Buscar en Los ladrillos de Quito

Casa Cadisán


Dirección: calle Mejía N10-21, esquina con García Moreno
Sector: Centro Histórico
Año de construcción: 1880
Arquitecto: Francisco Schmidt
Estilo: Historicista (neorenacentista alemán)
Premios: -
Uso actual: municipal


Historia

Cuando se instaló el Cabildo en la aldea de San Francisco de Quito, el 6 de diciembre de 1534, se repartieron los solares más importantes a los conquistadores que decidieron avecindarse en la joven villa. En esta repartición, el conquistador Juan de Ampudia recibió el solar de media cuadra aledaño al hogar de Sebastián de Benalcázar, es decir todo el frente de la actual calle Mejía, entre García Moreno y Benalcázar. Sin embargo, Ampudia sólo residió seis meses en Quito, ya que el 1 de junio de 1535 partió hacia el norte y nunca más regresó.

Diego de Sandoval y La Mota

Según Ricardo Descalzi, tras la partida de Ampudia, el tercio occidental del solar le fue asignado a Diego de Sandoval y La Mota, que estableció allí un molino, dejando libre los otros dos tercios hacia la actual García Moreno. En enero de 1550 se le concedieron a Sandoval los tres solares contiguos a su molino, uno para casa y dos para huerta, con lo que pasó a ser el propietario de toda la mitad sur de la cuadra, que hoy tiene frente a la Mejía, y la mitad del frente de la García Moreno.

Carta con el escudo de armas otorgado por
Felipe II a Diego de Sandoval y La Mota.
Imagen: Ana María Uribe.
Diego de Sandoval y La Mota, que de conquistador se había convertido en exitoso comerciante, descendía de una familia hidalga toledana. Llegó a América con apenas 17 años (1522) y participó en la conquista de México y Guatemala, en donde fue uno de los fundadores de la ciudad de Santiago de los Caballeros, para después establecerse varios años en Cuzcatán.

En 1533 partió junto a Pedro de Alvarado hacia la tierra de los Incas, en donde volvió a formar parte de la fundación de una ciudad, esta vez San Francisco de Quito, el 6 de diciembre de 1534. Partió a Perú y de regreso, en Cañar, le fue obsequiada una princesa inca, hija de Huayna Cápac, a la que bautizó con el nombre de Francisca y la convirtió en su concubina. La hija de ambos, de nombre Eugenia y nacida en 1536 en la ciudad de Quito, recibió años después una Real Cédula legitimándola como hija de español, y se casó con el capitán Gil de Rengifo, convirtiéndose en el tronco de varias familias en Colombia y Ecuador.

Entre 1545 y 1548 vivió en Anserma (Valle del Cauca), donde conoció y se casó con la dama Francisca de Calderón y Robles, parte de una familia poderosa, pues era hermana del Oidor de la Real Audiencia de Panamá. La pareja aparece ya establecida en Quito, junto con dos hijas, en 1557.

En 1565 viajó a España para evitar las habladurías del amorío entre su hija Ana, de 19 años, y el presidente de la Audiencia de Quito, Hernando de Santillán. Allí, en 1566, los tres hermanos Sandoval de La Mota obtuvieron certificación de hidalguía, por lo que en 1567 el rey Felipe II le otorgó a Diego su propio escudo de armas. En 1568 regresó a Quito con docenas de obras de arte, entre ellas dos cuadros del célebre pintor Tiziano.

