Palacete Calisto-Mestanza

Fachada del Palacete Calisto-Mestanza. Imagen propia (2018).

Dirección: calles Sucre y Venezuela, esquina
Sector: Centro Histórico
Arquitecto: Antonino y Paolo Russo
Construcción: 1916
Estilo: ecléctico (neoclásico, art-nouveau, art-deco)
Premios: patrimonio de la ciudad
Uso actual: vivienda, comercial

Historia

Según el sacerdote y arqueólogo ambateño Pedro Porras, en este mismo solar habría estado originalmente una importante residencia civil aborigen, pues encontró allí un gran lienzo inca de más de 20 metros que daba hacia la calle Sucre. Posteriormente a la conquista española, el lugar habría sido ocupado de manera inmediata y pasado por varios propietarios que se hacen difíciles de identificar.

Sin embargo, este panorama cambia para el censo de 1840, cuando se sabe que la casa pertenecía a Mariana Jijón. Según el plano de la ciudad levantado por Gualberto Pérez en 1888, la propiedad de entonces constaba de dos patios: uno grande hacia la calle Venezuela y otro más pequeño que colindaba con la casa contigua por el oriente en la Sucre. 

Posteriormente la casa sería adquirida por una mujer de apellidos Suasti Baca, quien la derrocó parcialmente y la vendió así a Ramón Calisto Vega, que aparece ya como su propietario en el año 1894. y para 1912 la terminó de tirar al suelo con miras a levantar una suntuosa residencia.

La obra fue encargada a los hermanos Antonino y Paolo Russo, constituyendo su primer trabajo importante en la ciudad y por el que se hicieron acreedores del Premio Ornato cuando la mansión fue concluida en 1916. Tras la muerte de Calisto, la propiedad pasó a manos de su viuda Mercedes Mestanza, quien falleció aquí a finales de la década de 1930.

El palacete pasaría entonces a manos de Francisco Calisto Mestanza, hijo de los propietarios anteriores y abuelo de Carmen Calisto Ponce, que como esposa del presidente Rodrigo Borja Cevallos sería primera dama de la nación entre 1988 y 1992. En la actualidad continúa en poder de la misma familia.

Arquitectura

La mansión de estilo palacete se ubica en un terreno esquinero que disminuye la pendiente hacia el oriente, por el frente de su fachada principal. La construcción alcanza los tres pisos y está realizada en ladrillo y hormigón, lo que la convierte en una de las primeras de la ciudad que usaron técnicas y materiales modernos.

Los arquitectos italianos Antonino y Paolo Russo, recién llegados a Quito, le imprimieron un distintivo estilo ecléctico que resultaba sin duda novedoso en la ciudad de aquella época, pues combinaron elementos de la ya conocida arquitectura neoclásica con otros nunca vistos y que pertenecían a los primeros modernismos que ya se desarrollaban en Europa y Estados Unidos, como el art-nouveau y los primeros matices del art-deco.

El primer nivel presenta un zócalo de piedra a un cuarto de altura, mientras que el resto ha sido decorado con la técnica del champeado característica de los primeros lenguajes modernistas. Vanos rectangulares con cortinas de hierro enrollable se abren hacia la calle de manera simétrica para dar acceso a los locales comerciales. El ingreso a la casa se realiza por la puerta más oriental de la calle Sucre.

Los pisos altos presentan una decoración neoclásica, con ventanas rectangulares colocadas simétricamente a las puertas de la planta baja y dinteles ricamente elaborados, sobre ellos frontones rectos en el segundo piso y circulares en el tercero. El segundo nivel posee algunos balcones con volado sin ménsula, elemento de los modernismos arquitectónicos y que sin duda fue una novedad en la ciudad para la época.

Los hermanos Russo utilizaron barandas de hierro forjado en estilo art-nouveau para decorar los balcones del segundo nivel, mientras que en el tercero optaron por los clásicos antepechos de moriscos de la arquitectura historicista. Finalmente una cornisa denticulada oculta el techo de teja de barro cocido, un elemento heredado de la arquitectura andaluza que primó en el territorio durante toda la época virreinal.

La fachada se jerarquiza hacia la esquina gracias a su forma curva y el adintelamiento circular que llama la atención directamente a este volumen. Al interior el palacete mantiene la tipología de las casas andaluzas tradicionales, con un patio abierto al centro y rodeado por galerías con crujías que se abren hacia las habitaciones y salones. Un pequeño traspatio hacia la esquina suroriental del predio estaba destinado a la servidumbre.

Referencias

  • Jurado Noboa, Fernando (2005). "Calles, casas y gente del Centro Histórico de Quito", tomo II, p.214. Quito: FONSAL.

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