Iglesia de Santa Teresita

La iglesia de Santa Teresita, vista desde el suroriente. Imagen: propia (2017).

Dirección: calles Robles y 9 de Octubre, esquina
Sector: La Mariscal
Año de construccion: 1938-1956
Arquitecto: José María de Riocerezo
Estilo: historicista neogótico
Uso actual: religioso y funerario

Historia

A inicios de la década de 1930 el barrio La Mariscal pasaba de ser una ciudad jardín con quintas y chalets que se ocupaban generalmente los fines de semana, a una zona de residencia permanente de la élite quiteña que migraba desde el Centro Histórico. Este movimiento causó que se necesitaran cada vez más servicios, y el religioso no fue la excepeción, pues se encontraba arraigado entre los capitalinos.

La Mariscal no contaba entonces con una iglesia, pues la más cercana era la capilla de Santa Clara de San Millán, en el sector del Palacio de La Circasiana. Así entonces,  los adinerados vecinos de la floreciente ciudadela acordaron construir con sus propios aportes un templo para el barrio.

El terreno donde se levantaría el templo fue adquirido en febrero de 1934 por los señores Luis Tobar Donoso y Moisés Luna, siendo inmediatamente donado al padre Hieroteo Valbuena del Cramen, superior de los Carmelitas Descalzos que habían llegado a Ecuador en 1928, y que habían sido la orden religiosa escogida para regentar la futura iglesia mariscaleña. Tras cuatro años de recolección de fondos, la primera piedra del proyecto fue colocada el 8 de diciembre de 1938, en una ceremonia bendecida por el entonces arzobispo de Quito Carlos María de la Torre.

Catedral de Burgos, fuente de inspiración para la iglesia
quiteña de Santa Teresita, en el barrio de La Mariscal.
Imagen: Wikimedia Foundation (Wikipedia).
Los planos de la obra habían sido concebidos por el hermano carmelita José María de Riocerezo, que ya había trabajado como arquitecto para la misma Orden en Chile y Brasil, con un diseño exterior inspirado en la Catedral de Burgos, en España; mientras que el interior lo estaba en la Capilla del Condestable, del mismo templo hispano. De hecho, se puede observar la estrella del Condestable en la cúpula del crucero.

La construcción formal inició a mediados del año 1940, mientras se seguían recogiendo aportes de los vecinos para completarla. Entre las personas que más dinero donaron en esta primera etapa se encontraban los guayaquileños Carlos Julio Arosemena Tola, banquero y presidente de la República entre 1947 y 1948, y su esposa Laura Monroy Garaycoa, que residieron un tiempo en el sector, en la Casa presidencial Velasquista de la avenida Patria.

Para poder financiar el resto de los trabajos con la venta de espacios funerarios, se inauguró la Cripta de la iglesia el 2 de noviembre de 1941, Día de los Difuntos, con 300 nichos y mil urnas. En la actualidad este espacio alberga, entre otros, a personajes importantes como el ex presidente Sixto Durán Ballén, el arquitecto Francisco Durini Cáceres, el vicepresidente Manuel de Sotomayor-Luna y su esposa, la princesa italiana María Cristina de Borbón-Dos Sicilias y Wittelsbach.

El templo fue inaugurado el 19 de marzo de 1956, con su consagración a la Virgen del Carmen y espacios de veneración a Santa Teresa del Niño Jesús y al Cristo de la Agonía. Los vecinos siguieron donando para la conclusión del plan del templo; por ejemplo con el sagrario del altar mayor, orfebrería española de inicios del siglo XX, que fue donado por el Banco del Pichincha como parte de los festejos por sus Bodas de Oro.

Arquitectura

La iglesia de Santa Teresita se encuentra implantada en un terreno esquinero de las calles Robles y 9 de Octubre, en pleno centro del barrio La Mariscal, ocupando un 45% de la manzana si se suman las áreas de la casa parroquial sobre la 9 de Octubre, y la residencia de los Carmelitas hacia la Robles. Su silueta destaca entre los edificios circundantes gracias a la altura, color, material y el uso de un lenguaje tan diferente.

Interior de Santa Teresita (2017).
Imagen: Wilo Enríquez.
Su estilo arquitectónico responde al historicismo neogótico, una corriente que buscaba recuperar la belleza de los edificios góticos franceses e ingleses de la edad media, adaptados a las técnicas constructivas y necesidades de la modernidad a inicios del siglo XX. Constituye precisamente, junto con la Basílica del Voto Nacional, uno de los edificios más importantes de este lenguaje en la ciudad de Quito.

Con sus 50 metros de alto en las torres frontales (levantadas por el ingeniero Germán Riofrío), Santa Teresita fue la estructura más alta de La Mariscal durante aproximadamente veinte años, hasta la década de 1970 cuando se comenzó a levantar el cluster de altos edificios de oficinas en la avenida Patria. La puerta principal de ingreso desde la calle Robles está decorada en la parte más alta de la ojiva con una talla de Santa Teresita del Niño Jesús, que le da su nombre al templo.