Sandoval, de unos 85 años para entonces, testó en Quito el 29 de mayo de 1580, después de haber fundado un mayorazgo en favor de su hija primogénita Ana, sobre su opulenta propiedad de dos pisos (una de las poquísimas de la ciudad con esa altura), a la que describe de la siguiente manera:
  • Posee un dedo de agua otorgado por el Cabildo.
  • Sala grande: siete reposteros con sus armas, alfombra grande y dos pequeñas, seis cojines, una caja pequeña con sus vestidos, varios objetos de plata: platos, cubilete, jarro y salero.
  • Sala de abajo: un pabellón y una caja de madera.
  • Despacho: escritorio mejicano donde guaradab sus títulos, nombramientos y algunos pocos libros. 
  • Comedor: doce platos de plata, dos fuentes, dos jarros, dos candeleros, una taza, un salero.
  • Cámara de dormir: espada ancha de sus antepasados y una celada borgoñona de éstos, a más de otras siete armas defensivas.
  • Recámara: dos sayos, una capa de paño, un capote negro, una gorra de terciopelo, un sombrero, un talabarte, otro sombrero de acero guarnecido de taletán, montante, estoque, martillo, celada, barnote, una cama de tafetán azul y otra de paño azul prensado, una caja grande, una caja encorada vieja, una caja pequeña labrada al óleo, una mesa de cedro, un bracero de hierro, un pailón, una caja para guardar incienso, albayalde y almáciga, pólvora y mecha para los arcabuces y dos colchones de camino.
  • Despensa: una romana grande, cajuela de cera, cirio, barril, redomas de vidrio con jarabes, yerros para vacas y bueyes, plancha de yerro, bigornia, martillo, tenazas y limas.

Diego de Sandoval moriría en el año 1583, y a pesar de que el mayorazgo lo debían heredar su hija Ana y el esposo de esta, Juan de Larrea; aparentemente por falta de descendencia legítima pasó a manos del matrimonio conformado por su segunda hija: Juana y Juan de Londoño y Montenegro, que eran dueños de la casa contigua por el norte, en la esquina de las actuales García Moreno y Olmedo.


Los herederos del Mayorazgo de Sandoval

El matrimonio Londoño y Sandoval tuvo cuatro hijos, los dos varones optaron por la vida conventual, por lo que el mayorazgo pasó a manos de Mariana, la hija primogénita de la pareja que había nacido mientras los padres estuvieron en Madrid, en el año 1579. Ésta heredó la fortuna y propiedades a su hijo Diego López de Galarza, que debió adoptar el apellido Sandoval para poseer el mayorazgo fundado por su abuelo.

Diego de Sandoval y López de Galarza había nacido en Quito alrededor del año 1570, y murió en la misma ciudad en 1632. Fue él quien compró los terrenos que hoy conforman la Hacienda Chillo-Compañía a un cacique local, y en 1612 era miembro de la prestigiosa Cofradía de los Siete Dolores. Se había casado alrededor de 1607 con la payinesa Catalina Silva, de quien tuvo dos hijos que no heredaron; y en segundas nupcias (junio de 1629) con la peruana Francisca de Loma Portocarrero y Zorrilla, que le dio al heredero del mayorazgo: Diego de Sandoval y Loma Portocarrero, nacido en Quito en el año 1630.

El 24 de julio de 1613, el Cabildo de la ciudad conoció la intención de las Monjas de la Limpia Concepción de cerrar la calle Mejía para tener libre acceso a la casa que habían adquirido a los Sandoval en la esquina occidental, así como la intención de comprar por 13 mil pesos el resto de las casas vinculadas al mayorazgo. Sin embargo, el Cabildo negó ambas peticiones debido a que no querían cerrar la calle, por lo que las Conceptas construyeron el célebre Arco de Santa Helena para comunicar su convento con la casa que habían adquirido previamente.

En 1627, año en que el Palacio de la Audiencia quedó severamente dañado tras un terremoto, el presidente Antonio de Morga trasladó provisionalmente la sede de la administración española a la mansión de los Sandoval, ya que era de las más elegantes y opulentas de la ciudad.

En 1632 las casas fueron heredadas por Diego de Sandoval y Loma Portocarrero, que en 1654 ocupaba el cargo de Alcalde de la Hermandad, fue capitán de Infantería para 1656, Alguacil mayor en 1657 y, en 1670, se convirtió en Teniente de Corregidor. Se había casado tres veces, la última en 1679 con la dama guayaquileña Ana de Noboa y Castro de Guzmán, quien le dio seis hijos.

En 1693, y posiblemente por reparaciones en el Palacio Arzobispal, Sandoval y Loma Portocarrero arrendó la mansión para que sirviese como residencia al obispo Sancho Pardo de Andrade de Figueroa y Cárdenas. En el mismo documento señala que las casas de la esquina norte, heredadas de los Londoño, no estaban vinculadas al Mayorazgo de Sandoval y que las debían heredar dos de sus tres hijos varones: Diego y Agustín.

