2/11/2015

Casa del Oidor Villacís / Palacio del conde de Peñaflor


Dirección: calles Cuenca y Mejía, esquina
Sector: Centro Histórico
Año de construcción: siglo XVI
Arquitecto: desconocido
Estilo: colonial hispano
Uso actual: Museo Nacional de Arte Colonial


Francisco de Villacís

Francisco de Villacís y Carvajal (quien nos concierne, pues fue el propietario más importante de la casa) fue descendiente de una larga línea de funcionarios españoles que trabajaron para la corona en la ciudad de Sevilla. Su padre fue Antonio de Villacís y Lasso de la Vega, nacido cerca de 1590 en Sevilla, y que en 1610 viajó a la ciudad quitense de Cuenca, de la que había sido nombrado Corregidor. En 1622 Antonio de Villacís contrajo matrimonio con la aristócrata María de Carvajal, de quien recibiría una cuantiosa dote que inició con la fortuna familiar en la Real Audiencia y con quien tendría cinco hijos, entre los que Francisco era el mayor.

En 1646 Francisco de Carvajal fue ordenado Caballero de la Real Orden de Santiago, al igual que lo habían hecho su padre, su tío y su abuelo. En 1649, mientras era Corregidor de Quito, compró el cargo de Alguacil Mayor de la ciudad. Como símbolo de su poder, en 1650 mandó a erigir la Capilla de Villacís en la iglesia de San Francisco, comisonando una imágen de él mismo que se piuede apreciar hasta hoy en una hornacina a al derecha del altar, en posición de oración y cubierto por la capa blanca de la Orden de Santiago (una de las pocas muestras retratísticas de la escultura colonial quiteña).

El 21 de agosto de 1679, poco antes de morir, fundó el mayorazgo de Villacís alrededor de su fortuna, y al no tener hijos propios se lo heredó a su primo, el conde de Peñaflor de Argamasilla.

La Casa

Se desconoce con exactitud quienes fueron los constructores de la mansión, pero los primeros datos arrojan que en 1593 perteneció a Alonso de Troya Pinque, un rico mercader panameño cuyo hijo fue el fundador de la ciudad de Ibarra. A principios del siglo XVII perteneció a Francisca Tello, que lo heredó a su hija Jerónima de Paz y Jaramillo.

Alrededor de 1650 fue adquirida por Francisco de Villacís, uno de los más importantes funcionarios criollos de la Real Audiencia de Quito y poseedor de una de las más grandes fortunas del siglo XVIII. En el censo de 1797 la propiedad pertenecía a su sobrino nieto, Tomás de Villacís.

En el siglo XVIII la casa perteneció sucesivamente a José Miguel Murgüeytio, José Pío de Escudero y su esposa Antonia Carrión, Mariano Gangotena y Juana Álvarez, Tomás Álvarez, y los hermanos Reinaldo y Filoteo Samaniego, quienes la vendieron al doctor Ángel Sáenz a inicios del siglo XX. Se sabe que en el siglo XIX la propiedad original fue fragmentada en dos casas por el lado de la actual calle Cuenca.

En 1943 la casa es adquirida por el Gobierno Nacional del Ecuador, y un año después se traslada allí el Museo Nacional de Arte Colonial, que hasta entonces había funcionado en el foyer del Teatro Sucre. En 1944, con la creación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, el museo se adscribe a la misma, de la que forma parte en la actualidad.

La propiedad fue fragmentada nuevamente en la década de 1950, y las caballerizas del palacio fueron convertidas en sede de la Academia Nacional de Historia. A inicios del siglo XXI la Academia se muda al Palacio de La Alhambra, en el sector de La Mariscal, y las caballerizas vuelven a formar parte del Museo.

La mansión tiene un hermoso patio con fuente central, jardines y pisos de piedra y hueso de vaca. El patio está rodeado por corredores con arco de medio punto en la planta baja, que se duplican también en la planta alta. La arquería y la pila no pertenecen a la construcción original, sino que fueron añadidas a finales del siglo XIX.

Un gran salón se encuentra cercano a la puerta principal de la esquina, mientras que el resto de habitaciones se organizan en ambientes menores. Los interiores han sido adaptados a su carácter museístico, por lo que varias estancias fueron unidas para formar una sola galería.

El Museo

El Museo Nacional de Arte Colonial exhibe una de las más importantes muestras de la escuela quiteña. La colección pictórica recoge obras firmadas por Bernardo Rodríguez, Manuel de Samaniego, Francisco Albán, Antonio Salas, Joaquín Pinto, entre otros. Además, exhibe en sus salas importantes esculturas atribuidas a destacados artistas como Pampite, Caspicara y Bernardo de Legarda.

El museo tiene en su poder un libro del Concilio de Trento que data de 1563, probablemente el único que exista en América, y se ha convertido en su posesión más preciada.

Galería





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