El edificio es de planta rectangular, con una nave central de 62 metros de largo (incluido el presbiterio), 9 de ancho y 20 de altura; mientras que las dos naves laterales alcanzan los 50 metros de largo, 5 de ancho y 11 de altura. La cúpula sobre el crucero, de 30 metros de alto y 9 de diámetro, exhibe esculturas de los cuatro evangelistas en las pechinas, obra de la artista Carmela Estévez de Carrillo, que trabajó en la decoración del templo bajo el seudónimo de Intiyán (hija del Sol).

El altar destaca por las pinturas de lenguaje simbolista, iluminadas y coloridas, así como por la presencia de las esculturas de la Virgen del Carmen, Santa Teresita y el Cristo de la Agonía. Las paredes de las naves laterales exhiben las estaciones del viacrucis, esculpidas y pintadas también por Carmela Estévez. Los vitrales que se encuentran en la cúpula del crucero fueron trabajados personalmente por el hermano carmelita y arquitecto de la obra, José María de Riocerezo.

Galería

Capilla del Condestable, en la Catedral de Burgos (España).
Imagen: Jorge Fernández-Alva.
Cuerpo principal de la fachada de Santa Teresita.
Imagen: propia (2017).

Detalle de la puerta de ingreso a Santa Teresita.
Imagen: propia (2017).

Vista posterior de la iglesia de Santa Teresita.
Imagen: propia (2017).

Palacio de La Circasiana

Vista del Palacio de La Circasiana desde el noroccidente.

Dirección: avenida 10 de Agosto y Colón, esquina
Sector: La Mariscal
Año de construcción: 1893-1908 / 1930-1935 / 1950

Arquitecto: Franz Schmidt
Estilo: historicista neoclásico
Premio: patrimonio de la ciudad
Uso actual: administrativo, museístico

Historia

La propiedad fue concebida originalmente como una quinta de descanso a las afueras de la ciudad de Quito, que para finales del siglo XIX avanzaba únicamente hasta los alrededores del parque La Alameda, por lo que su ubicación en la zona indígena de Santa Clara de San Millán estaba relativamente alejada. Es precisamente esta comunidad la que habría vendido en primer lugar el gran retazo de terreno a los Jijón, pues su jurisdicción avanzaba desde aquí y hasta las faldas del volcán Pichincha por el occidente.

El pabellón de fin de semana, que corresponde a la primera etapa constructiva del inmueble y que actualmente se encuentra hacia la avenida 10 de Agosto, fue mandado a levantar por los terrateniente y aristócratas quiteños Manuel Jijón Larrea (1860-1908) y su esposa Dolores Caamaño y Almada (1859-1915), para lo que contrataron los servicios del arquitecto prusiano Franz Schmidt, que contaba entre sus obras a edificios tan importantes como el Teatro Nacional Sucre, el Mercado de Santa Clara y el Antiguo Hospital Militar de San Juan.

La quinta original, diseñada por Schmidt (circa 1910).
Fondo fotográfico del Ministerio de Cultura del Ecuador.
Schmidt construiría un bloque perfectamente rectangular y simétrico en estilo neoclásico palladiano, con un primer piso a modo de sótano para las áreas de servicio, cocina, bodegaje y dormitorios de la servidumbre; un segundo con acceso por las famosas escaleras flanqueadas de leones de bronce, en la que se encontraban los salones de recibo y las habitaciones; y finalmente un volumen central en la terraza, donde existían una habitación y un oratorio con linterna para iluminarlo desde el techo. El nombre de la propiedad fue escogido por doña Dolores, que comparaba la belleza del edificio con la de las mujeres de Circasia, en la Rusia transcaucásica, que en aquella época eran consideradas las más hermosas del mundo.

Los interiores del pabellón fueron decorados con pintura mural de Joaquín Pinto y Juan Manosalvas, papel tapiz francés, vidrios, cortinas y tapices europeos, así como cielos rasos de latón repujado importados de Filadelfia (Estados Unidos). Los exteriores, por otra parte, se complementaron con hermosos jardines de estilo inglés, en los que las caminerías suelen recorrer espacios casi boscosos y entre plantas que crecen a sus anchas, dando la impresión de asilvestramiento.

Manuel Jijón Larrea no sólo era un rico propietario de inmensas tierras en la Sierra norte del Ecuador, sino que también fue uno de los primeros industriales del país. Poseía fábricas de telas como Chillo-Jijón, que automatizó prontamente con tecnología estadounidense de punta para aquella época, fundó junto a Julio Urrutia la primera instalación eléctrica que usaba la fuerza hídrica del río Machángara  (1895), y presidió el directorio del recién creado Banco del Pichincha por algunos años.