Agustín de Sandoval y Noboa se convirtió en el heredero del Mayorazgo a la muerte de su padre. Había nacido en Quito en el año 1688, y se convirtió en Alcalde de Primer Voto del Cabildo para el año 1742, además de haber ocupado otros cargos relacionados a la administración municipal. En julio de 1728 se casó con Nicolasa María de Santa Coloma y Gondrá, nacida en Panamá y tía abuela materna del segundo marqués de Selva Alegre y prócer de la independencia ecuatoriana, Juan Pío de Montúfar.

En 1736 Agustín y su hermano Diego vendieron la casa de la esquina norte (que poseía huerta y corral), al tío materno de ambos: el clérigo Diego de Noboa y Castro, cura de Tumbaco. A la muerte del sacerdote, la llamada Casa Londoño regresaría a los Sandoval una vez más. Diez años después, es decir en 1746, la que posteriormente se convertiría en última heredera del Mayorazgo: Mariana de Jesús Sandoval y Santa Coloma, contrajo matrimonio con el capitán José Lasso de la Vega y Pérez Guerrero.

Debido a la Ley Desvinculadora de 1820, que disolvió los mayorazgos en todo el territorio del imperio español, el vínculo de los Sandoval perdió efecto y las propiedades comenzaron a ser heredadas de manera indistinta entre los descendientes de Mariana de Jesús Sandoval y José Lasso de la Vega, incluído el hijo de quien debía ser el heredero del Mayorazgo: Juan José Lasso de la Vega y Sandoval, que había muerto en 1813

El hijo de Juan José Lasso de la Vega y Sandoval, llamado Joaquín Lasso de la Vega y Borja, que estuvo casado a su vez con una mujer de apellido Velasco Cobo. El hijo de ambos, Juan José Lasso de la Vega y Velasco se convirtió en el primer ecuatoriano en conocer Rusia, y se casó con Antonia Aguirre Angulo. Estos, a su vez, tuvieron un hijo de nombre José María Lasso de la Vega y Aguirre, nacido en Quito en el año 1835.

Los Lasso (de la Vega)

Es precisamente este último, José María Lasso de la Vega y Aguirre, que logró poseer nuevamente todas las casas que otrora habían pertenecido al desaparecido Mayorazgo de Sandoval, quien hizo derrocar la mansión colonial en 1878 y reedificar en la esquina un palacete de estilo renacentista alemán con el arquitecto Francisco Schmidt, uno de los más prominentes de su época y que había llegado como docente de la Escuela Politécnica fundada por Gabriel García Moreno. La nueva casa, que es la misma que conocemos hasta la actualidad, fue terminada en 1880 y se convirtió en una de las primeras de la ciudad en ser levantadas en estilo historicista.

En época de José María Lasso de la Vega, la mansión alcanzó su mayor esplendor social, pues al ser cónsul de España en Ecuador, ofrecía constantemente opulentas cenas, bailes y tertulias. Una de ellas, la más recordada, una cena en honor del canónigo Antonio José de Sucre y Alcalá, sobrino carnal del Gran Mariscal de Ayacucho, que llegó a Quito en búsqueda de los restos de su heroico tío.

Avelina Lasso de la Vega y Ascázubi.
En 1903 el presidente Leónidas Plaza Gutiérrez solicitó a José María Lasso de la Vega una entrevista política en su residencia, pero en realidad se trataba de un ardid para poder ver de cerca a la hija mayor de éste, Avelina Lasso de la Vega y Ascázubi, jovencita de 24 años de quien el general Plaza se había enamorado en secreto al verla desde las mesas del Café París, en lo bajos del Hotel homónimo, cruzando la García Moreno. Leónidas Plaza y Avelina Lasso de la Vega se casaron, con total oposición de la familia de la novia, el 30 de marzo de 1905, aunque el Presidente no la retiró de la casa paterna hasta un día después de terminar su periodo, el 11 de agosto del mismo año.

