Basílica del Voto Nacional

Fachada oriental de la Basílica del Voto Nacional (2009). Imagen: propia.

Dirección: calle Carchi, entre Venezuela y García Moreno
Sector: Centro Histórico
Arquitecto: Emilio Tarlier / Franz Schmidt / Francisco Durini
Año de construcción: 1892 - 1988
Estilo: historicista neogótico
Uso actual: culto religioso católico

Llamada también Basílica de San Juan por la colina a cuyos pies está ubicada, o Basílica del Sagrado Corazón por estar consgrada al Sagrado Corazón de Jesús, constituye el edificio neogótico más importante del continente americano y es comunmente comparada con la catedral de Notre Dame en París, o la de Colonia en Alemania.

Origen del término

A menudo existe una confusión entre los términos basílica y catedral que se usan dentro de la iglesia católica, y para entender su diferencia empezaremos explicando como nació el término basílica y su evolución. Así, una catedral es la sede del obispado de una diócesis (provincia eclesiástica) que puede o no tener el título de basílica, pero siempre es el templo de mayor rango en la ciudad.

En cuanto al término basílica, este era originalmente aplicado a los edificios romanos de techos altos y espacio interior abierto, destinados a la administración de justicia o al comercio. Tradicionalmente se ubicaba en el foro, es decir el centro administrativo de las grandes ciudades, y tras la conversión del Imperio Romano al cristianismo (313 d.c.), esta tipología arquitectónica se empezó a usar en los nuevos lugares de culto religioso.

La basílica católica está dividida en dos tipos: mayores y menores. Las primeras están relacionadas con los lugares en los que vivió Jesús, como la de la Natividad en Belén; donde sucedieron los hechos de la Pasión de Cristo, como la del Santo Sepulcro en Jerusalén; o por estar en lugares donde han sido enterrados mártires de los primeros siglos del cristianismo, como la de San Pedro en El Vaticano, o Santiago de Compostela en España. Las primeras iglesias de la ciudad de Roma también adquirieron esta categoría desde un inicio, entre ellas las de Letrán y San Pablo Extramuros.

Por otro lado, las basílicas menores adquieren ese rango por un otorgamiento papal especial, o por reconocimiento de la Santa Sede a un templo que cumple con las siguientes características:
  • Excepcional esplendor y perfil destacado en el horizonte urbano.
  • Foco espiritual de una comunidad.
  • Poseer un tesoro espiritual.
  • Venerar al Señor, a la Virgen y a un Santo.
Las iglesias mayores de una orden religiosa en cada país también suelen ser conocidas como basílicas debido a que son el foco espiritual de la misma, pero generalmente no suelen tener ese calificativo de manera oficial. En Quito, por ejemplo, existe la Basílica de Nuestra Señora de La Merced, aunque en El Vaticano no es reconocida en ese rango.

Historia

Construcción de la Basílica (1953). Imagen: Esostudios.
El largo camino para la construcción de la Basílica del Voto Nacional inició el 25 de marzo de 1874 con la consagración de Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús, realizada por orden del entonces presidente Gabriel García Moreno y llevada a cabo por el arzobispo de Quito, monseñor José Ignacio Checa y Barba. Esta es una de las varias razones por las que al ser asesinado en 1875, García Moreno se convirtió en mártir de la fe caólica.

El 23 de julio de 1883 el presidente Rafael Pérez Pareja, parte del pentavirato de Gobierno Provisional de Quito tras la destitución de Veintemilla, expidió un decreto para iniciar los estudios del proyecto para levantar un monumental templo consagrado al Corazón de Jesús, pero nunca se llegó a hacer efectiva la orden. Sería el 5 de marzo de 1884, durante la presidencia de José María Plácido Caamaño, que se ratificó el decreto de Pérez Pareja y se conformó una comisión para los estudios del proyecto, planeado originalmente en el sector de El Belén, donde hoy se levanta el Palacio Legislativo.

En 1884 Antonio Flores Jijón, enviado como ministro plenipotenciario del Ecuador ante Francia e Italia, inició exitosamente las negociaciones con El Vaticano para conseguir los permisos que se necesitaban para convertir el proyecto del templo en una basílica para Quito. Simultáneamente, los estudios de suelo arrojaron datos desfavorables para la construcción de un edificio con el peso planeado sin incurrir en grandes gastos de cimentación, y se decide adquirir las tierras de una quinta perteneciente a la familia Hurtado, a los pies de la colina de San Juan, hasta donde se trasladaría la obra.

La Basílica en construcción, vista desde el sur (1979).
Para la financiación de la titánica empresa, el Congreso Nacional designó la cantidad de 12.000 pesos del erario nacional (presupuesto del Estado), desembolsados a mil pesos por mes. El 3 de julio de 1885 el Cuarto Concilio Provincial de Quito convirtió la construcción de la Basílica en compromiso religioso a nombre del país. En 1887 el Papa León XII expidió la autorización para construir la Basílica bajo ese rango, y el Gobierno ecuatoriano encargó la vigilancia del proyecto a los padres del Corazón de Jesús.

Para 1890 el ahora presidente Antonio Flores Jijón contrató los servicios del arquitecto francés Emilio Tarlier, cuyo celebrado trabajo de estilo neogótico había conocido mientras estuvo representando al Ecuador en Europa, para diseñar los planos del templo mayor que conformaría el conjunto de la Basílica de Quito. Su sucesor, el flamante presidente Luis Cordero Crespo, colocó la primera piedra de la Capilla del Corazón de María el 10 de julio de 1892, que fue bendecida por el arzobispo José Ignacio Ordoñez y constituye la parte más antigua del conjunto.