Cuando Manuel Jijón falleció, su único hijo y heredero universal, Jacinto Jijón y Caamaño (1890-1950), viajó con su madre a Europa por algunos años antes de regresar a Quito en 1919 para casarse con su prima María Luisa Flores Jijón en un evento que tuvo como escenario a la misma Circasiana; y quizá por ello la pareja escogió esta misma propiedad como su residencia permanente, en la que nacería su único hijo. Los nuevos residentes, de carácter muy conservador y religioso, crearon un reducto apacible y alejado del mundanal centro de la ciudad, pero que más temprano que tarde les empezaría a quedar estrecho.

Jacinto y María Luisa el día de su boda,
en el pórtico de La Circasiana (1919).
En la década de 1930 Jacinto decidió ampliar el edificio con una estructura posterior en forma de herradura, que al adosarse al pabellón original terminaría por crear un patio interior y cubierto al centro, en el que se construyó una piscina. Esta ampliación le dio al inmueble un piso adicional que consolidó el majestuoso aspecto de características palaciegas que mantiene hasta la actualidad, además de las grandes áreas sociales del ala occidental (vestíbulo, comedor y salón) y un nuevo ingreso al que se llamo Puerta de las Estaciones, debido a que la escalera estaba flanqueada por cuatro esculturas que representan a las estaciones del año.

Debido al carácter apacible y reservado de los Jijón-Caamaño y Flores, las nuevas áreas sociales no eran usadas para ofrecer grandes fiestas y bailes, sino para albergar reuniones de carácter político pues Jacinto era la figura más notable del Partido Conservador por aquellos años, e incluso llegaría a ser candidato a la presidencia de la República (1940), y el primer alcalde de Quito electo por votación popular directa (1945-1947). Su vena antropológica e historiadora lo harían también uno de los más notables miembros de la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos, que había iniciado el arzobispo Federico González Suárez en 1909.

María Luisa Flores, en cambio, solía retirarse a leer en su estudio privado del lado sur del pabellón antiguo, y a experimentar con la radio de onda corta que poseía en la habitación contigua, aficiones que delatan lo bien instruida que era para el común femenino de la época. También solía reunirse únicamente con sus amigas más íntimas en una sala del tercer piso, decorada con muebles de estilo Chesterfield, hasta la que llegaban los dulces y bebidas mediante un elevador oculto por una columna falsa.

De esta misma época datan la construcción del pabellón de la Biblioteca, al costado sur del palacio, y el museo de acceso gratuito en la parte posterior de los jardines, ambas destinadas a albergar las grandes colecciones bibliográficas, documentales, arqueológicas e históricas que Jacinto Jijón y Caamaño había reunido a lo largo de su vida, y que constituían las más grandes e importantes que se podía encontrar fuera de los conventos en el Ecuador de mediados del siglo XX.

Puerta de La Circasiana (circa 1950). Fondo Jacinto
Jijón y Caamaño, de la Universidad Católica del Ecuador.
Mención especial merece el llamado Arco de la Circasiana, levantado en época similar y al que le hemos dedicado un artículo por separado debido a su importancia y significado. Este constituyó por largos años el portón de ingreso al predio del palacio desde la avenida 18 de Septiembre (actual 10 de Agosto), y fue levantado a modo de arco del triunfo por el escultor ibarreño Luis Mideros en los mismos jardines de La Circasiana, desatacando por el friso en el que se representa una escena de la mitología griega en la que los protagonistas son centauros y lápitas.

Gran parte de sus últimos años Jacinto realizó los estudios y recopiló documentos que lo acreditaban como descendiente del hermano del primer conde de Casa Jijón, llamado Miguel de Jijón y León, y cuyo título se encontraba vacante desde la muerte de éste en 1794. Sin embargo, y debido a su propia muerte acaecida en 1950, sería a su hijo Manuel Jijón-Caamaño y Flores (1920-2003) que el Gobierno español rehabilitaría el título en 1958, convirtiéndolo en el segundo conde. A pesar de ello, Jacinto siempre fue conocido (extraoficialmente) como conde entre la sociedad ecuatoriana.

En 1945 el joven Manuel contrajo matrimonio con Cecilia Barba Larrea, descendiente a su vez de dos extintas casas nobiliarias: los Marqueses de Selva Alegre y los Condes de San José. Juntos decidieron levantar su propia residencia de estilo neomudéjar en la parte suroccidental de los jardines de La Circasiana, hacia la esquina de las actuales calles Versalles y Luis Cordero, misma que fue segregada del predio paterno para fines fiscales y desde entonces constituye una propiedad diferente. Aquí crecerían sus dos hijos: Jacinto, el heredero del condado, y Manuel Jijón-Caamaño y Barba.