En 1907, apenas dos años después de la traumática salida de Avelina, se repetía la historia con otra de las hijas de Lasso de la Vega, de nombre Clemencia, que fue raptada con su consentimiento por un escuadrón de Infantería para así poder casarse con el joven Olmedo Alfaro y Arosemena, hijo del presidente Eloy Alfaro, a quien el padre de la muchacha tampoco podía ver. La pareja se trasladaría a Panamá, donde se exilió la familia Alfaro tras la caída del Liberalismo radical.

José María Lasso de la Vega y Aguirre falleció en sus aposentos el 15 de julio de 1908, y fue sepultado en un mausoleo en el cementerio de San Diego. Poco antes de su muerte, había hecho edificar una casa adjunta en el lado norte del terreno donde se hallaban los restos de una de las casas que habían pertenecido al Mayorazgo, misma que hoy se encuentra a media cuadra sobre la García Moreno, y en cuyos bajos funcionaba la embotelladora de Agua Mineral del Inca.

Desde la muerte de Lasso de la Vega y Aguirre, y pese a que en ella vivía su viuda, la casa estuvo administrada por la señora Rosa Lucero, una empleada que se había convertido en la mano derecha de las herederas. En 1912 Avelina Lasso y Leónidas Plaza se hospedarían nuevamente en la mansión cuando ambos regresaron de Estados Unidos junto a sus hijos, donde habían permanecido un par de años en misión diplomática.

Tras la devastadora muerte de su único hijo, en mayo de 1920 Clemencia Lasso de la Vega se divorció de Olmedo Alfaro, y regresó a la mansión para vivir con su madre. En esta misma época, la última de las hermanas, de nombre Dolores, su esposo Francisco Uribe de Brigard y los hijos de ambos, ocupaban la casa adjunta que su padre había construido antes de morir. Entre 1925 y 1928, la casa esquinera con la Olmedo, en cambio, estaba arrendada al diplomático ambateño Pedro Sánchez Lalama y sus hijos, de apellido Sánchez Barona.

En la década de 1960, la casa de en medio, que habían ocupado en los años 20 los Uribe Lasso, estaba arrendada al famoso joyero Darío Argüello Estrella y su esposa, Amelia Jiménez Yépez, quienes vivían allí con su hijo, el dentista Oswaldo Argüello Jiménez.

La mansión, que por casi cuatro siglos había pertenecido a los descendientes directos del segundo propietario del predio en la temprana época colonial, fue vendida al Municipio de Quito en el año 1995. Entre 1996 y 1997 el Cabildo construyó un gran parqueadero con varios niveles subterráneos en lo que fueron las huertas y jardines, para solucionar así la falta de estacionamientos en el Centro Histórico. Una placa en el ingreso del mismo recuerda, aunque con algún error histórico pues no fueron sus dueños desde la fundación de la ciudad, que los terrenos habían pertenecido a la misma familia por varios siglos.

Por otro lado, en los almacenes de la calle funcionó por varios años una agencia de la Mutualista Pichincha que se mantiene hasta la actualidad, mientras que en lo que fueron los salones y habitaciones de los Lasso de la Vega, se instalaron oficinas de la Corporación metropolitana de Turismo primeramente, y después de la Secretaría de Territorio del Cabildo quiteño.

Arquitectura

La puerta de entrada a la mansión colinda con la calle Mejía, llamada antiguamente del Cucurucho de San Agustín, que constituye una arteria principal del Centro Histórico en sentido este-oeste; mientras que la otra calle que hace esquina, la García Moreno, es la célebre calle de las Siete Cruces. Cruce que la ubica en uno de los sectores más importantes del sector.

En el siglo XVIII era una casa de dos pisos en estilo colonial, ventanas arqueadas y una columna en el centro que hasta ahora se conserva en la segunda planta de su entrada principal; poseía, además, una huerta y un corral donde hoy se encuentra el edificio de parqueaderos.

Sin embargo, su aspecto actual responde al diseño conferido por el arquitecto alemán Francisco Schmidt entre 1778 y 1880, cuando derrocó la casa esquinera colonial y levantó el palacete de estilo historicista, en el que la mayor parte de sus elementos arquitectónicos responden al neorenacimiento prusiano. Schmidt fue responsable también del diseño de otros edificios emblemáticos de la capital ecuatoriana, como el Teatro Sucre o el Palacio de La Circasiana.

