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Pasaje Tobar


Dirección: calles Sucre y Guayaquil, esquina
Sector: Centro Histórico
Año de construcción: 1925
Arquitecto: Luis Felipe Donoso Barba
Estilo: historicista (neoclásico)
Premios: Ornato 1926
Uso actual: Comercial y oficinas


Historia

En la década de 1930, la ciudad de Quito vivía un incremento importante de la actividad mercantil, y debido a ello aparecieron los primeros pasajes comerciales, una figura arquitectónica originalmente francesa que se extendió por Europa, hasta llegar a Latinoamérica a inicios del siglo XX como parte de las corrientes arquitectónicas historicistas. Se podría decir que los pasajes comerciales de la belle-époque son los antecesores de los modernos centros comerciales que conocemos en la actualidad.

En Quito, estos pasajes peatonales se encuentran inmersos en la trama urbana colonial de la ciudad, en un radio cercano a la Plaza Grande. La presencia de estos edificios transformó la vida de los quiteños, concentrando varias funciones del comercio en espacios destinados exclusivamente para esta función, incluyendo además otras actividades como recreación y descanso.

Durante casi tres décadas, estos pasajes constituyeron la novedad de la capital ecuatoriana, construyéndose varios a lo largo de este tiempo. Finalmente, empezaron a decaer en la década de 1970, cuando aparecen los primeros centros comerciales modernos en el norte de la ciudad.

El Pasaje Tobar, en particular, está emplazado con su fachada principal sobre la calle Guayaquil, con otra salida hacia la calle Sucre, a pocas cuadras de la Plaza Grande. Su ubicación en este sitio no responde a una coincidencia, ya que desde la época colonial la calle Guayaquil era conocida como Del comercio bajo. Su propietario actual es la Fundación María Isabel Tobar.

En este mismo solar, antes del Pasaje Tobar, existió una mansión colonial llamada Casa de la Sal, donde vivía hacia 1870 el único proveedor de sal para toda la sierra del país. El zaguán de la casa siempre estaba lleno de costales de dicho producto, y de allí ganó su apelativo.

La mansión tenía una hermosa portada de piedra de dos cuerpos, adquirida luego de su derrocamiento por Jacinto Jijón y Caamaño, quien la colocó en la entrada de un edificio del Palacio de La Circasiana, donde funcionaba su museo arqueológico y galería de arte privadas. Con la ampliación de la avenida Colón, utilizando espacio de La Circasiana, el edificio debió derrocarse y la portada de piedra guardada en las bodegas del Palacio.

En la década de 1990, con la construcción del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, la portada fue rearmada para constituir su ingreso principal que puede ser apreciado hasta la actualidad.

Arquitectura

El edificio alberga distintas funciones, además de los locales comerciales exteriores e interiores de la planta baja, los dos pisos superiores estuvieron dedicados a oficinas en el occidental, y a lujosos apartamentos de viviendas en el ala oriental. La distribución funcional se basa en un esquema lineal, determinado por su uso como pasaje peatonal cubierto. En este caso, su eje lineal tiene forma de "L", puesto que une dos calles perpendiculares entre sí, presentando además una escalinata que salva el desnivel entre las mismas. 

El eje de circulación peatonal, de proporciones imponentes, se caracteriza por su triple altura iluminada íntegramente por luz cenital. La cubierta importada de Europa está elaborada en hierro y cubierta de vidrio, al estilo de los palacios de la Exposición Universal de París. 

Su estilo historicista se inclina al neoclásico, destacando las cornisas de remate ricamente decoradas, la simetría y ritmo regular entre vanos y llenos vinculados por franjas horizontales, los balcones con balaustres como base de los vanos y una gran armonía decorativa tanto en el interior como el interior del pasaje. En las dos fachadas, tanto a la calle Guayaquil como a la Sucre, se encuentran los dos accesos jerarquizados por arcos de medio punto a doble altura. Dentro de la austeridad formal de la fachada destaca la esquina, con un mayor trabajo ornamental.

Desgraciadamente, la renovación hecha al edificio en 1990, no tuvo por objete revalorizar su aportes arquitectónicos originales, sino modernizarlo y acondicionar los espacios para adaptarlos mejor a las necesidades comerciales de las distintas entidades que lo ocupan actualmente, como ópticas, cafeterías, perfumerías, tiendas de ropa y una agencia bancaria.

Galería









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