Con los años la manutención del palacio comenzó a representar una gran carga financiera para la familia, factor que sumado a la transformación del vecindario en un sector comercial más que residencial, provocaron que los Jijón-Caamaño buscaran deshacerse de él. Así, en la década de 1970 comenzaron donando a la ciudad la monumental puerta de ingreso tallada por Mideros, que debido a la ampliación de la avenida 10 de Agosto había quedado fuera del predio; así mismo, sucedería con la puerta que daba ingreso al pabellón del Museo, que fue adquirida por unos vecinos cuando se amplió la avenida Colón y aún puede ser vista en la esquina de esta con la calle Versalles.

Finalmente el palacio y lo que quedaba de sus jardines fueron puestos a la venta y, tras algunas ofertas que incluyeron a la mismísima Presidencia de la República que deseaba convertir a La Circasiana en una residencia de huéspedes ilustres, el predio fue adquirido por el Municipio de la ciudad en 1992, que abrió los jardines al público, convirtió el pabellón de la Biblioteca en el Archivo Metropolitano de Historia y, tras una refacción del edificio principal, lo entregó en comodato al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, que lo ocupa hasta la actualidad con oficinas y un proyecto de recorridos museográficos inaugurados en 2018.

Arquitectura

El conjunto palaciego de La Circasiana se ubica en una manzana rectangular que se encuentra flanqueada por la avenida 10 de Agosto al oriente, Colón al norte, las calles Versalles al occidente y Luis Cordero al sur. Además del edificio principal, comprende otras construcciones como los pabellones de la Biblioteca y el Museo (hoy segregado del terreno), el torreón del jardín occidental y el Palacio Jijón-Caamaño y Barba (también segregado de la propiedad).

El palacio en sí mismo responde al lenguaje historicista neoclásico, con clara influencia de la corriente palladiana que le fue conferida a la quinta original por el arquitecto prusiano Franz Schmidt, y que fue seguida en las ampliaciones posteriores del edificio. Sobrio y simétrico, presenta fachadas diferentes a cada uno de sus costados: la Puerta de los Leones al oriente, la Puerta del Escudo al norte, la Puerta de las Estaciones al occidente y la fachada más sencilla hacia el sur.

De planta cuadrangular, las diferentes alas del edificio se abren hacia un patio interior techado por una estructura de hierro y vidrio, en el que antiguamente existía una piscina que se temperaba únicamente con la luz solar, pero que actualmente fue cubierta para transformarla en área de tránsito, aunque se han dejado bloques de vidrio en el piso para recordar el área que ocupaba.

Quinta La Circasiana, por José Domingo Lasso (1910).
Fondo fotográfico del Ministerio de Cultura de Ecuador.
El pabellón de la quinta original se encuentra hacia el lado oriental y puede ser visto desde la avenida 10 de Agosto, destacando por la escalera flanqueada por dos leones de bronce y que asciende desde los jardines directamente hacia la planta noble o segundo piso, dejando a nivel de tierra un zócalo con apariencia de semi-sótano que acoge las antiguas áreas de servicio, cocina, bodegas y habitaciones de la servidumbre.

Tras subir la escalera se llega al pórtico que sostiene un balcón con sus columnas de orden toscano, espacio que pese a ser exterior se encuentra ricamente decorado con cielo raso de latón repujado y barandas de hierro forjado con detalles bronceados. Desde aquí se ingresa a lo que fue el salón principal de la quinta, que exhibe en sus paredes pintura mural de estilo art-nouveau, molduras de madera tallada en ventas y puertas, además de cielo raso de latón pintado.

La que fuera la habitación principal, de gran tamaño y ubicada al costado norte del salón, también está decorada con pintura mural y posee un amplio vestidor y un baño añadido en la época de Jacinto Jijón y Caamaño. Al lado sur, en cambio, se encuentran otras habitaciones que tuvieron diversos usos, pero los más recordados son el estudio de María Luisa Flores y el cuarto en donde escuchaba su novedosa radio de onda corta; ambas estancias aún poseen el papel tapiz original. Las áreas de circulación de este sector están decoradas con pintura mural, destacando en la cenefa superior los escudos de armas de los diferentes entronques de la familia Jijón a lo largo de la historia.

Una estrecha escalera de madera permite el acceso al tercer piso, en el que originalmente estuvo la terraza y una habitación con oratorio, que se mantienen hasta la actualidad junto a las ampliaciones hechas en la década de 1930. El oratorio en particular tiene una linterna en el techo para permitir el paso de luz natural, ya que no posee ventanas, además de exhibir un hermoso altar barroco de madera tallada y dorada. Por un costado se accede al Gabinete Chino, en el que se han conservado retazos del papel tapiz original con escenas tradicionales de ese país asiático.

El patio interior techado, donde estaba la piscina (2018).
Imagen propia.
Con respecto a la ampliación llevada a cabo en la década de 1930 por Jacinto Jijón y Caamaño, esta tiene su ingreso principal por la llamada Puerta de las Estaciones, que al igual que su contraparte en el lado oriental, salva el nivel del área de servicio a modo de semi-sótano y da acceso directo a la planta noble. La portada es de estilo toscano y las escaleras están flanqueadas por cuatro esculturas de mármol que representan al otoño, invierno, primavera y verano, reconocibles gracias a alegorías como vides, mantas, cestas de flores y espigas de trigo.