La fachada de la mansión está jerarquizada hacia la esquina gracias a la gran portada de piedra sobre chaflán organizada en dos cuerpos, que presenta en el nivel bajo una puerta adintelada y flanqueada por pilastras que sostienen un friso; mientras que el nivel alto posee una ventana geminada y balcón con parapeto de hierro, rematada con un frontón triangular, también apoyado en pilastras del mismo orden.

La portada, que lleva inscrito el año de 1880 conjuntamente con el monograma del propietario que ordenó la reconstrucción "JML" (José María Lasso de la Vega), sobresale en un expresivo trabajo de mampostería de piedra de aparejo regular con sus lechos marcados y sus bordes denticulados al insertarse en el cuerpo de la fachada. El rehundido del enlucido en el cuerpo bajo, simulando mampuestos, brinda continuidad al frente. El blasón familiar tallado en piedra, de probable confección colonial, fue retirado en la década de 1980.

Como se acostumbraba en la época, la mansión se desarrolla en dos niveles, el primero dedicado a comercios y habitaciones de la servidumbre, y el segundo, que en este caso y debido a la inclinación del terreno, se encuentra al mismo nivel del patio central, donde se encontraba la vivienda de la familia.

El acceso principal desde la calle a la planta alta, se realiza a través de una escalera de madera dispuesta en la misma diagonal de la casa, que arranca en un vestíbulo tras la portada esquinera y remata en un pequeño hall alto, que se abre a su vez hacia el patio y las habitaciones de los costados.

Al interior, la mansión se desarrolla en torno a un gran patio con fuente de piedra y un árbol de magnolia declarado patrimonio de la ciudad, alrededor del que se levantan tres crujías con arquería, dos hacia las habitaciones y salones que tienen vista hacia las calles, y otra hacia las del lado norte del inmueble. El cuarto lado del patio, sin edificar, está delimitado por una elegante reja de factura moderna que se abre hacia el parqueadero construido por el Municipio a finales del siglo XX.

Posee dos grandes salones, con capacidad para 180 y 160 personas acomodadas de acuerdo a estándares modernos. La pequeña capilla, ubicada en el extremo de la crujía norte, tiene capacidad para 10 personas y está rematada por una hermosa cúpula pintada con un fresco que asemeja al cielo.

En la década de 1970 se conformó una empresa llamada Cadisán, abreviatura de Casa de Diego Sandoval, que ordenó al ingeniero Alberto Andrade Marín realizar varias adecuaciones en el inmueble, sobre todo en los locales de la planta baja. Es de esta época que data la arquería con pilares de ladrillo en el patio. Al despuntar el siglo XXI, entre los años 2001 a 2003, la casa fue totalmente rehabilitada por el FONSAL en sus 1361 m2, mismos que incluyen 1269 m2 de construcción.

En la actualidad, la Casa Cadisán forma un conjunto con el moderno estacionamiento público del mismo nombre y cuyo material es el hormigón armado. La casa y el estacionamiento están comunicados por el patio (a desnivel), que guarda la fuente y la galería, y una verja de hierro separa la construcción antigua de la moderna. En la minuciosa tarea que significó la rehabilitación de este predio, se recreó el muro liso blanco de la arquitectura que existió hasta la intervención, “con relieves texturizados en puntas de diamante realizadas en piedra como único elemento decorativo”, como explican los arquitectos.


INTERIORES

Capilla
























Patio del Magnolio



























Pasillos del Patio



















Bibliografía

  • Jurado Noboa, Fernando (2008). "Calles, casas y gente del Centro Histórico de Quito", tomo IV, páginas 167-185. Quito: FONSAL, Editorial Trama.
  • Peralta, Evelia; Moya Tasquer, Rolando (2007). "Guía Arquitectónica de Quito", página 133. Quito: Editorial Trama.
  • Quito Turismo (2012). "Presentación del Proyecto de inversión turística en bienes patrimoniales del Centro Histórico", diapositivas 15-20. Quito: Municipio del Distrito Metropolitano.
  • Pérez Pimentel, Rodolfo (1987). "Diccionario Biográfico del Ecuador", tomo IX. Guayaquil: Universidad de Guayaquil.
  • Artepatios Quito.