Castillo Larrea


Dirección: avenida 12 de Octubre y Baquerizo Moreno
Sector: La Floresta
Año de construcción: 1939
Arquitecto: Rubén Vinci Kinard
Estilo: historicista (neogótico)
Premios: -
Uso actual: centro cultural del complejo empresarial Torres del Castillo


Historia

El Castillo Larrea es una de las muestras más importantes del periodo historicista y ecléctico que vivió la arquitectura de la ciudad de Quito a inicios del siglo XX, y como tal es patrimonio de la ciudad desde la década de 1980. Fue diseñado en 1935 por el arquitecto mexicano Rubén Vinci Kinard, el más importantes exponente de las corrientes antes mencionadas en la ciudad. La construcción inició en enero de 1937, con una ceremonia familiar en la que se colocó la primera piedra.

El castillo en 1965, visto desde la acera de enfrente en la
av. 12 de Octubre. Imagen: recopilación de Santiago Duque.
Su propietario, Carlos Manuel Larrea Rivadeneira (1887-1984), no solo fue un importante diplomático ecuatoriano, sino que además era un historiador especializado en temas medievales y miembro de la Academia Nacional de Historia. Es precisamente a su gusto personal que se debe el diseño del inmueble al estilo neogótico, siendo su principal inspiración el Castillo de Neuschwanstein que construyó el rey Luis II de Baviera entre 1869 y 1886.

Larrea estaba casado con la dama ambateña Dolores Holguín Iturralde, con quien tuvo dos hijos: Carlos Manuel II y José Ignacio. Este último en particular se convertiría en el más célebre de los ocupantes del Castillo, pues crecería entre sus muros y jardines para convertirse en sacerdote y uno de los miembros más destacados de la iglesia católica ecuatoriana durante la segunda mitad del siglo XX.

José Ignacio fue el fundador de la orden del Opus Dei en Ecuador (1952), vicepresidente del Tribunal Supremo Electoral (1959-1960), primer obispo castrence del país (1983-1988) y arzobispo de Guayaquil (1989-2003). Promovió la beatificación y canonización de Narcisa de Jesús; además, como jurista redactó varias leyes como la reforma al Código Civil de 1970, el Código de Trabajo, la Ley de Compañías, los estatutos del Banco Nacional de Fomento, entre otras.

La construcción culminó en 1939, y la familia se trasladó a vivir en la mansión inmediatamente. Sin embargo, debió abandonarla un año más tarde, entre 1940 y 1944, cuando dejaron el país por motivos diplomáticos y el inmueble permaneció arrendado a la Embajada de Colombia, donde se refugió por algunos días el derrocado presidente Carlos Arroyo del Río en 1944.

Tras su regreso al país, los Larrea Holguín ocuparon el castillo hasta el fallecimiento de Carlos Manuel II, que había heredado el inmueble de su padre según nos comenta Diego Larrea Chiriboga, nieto del propietario original. Posteriormente fue venido a la Compañía de Seguros Alianza, que refaccionó y restauró el edificio entre 1995 y 1997 para convertirlo en su sede matriz. Esta sería la última etapa en la que la propiedad conservaría sus jardines originales, siendo a su vez unos de los últimos de su periodo histórico en desaparecer.

Finalmente, la aseguradora vendería el predio a la constructora Valarezo Noboa para levantar un complejo de tres torres de oficinas y apartamentos en lo que otrora habían sido los jardines. Desde 2013 la casa se encuentra nuevamente en restauración, esta vez para convertirse en el centro cultural del mencionado complejo Torres del Castillo.

Arquitectura

Vista posterior del castillo (circa 1940).
Imagen: recopilación de Luis Azuero.
El lote original abarcaba hasta el límite con la actual calle Tamayo, al occidente, siendo ocupado en su mayor parte por extensos jardines con paseos y fuentes de agua. El edificio estaba emplazado en el centro de este terreno, y presenta todas las características de un castillo de fábula: puente levadizo sobre un pequeño estanque en su ingreso principal, torres rectangulares almenadas y circulares con cubierta cónica, atalayas y vanos ojivales.

En su interior, un recibidor conduce a un gran vestíbulo circular con cielo raso con molduras de yeso, desde donde se ditribuyen los diferentes ambientes originales de la casa: salón principal, comedor, biblioteca y museo (llamado así por los Larrea debido a la colección de obras de arte que allí se exhibían), el área de servicio y la escalera principal de doble retorno. El piso original era de terrazo, aunque en la actualidad se mantiene este material únicamente en la escalera.

En el segundo piso se ubica otra sala, que distribuye el ingreso a los dormitorios, así como una pequeña escalera de caracol construida en madera que comunica con la terraza del tercer piso. En la terraza se encuentra la capilla del castillo, que se puede apreciar desde la fachada, en las pequeñas torres que coronan el edificio por su lado oriental. De igual manera se encuentra un solarium en la torre circular suroriental.

Carlos Manuel Larrea poseía una gran colección de piezas arqueológicas, por lo que solicitó al arquitecto Vinci que incluyera espacios específicos para exhibirlas en distintos lugares de la casa. Estas piezas, junto a las numerosas obras de arte de la familia y los exquisitos muebles de época, completaban la fantasía de un edificio que parecía haber salido de otro periodo histórico; sin duda uno de los más extravagantes jamás construidos en el país.

Galería

El castillo desde la esquina de la 12 de Octubre y Baquerizo
Moreno (circa 1980). Imagen: recopilación de Santiago Duque.

El castillo en su última etapa con jardines (circa 2008).
Imagen: Picassa, crédito a su autor.

Vista posterior del castillo durante la construcción de los
parqueaderos subterráneos que sirven al nuevo complejo
de torres de oficinas y apartamentos que se construyó en
los jardines (2014). Imagen: Marinoboy, Skyscrapercity.

La primera torre de oficinas construida
en los jardines del Castillo (2016).
Imagen: Marinoboy, Skyscrapercity.

1 comentario:

  1. En efecto. El castillo Larrea fue algo innovador en su época. Luego, la familia vivió en el predio en una forma cotidiana y normal para la época.
    Yo viví en el Castillo hasta los 7 años y luego, desde la casa posterior, por la que se accedía desde la Tamayo era nuestro refugio de actividades y fantasías.
    Muchos amigos, familia y visitantes conocieron en castillo como realmente era. Lo disfrutamos y vivimos ahí y crecimos con esa tradición y llenos de cultura y aventuras.
    Actualmente es una pena que lo hayan limitado entre estructuras arquitectónicas agresivas para el bien y el entorno del barrio y la ciudad.
    Dónde esta el control del patrimonio de la ciudad ?.
    Yo, como nieto de Carlos Manuel Larrea, que viví en el castillo, me siento muy apenado por el destino que se ha dado a este bien patrimonial y de la familia. Ahí viví mis primeros años y siempre fue objeto de admiración y parte de la historia de la ciudad. Ahora es una vergüenza que lo hayan limitado de esta forma por asuntos lucrativos, con el aval de ciertas autoridades.
    Que pena!!.
    Si alguien quiere más información de su historia, por favor escríbame a clarream@yahoo.com y podré aportar algo sobre su historia, tradiciones y vivencias las cuáles conocí muy de cerca.
    La vida continúa, pero el pasado es parte de ella.

    Hay que vivir el presente, el futuro es incierto, pero el pasado nos enseña lo que debe hacerse y lo que nunca debe repetirse.
    CARLOS MANUEL LARREA MIÑO

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