Las tres áreas a las que se tiene acceso desde este punto presentan un techo de doble altura y ocupan todo el frente occidental, de manera que son los salones más grandes del palacio.El vestíbulo es llamado Hall Colorado por el color rojo de sus paredes, y posee un techo de bóveda de cañón corrido decorado con pequeños casetones con plafones de yeso pintados de dorado, piso de baldosas de piedra oscura y una gran chimenea del mismo material con un rosetón tallado. A los costados norte y sur se abren dos puertas enmarcadas  por columnas estriadas y de orden corintio que sostienen una imitación de frontón sobre el vano, de tal manera que asemejan a la fachada de un templo griego.

La puerta norte dirige al Salón del Artesonado, llamado así por el cielo raso con decoraciones poligonales de madera (artesones), que servía como salón principal del palacio y el espacio en el que tenían lugar las reuniones de la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos. Paredes con decoración neoclásica y piso de madera pulida con patrones geométricos que coinciden con las formas del techo complementan este espacio.

La puerta sur, en cambio, lleva al Salón de los Escudos que es llamado así por la heráldica de los diferentes entronques de la familia Jijón que decora los casetones de madera en el techo y parte de la cenefa superior que recorre tres de las paredes de este espacio. Este habría sido el comedor de gala del palacio, y donde Jacinto Jijón se reunía con los miembros del Partido Conservador para tomar las decisiones sobre su accionar político. Una chimenea de mármol original, que fue retirada por la familia cuando vendió la propiedad, fue reemplazada por una de menor tamaño en la pared occidental de la habitación.

Detalle de la portada norte del palacio.
Imagen propia (2018).
La fachada norte está dominada por una gran portada de piedra almohadillada que servía como acceso desde los coches, primero a caballo y después automóviles, en la que destaca el escudo de armas del Condado de Casa Jijón en la parte más alta, seguido hacia abajo por un nicho en el que se exhibe la escultura de mármol del Cristo Redentor. A los lados de éste, se pueden apreciar las dos únicas ventanas de lenguaje art-nouveau de todo el conjunto.

El pabellón de la Biblioteca, de lenguaje ecléctico, combina el historicismo neorománico visible en la planta sencilla a modo de caja y la fachaleta de ladrillo visto, y el neoclásico de la portada de ingreso y las ventanas. Está unido a la casa a través de un túnel subterráneo que Jacinto Jijón utilizaba para pasar de un edificio a otro durante las noches, después de sus largas jornadas de trabajo investigativo, y así evitar el frío de las noches quiteñas; este paso está actualmente sellado.

El pabellón del Museo, que hoy es un predio separado del palacio, tampoco está completo pues la mitad norte debió ser derrocada durante los trabajos de ampliación de la avenida Colón, de tal manera que lo que se ve en la actualidad es apenas una pequeña parte del edificio original. La portada de ingreso, de piedra, fue adquirida por Jacinto Jijón cuando se derrocó la llamada Casa de la Sal en el Centro Histórico, y después donada a la Universidad Católica, donde se encuentra a día de hoy como ingreso al Centro Cultural de esa institución.

Finalmente, los jardines fueron totalmente rediseñados tras la adquisición del palacio por el Municipio de Quito, que priorizó los espacios culturales como un pequeño anfiteatro para presentaciones teatrales en la esquina suroriental y la colocación de esculturas equinas diseñadas por el artista plástico Gonzalo Endara Crow. Además, derribó el muro perimetral para colocar un cerramiento enrejado que permita una mejor visibilidad del conjunto arquitectónico de La Circasiana.

Galería

Luis Mideros tallando el friso de la Puerta (circa 1930).
Ampliación de la avenida Colón. Al fondo se puede ver
el pabellón del Museo antes de que la mitad fuera
derrocada, también la puerta de la Casa de la Sal.

Detalle del pabellón antiguo del palacio, con
la pintura mural y la escalera al tercer piso.
Imagen propia (2018).

El Hall Colorado, vestíbulo del ala occidental del palacio.
Imagen propia (2018).

Escaleras del ingreso de coches. Imagen propia (2018).

Puerta de las Estaciones, en la fachada occidental.
Imagen propia (2018).

Torreón del jardín. Imagen propia (2018).

Palacio Jijón-Caamaño y Barba, en la parte posterior de
La Circasiana. Imagen propia (2018).

Villa Helvetia

Fachada norte de Villa Helvetia, convertida en la principal desde la década de 1960. Imagen: propia (2018).

