castillo


Historia

El Castillo Larrea es una de las muestras más importantes del periodo historicista y ecléctico que vivió la arquitectura de la ciudad de Quito a inicios del siglo XX, y como tal es patrimonio de la ciudad desde la década de 1980.

Fue diseñado en 1935 por el arquitecto mexicano Rubén Vinci Kinard, el más importantes exponente de la corriente del eclecticismo en la ciudad. La construcción inició en enero de 1937, con una ceremonia familiar en la que se colocó la primera piedra.

Su propietario, Carlos Manuel Larrea Rivadeneira, no solo fue un importante diplomático ecuatoriano, sino que además era un historiador especializado en temas medievales y miembro de la Academia Nacional de Historia. Es precisamente al gusto de Larrea que se debe el diseño del castillo al estilo neogótico de los castillos del periodo medieval europeo.

La construcción culminó en 1939, y la familia se trasladó a vivir en la mansión inmediatamente. Entre 1940 y 1944 dejó el país por motivos diplomáticos, por lo que arrendó el castillo a la Embajada de Colombia, donde se refugió por algunos días el derrocado presidente Carlos Arroyo del Río en 1944. Tras su regreso, los descendientes de Larrea ocuparon el castillo hasta 1991, cuando fue vendido a Seguros Alianza.

La aseguradora restauró el edificio entre 1995 y 1997, convirtiéndolo en su sede. Esta sería la última etapa en la que la propiedad conservaría sus jardines originales, siendo a su vez unos de los últimos de su periodo histórico en desaparecer. Desde 2013 el castillo se encuentra nuevamente en restauración, esta vez para convertirse en el centro cultural de un complejo inmobiliario de oficinas y apartamentos que lleva por nombre Torres del Castillo.

Arquitectura

El lote original abarcaba hasta el límite con la actual calle Tamayo, al occidente, siendo ocupado en su mayor parte por extensos jardines con paseos y fuentes de agua. El edificio estaba emplazado en el centro de este terreno, y presenta todas las características de un castillo de fábula: puente levadizo sobre un pequeño estanque en su ingreso principal, torres rectangulares almenadas y circulares con cubierta cónica, atalayas y vanos ojivales.

En su interior, un recibidor conduce a un gran vestíbulo circular con cielo raso con molduras de yeso, desde donde se ditribuyen los diferentes ambientes originales de la casa: salón principal, comedor, biblioteca y museo (llamado así por los Larrea debido a la colección de obras de arte que allí se exhibían), el área de servicio y la escalera principal de doble retorno. El piso original era de terrazo, aunque en la actualidad se mantiene este material únicamente en la escalera.

En el segundo piso se ubica otra sala, que distribuye el ingreso a los dormitorios, así como una pequeña escalera de caracol construida en madera que comunica con la terraza del tercer piso. En la terraza se encuentra la capilla del castillo, que se puede apreciar desde la fachada, en las pequeñas torres que coronan el edificio por su lado oriental. De igual manera se encuentra un solarium en la torre circular suroriental.

Carlos Manuel Larrea poseía una gran colección de piezas arqueológicas, por lo que solicitó al arquitecto Vinci que incluyera espacios específicos para exhibirlas en distintos lugares de la casa. Estas piezas, junto a las numerosas obras de arte de la familia y los exquisitos muebles de época, completaban la fantasía de un edificio que parecía haber salido de otro periodo histórico; sin duda uno de los más extravagantes jamás construidos en el país.

Galería




Fotografías: Flickr/Picassa (crédito a sus autores), forita Marinoboy de Skyscrapercity, Web del proyecto Torres del Castillo.

1 comentario:

  1. En efecto. El castillo Larrea fue algo innovador en su época. Luego, la familia vivió en el predio en una forma cotidiana y normal para la época.
    Yo viví en el Castillo hasta los 7 años y luego, desde la casa posterior, por la que se accedía desde la Tamayo era nuestro refugio de actividades y fantasías.
    Muchos amigos, familia y visitantes conocieron en castillo como realmente era. Lo disfrutamos y vivimos ahí y crecimos con esa tradición y llenos de cultura y aventuras.
    Actualmente es una pena que lo hayan limitado entre estructuras arquitectónicas agresivas para el bien y el entorno del barrio y la ciudad.
    Dónde esta el control del patrimonio de la ciudad ?.
    Yo, como nieto de Carlos Manuel Larrea, que viví en el castillo, me siento muy apenado por el destino que se ha dado a este bien patrimonial y de la familia. Ahí viví mis primeros años y siempre fue objeto de admiración y parte de la historia de la ciudad. Ahora es una vergüenza que lo hayan limitado de esta forma por asuntos lucrativos, con el aval de ciertas autoridades.
    Que pena!!.
    Si alguien quiere más información de su historia, por favor escríbame a clarream@yahoo.com y podré aportar algo sobre su historia, tradiciones y vivencias las cuáles conocí muy de cerca.
    La vida continúa, pero el pasado es parte de ella.

    Hay que vivir el presente, el futuro es incierto, pero el pasado nos enseña lo que debe hacerse y lo que nunca debe repetirse.
    CARLOS MANUEL LARREA MIÑO

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