Dirección: Luis Cordero, entre Ulpiano Páez y 10 de Agosto
Sector: La Mariscal
Año de construcción: 1917 a 1923
Arquitecto: Francisco Durini Cáceres
Estilo: ecléctico modernista (art-nouveau, art-deco)
Uso actual: recepciones y eventos

Historia

La Villa con su ingreso original desde la 10 de Agosto.
Concepción artística de Ana María Jáuregui (2015),
basada en testimonios de los descendientes del arquitecto
Francisco Durini. Imagen: propia (2018).
Esta particular villa de arquitectura muy adelantada a su tiempo, pues usó los lenguajes modernistas varias décadas antes de que se pusieran de moda en el país, perteneció y fue construida entre 1917 y 1923 por Francisco Durini Cáceres, considerado el más importante arquitecto de la primera mitad del siglo XX en Ecuador, con dinero proveniente de la herencia de su esposa Rosa Palacios Alvarado. Aquí residiría la pareja junto a sus cuatro hijos: Gemma, Yolanda, Josefina y Juan Manuel.

La propiedad original abarcaba un gran terreno con su costado más largo sobre la entonces llamada calle Texeira (hoy Luis Cordero), desde la avenida 10 de Agosto hasta la actual calle 9 de Octubre. Su ingreso se hacía desde la primera, donde se encontraban rejas comisionadas a la casa italiana Lancini, y avanzaba por un sendero con pequeña rotonda hasta llegar a la vivienda; lo que quiere decir que su fachada original estuvo orientada hacia el occidente, y no hacia el norte como en la actualidad.

La casa recibió el nombre de Villa Helvetia en homenaje a la Confederación Helvética, que es el nombre oficial de Suiza y lugar de nacimiento de Francisco Durini. El término de villa, en cambio, fue usado a la manera italiana de nombrar las grandes propiedades rodeadas de jardines, equivalentes a los chateau franceses y las mannor inglesas. Esta costumbre se arraigaría en la sociedad ecuatoriana, que comenzó a llamar a sus casas como villas, seguido del nombre de la propietaria o propietario.

Vista noroccidental de la villa, alrededor de 1930.
Imagen: recopilación propia.
Durini iría partiendo la gran propiedad para construir casas a sus cuatro hijos a medida que éstos iban contrayendo matrimonio: Villa Gemma para su primogénita, Villa Yolanda para la segunda, Villa Durini para Juan Manuel, y Villa Quito para Josefina. Las tres primeras fueron levantadas sobre la actual calle Cordero, mientras que la última en la 9 de Octubre. Todas existen todavía, con excepción de la casa esquinera con la avenida 10 de Agosto, que fuera de Yolanda Durini y que la vendió a Antonio Granda Centeno para construir el edificio homónimo.

En la parte posterior del terreno, misma que hoy se encuentra entre las calles Ulpiano Páez y 9 de Octubre, se levantaban los talleres de carpintería (el primero del país en usar tabla triplex), trabajo de metales y una fábrica de cerámica que Durini implementó para evitar la contratación de proveedores externos, y que fueron el inicio de varias empresas que hoy administran sus descendientes, como Edimca y Peña Durini.

En su vejez el arquitecto haría un añadido en el primer piso del lado norte, hasta donde trasladó sus apartamentos privados para evitar la subida por las escaleras, mismos en los que al final de sus días añadió además un baño privado. Francisco Durini fallecería en esta casa el 26 de septiembre de 1970, luego de lo cual pasó a manos de su hija Josefina Durini Palacios, que la ocupó hasta 1976 aproximadamente, cuando se mudó y la casa comenzó a ser arrendada para diferentes fines, incluido un hotel. Es a esta época que corresponde la construcción del galpón que se ubica al sur del terreno, levantado por la empresa Mateco para bodegaje.

En 2014 la casa fue sometida a un proceso integral de lujosa renovación por parte de la organización Casacor, que la usó para su feria internacional de diseño de interiores hasta el 2015; en este proceso se recuperó la torrecilla que se había venido al suelo en el fuerte temblor de 1987. Josefina Durini fallecería en 2017 y desde entonces la propiedad fue heredada por cuatro de sus siete hijos con Alejandro Paz Maldonado, quienes la mantienen hasta la actualidad. Desde 2018 constituye un centro de eventos y recepciones a cargo de Marinés Paz Jáuregui, bisnieta del arquitecto Durini.

Arquitectura

Fachada occidental de la villa.
Imagen: propia (2018).
La casa está implantada en la mitad del terreno, que es apenas un retazo de la gran propiedad original, con su ingreso por la calle Luis Cordero que otrora fue únicamente la fachada lateral norte, pero que debido a los procesos de lotización terminó convirtiéndose en la principal. Los grandes jardines de estilo inglés, boscosos y llenos de plantas creciendo al natural, fueron reemplazados por una gran plazoleta en los trabajos de restauración del 2015, de tal manera que se revalorice visualmente la edificación.

El edificio posee una rica volumetría que se levanta sobre un basamento no muy alto de piedra, mismo que permite el uso de escalinatas para acceder a los porches y vestíbulos exteriores. El ingreso principal en el lado occidental, cerrado con ventanería y convertido en solario del Salón Principal, cedió su importancia a la que fuera el acceso posterior hacia los jardines en la esquina nororiental del inmueble.

El uso de patrones geométricos característicos del art-deco, junto a las coquetas y elaboradas formas del art-nouveau, hacen de la casa un edificio de lenguaje ecléctico modernista que constituye el primero en usar estos este tipo de arquitectura de vanguardia en la ciudad, pues siendo levantada entre 1917 y 1923, se adelantó casi diez años al boom del art-nouveau en el país, y tres décadas a la llegada del art-deco.

Detalle del Comedor, con su
cielo raso de latón art-nouveau.
Imagen: propia (2018).
En cuanto a la distribución interior, en el primer nivel se encuentran las áreas sociales dispuestas hacia la fachada occidental, que fuera la principal durante largos años, encontrándose allí el Salón Principal y el Gran Comedor con techo de latón repujado en motivos art-nouveau. En este nivel existía además un baño completo.

Según una fotografía tomada alrededor de 1925, la fachada principal hacia el occidente tenía dos porches techados para ingresar tanto al Salón Principal como al Comedor; pero estos fueron cerrados pocos años más tarde por el mismo Durini con ventanería acorde al lenguaje del resto de la casa, convirtiéndose el primero en un vestíbulo de ingreso, y el segundo en una galería de paso o solario.

Cuando la escalera de acceso occidental fue retirada ya en el siglo XXI, el porche que había sido convertido en vestíbulo cambió nuevamente de uso, pasando a convertirse en otro solario de la casa, término que se refiere a las pequeñas habitaciones rodeadas de ventanas que usualmente se dedicaban a la vida íntima de la familia durante las últimas horas del día, pues se mantenían tibios hasta bien entrada la noche tras haber recibido los rayos del sol toda la tarde.

La cocina, originalmente construida como un pabellón externo a la casa, tal y como se acostumbraba en la Europa de la pre-guerra, fue incorporada a la estructura principal mediante un cuarto de servicio en el que se colocó una lavandería que ya no existe, convirtiéndose en parte integral de la residencia, bajo el mismo concepto de unidad que manejamos hasta la actualidad.

El segundo piso, dedicado a las habitaciones familiares, probablemente cambió buena parte de su disposición original con el pasar de los años. La habitación de la esquina nororiental, que casi con seguridad habría sido la de Francisco Durini y su esposa Rosa Palacios, fue ocupada por Josefina Durini Palacios cuando su padre se mudó a la planta baja. El nivel de la torrecilla, al que se accedía mediante una estrecha escalera de madera, quedó sellado tras los trabajos de restauración de 2014, pero la familia espera reponerlo en el futuro.

Un añadido realizado durante la vejez del arquitecto Durini debido a la dificultad que le significaba subir las escaleras al segundo piso, aumentó sus apartamentos privados hacia el lado norte de la planta baja de la casa, que constaban de habitación, estudio de trabajo y un baño, este último construido ya en los últimos años de vida.

Finalmente, en la parte sur del terreno y en la segunda mitad de la década de 1970, una de las empresas arrendatarias del inmueble construyó un galpón para bodegaje de sus productos, mismo que en 2014 fue decorado en estilo contemporáneo por Casacor y se usa para eventos, donde además se encuentra el área de catering los amplios baños de decoración teatral y cuenta con un auditorio para 70 personas, equipado con todos los servicios tecnológicos.

Galería

La familia Durini Palacios, en el porche norte de la casa.
Imagen: archivo de la familia Paz Durini.

Francisco Durini y su familia, en el ingreso original.
Imagen: archivo de la familia Paz-Durini.

Francisco Durini y su familia, en el ingreso original.
Imagen: archivo de la familia Paz-Durini.

Francisco Durini, sus hijos y nietos, en el ingreso original.
Imagen: archivo de la familia Paz-Durini.

Josefina Durini y Alejandro Paz en su boda.
Imagen: archivo de la familia Paz-Durini.

Carlos Manuel Paz Durini y su madre, Josefina
Durini Palacios, en el ingreso oriental (2015).
Imagen: archivo de la familia Paz-Durini / Casacor.

Proceso de reconstrucción culminado en 2015.
Imagen: Casacor.

Proceso de reconstrucción culminado en 2015.
Imagen: Casacor.

Proceso de reconstrucción culminado en 2015.
Imagen: Casacor.

Ingreso principal actual.
Imagen: propia (2018).

Fachada posterior u oriental.
Imágen: propia (2018).

Antiguo porche del ingreso principal, convertido en solario.
Imágen: propia (2018).

Perspectiva del Salón Principal y el solario, al fondo.
Imágen: propia (2018).

Vestíbulo posterior, convertido actualmente en el principal.
Imágen: propia (2018).

Escalera al segundo piso.
Imágen: propia (2018).

Recámara de Josefina Durini Palacios.
Imágen: propia (2018).

Habiación de la torrecilla.
Imágen: propia (2018).

Terraza norte y torrecilla.
Imágen: propia (2018).

Vista de la plaza ubicada hacia la calle Cordero.
Imágen: propia (2018).

Villa Gemma

Fachada norte de Villa Gemma, hacia la calle Luis Cordero. Imagen: propia (2018).

Dirección: Luis Cordero, entre 10 de Agosto y Ulpiano Páez
Sector: La Mariscal
Año de construcción: alrededor de 1935
Arquitecto: Francisco Durini Cáceres
Estilo: historicista (neotudor)
Uso actual: desocupada

Historia

El terreno donde hoy se asienta esta mansión formó parte de un gran predio que perteneció originalmente al arquitecto suizo Francisco Durini Cáceres, adquirido por él alrededor de 1920 para construir su propia residencia con grandes jardines, misma que aún existe en la actualidad unos metros más al oriente y es conocida como Villa Helvetia.

Durini partiría su gran propiedad para construir residencias para Gemma y Yolanda Durini Palacios, hijas mayores de su primer matrimonio con la quiteña Rosa Palacios Alvarado. Si bien se perdió la llamada Villa Yolanda, que se encontraba en la esquina del terreno hacia la avenida 10 de Agosto, aún perdura Villa Gemma, que es el inmueble del que trata el presente artículo.

La construcción, fechada alrededor del año 1935, fue probablemente concebida como un regalo de bodas del padre para su hija primogénita, que en 1934 había contraído nupcias con Alfonso Mena Caamaño, hermano del famoso ingeniero y filántropo Alberto Mena Caamaño, que donó su colección de arte a la ciudad para iniciar el museo municipal que hoy lleva su nombre y se encuentra en el Centro Histórico.

Aquí viviría la familia Mena Durini durante largos años, muchos de ellos teniendo por vecinos a los demás hijos del arquitecto. Sin embargo, a finales de la década de 1960 la propiedad junto con la esquinera Villa Yolanda fueron adquiridas por la Constructora Granda Centeno, que derrocó la segunda para construir una torre de apartamentos de 17 pisos.

En la actualidad Villa Gemma es parte del complejo del Banco Ecuatoriano de la Vivienda, cuya torre de oficinas se encuentra sobre la avenida 10 de Agosto, y ha entrado en un acelerado proceso de deterioro que no ha sido detenido más que con trabajos menores de apuntalamiento de la estructura con pilotes de madera.

Arquitectura

Volumen principal de la fachada
Imagen: propia (2018).
La casa estuvo implantada al medio de un predio que se desprendió del gran lote original que perteneció al arquitecto Durini; rodeada de jardines de estilo inglés que ya no existen en la actualidad debido a que toda el área ha sido adoquinada para usarla como parqueaderos del Banco Ecuatoriano de la Vivienda. Sin embargo, la casa en sí misma ha sufrido muy pocos cambios desde que fue concebida en planos.

Su estilo responde a la arquitectura historicista de moda en Quito durante la primera mitad del siglo XX, y que consistía en levantar edificaciones con lenguajes de épocas pasadas pero adaptados a los usos y materiales de la modernidad. Dentro de esta, Villa Gemma fue diseñada en la sub-corriente del neotudor, que se inspira en la arquitectura del bajo medioevo inglés (siglo XVI), y por ello su estilo nos recuerda a las construcciones de la época en que la dinastía Tudor reinó sobre las islas británicas.

La casa se levanta sobre un basamento de piedra de poca altura, con un porche de ingreso a modo de columnata de estilo toscano en el lado occidental, misma que sostiene un balcón en la misma zona del segundo piso. Mientras que en el oriental se yergue un sólido volumen de dos pisos y buhardilla rematada por techo a dos aguas. La parte baja, achaflanada por motivos estéticos del lenguaje neotudor, está cubierta en varias secciones por ladrillos de piedra que se dejan ver de manera intencionada y van disminuyendo su cantidad en el segundo piso.

La buhardilla, de ladrillo cocido rojizo que también se deja a la vista de manera intencionada, se combina con vigas y ménsulas de madera, para rematar con una veleta decorativa en la parte más alta. El techo está cubierto por teja de barro cocido, la ventanería y puertas son de madera, al igual que la angosta escalera que conduce al segundo piso. Los interiores en planta baja estaban dedicados a los salones de recibo, comedor, biblioteca, un baño, cocina y alacena; mientras que las áreas privadas y recámaras de la familia se dispusieron en todo el segundo nivel.

Galería

Villa Gemma, desde el lado occidental de la calle Cordero.
Imagen: propia (2018).

Villa Gemma, desde el lado oriental de la calle Cordero.
Imagen: propia (2018).