En 1892 los padres del Corazón de Jesús fueron relevados de su labor, pues en cinco años poco habían hecho para lograr el objetivo de la construcción del templo. Para entonces se habían hecho la limpieza del terreno y la difícil y costosa nivelación de tierra a modo de terraza en la pronunciada pendiente de San Juan.

En 1895 se vincularía al proyecto el nombre del sacerdote Julio María Matovelle, senador por Pichincha en el Congreso Nacional, que presentó y logró que se aprobara un proyecto de ley para seguir financiando la construcción del templo mediante un impuesto a la compra de sal. Durante algunos años se aceptaron donaciones de creyentes, quienes proporcionaron dinero, mano de obra o materiales de construcción a cambio de grabar sus nombres en las piedras. Estas pueden ser vistas en la parte posterior del templo, tanto en el interior como en el exterior.

Construcción de las torres de la Basílica (1978).
Tras varias correcciones solicitadas por las autoridades ecuatorianas, en 1896 Emilio Tarlier envió a Quito los planos definitivos de la que se convertiría en la Basílica del Voto Nacional. En 1901 el arzobispo Pedro Rafael González Calisto encargó supervisar las obras al padre Julio María Matovelle, que junto con su recién fundada comunidad de Misioneros Oblatos lograron finalizar la Capilla del Corazón de María en 1909.

La lenta construcción del templo mayor, que se extendería a lo largo de casi todo el siglo XX, contó con la dirección de prestigiosos arquitectos como el prusiano Franz Schmidt y el suizo Francisco Durini Cáceres, que realizaron cambios en la estructura y debieron solucionar problemas que aparecían sobre la marcha. Fue Durini precisamente quien decidió usar bloques de cemento en lugar de piedra, lo que alivianó el peso de la estructura y permitió que las torres crecieran en altura hasta alcanzar su monumentalidad actual.

En el marco de su visita apostólica a Ecuador, el 30 de enero de 1985 el papa Juan Pablo II bendijo el edificio mediante una misa celebrada por él mismo en el templo. Finalmente, y aunque posee muchas decoraciones por terminar, el 12 de julio de 1988 la basílica fue oficialmente consagrada e inaugurada por el arzobispo de Quito Antonio José González Zumárraga. Al acto asistió el entonces presidente León Febres-Cordero Ribadeneyra, cuyo Gobierno había acelerado la que había sido una muy lenta construcción del templo. 

Arquitectura

Planta de la Basílica.
La Basílica del Voto Nacional es una estructura de lenguaje historicista neogótico, una corriente que buscaba recuperar la arquitectura de tiempos pasados adaptándolos a las comodidades y materiales que ofrecía la modernidad a finales del siglo XIX; en este caso inspirada en las edificaciones de la época medieval en Europa, sobre todo en Francia, Inglaterra y Alemania.

Pese a que su vista más conocida es la que se obtiene desde el parque García Moreno, al oriente del conjunto, lo cierto es que la fachada principal de la Basílica del Voto Nacional está orientada hacia el sur, es decir hacia la calle Carchi. El recurso de la falsa piedra, introducido por Francisco Durini cuando estuvo a cargo de los trabajos constructivos a inicios del siglo XX, le dan un característico tono gris claro a todo el conjunto.

La Basílica del Voto Nacional es internacionalmente reconocida por sus gárgolas y acróteras, que tradicionalmente en Europa son figuras antropomórfas de origen mitológico que cuidan las iglesias, las primeras diseñadas para botar el agua de los techos, y las segundas meramente decorativas. Sin embargo, en este templo quiteño se hizo un aporte inédito al neogótico, reemplazando los custodios demoníacos por animales endémicos del país, como caimanes, tortugas de Galápagos, piqueros de patas azules, armadillos, monos aulladores, pumas, etc. La disposición de estas figuras también es representativa, pues en el nivel más bajo se han colocado las especies marinas y terrestres, mientras que en el más alto a las aves en posición de vuelo.

Tres grandes puertas frontales con forma de arco ojival, dan acceso al vestíbulo del templo, y sobre ellas se pueden encontrar el Escudo del Ecuador (centro), el de la Arquidiócesis de Quito (occidente) y el de la Basílica misma (oriente). Este último es una concesión que se da a todas las basílicas reconocidas por la Santa Sede, y que en el caso del templo quiteño posee las siguientes características: un escudo francés en cuyo campo se encuentra una cruz latina con dos corazones al centro, uno con corona de espinas que representa a Jesús, y otro con corona de rosas que representa a la Virgen María. Sobre este, una banda con la frase "Regnum Adveniat Tuum" (“Venga a nosotros tu reino”).

El templo también tiene un sentido panamericanista, evidente en los 24 escudos que tienen cabida en las fachadas laterales, originalmente pensados de bronce, pero que van siendo donados en piedra por las embajadas de los diferentes países. Al costado occidental, sobre la terraza hacia la calle García Moreno, se encuentra el lugar en el que se izan las banderas de todas las naciones del continente.

Torres
Torres frontales vistas desde el cimborrio (o torre de los
Cóndores). Imagen: propia.
En la Basílica del Voto Nacional destacan las dos torres frontales usadas como campanarios, que con sus 105 metros de altura y 5 más en las cruces que las coronan (para un total de 115), convierten a este templo en la estructura más alta construida por el hombre en la ciudad de Quito, superando incluso a los modernos edificios de oficinas levantados en las últimas décadas. Son, además, la segunda estructura religiosa más alta del continente americano, sólo por detrás de la torre de la Catedral de Maringá en Brasil, que tiene 124 metros.

La torre que se levanta sobre el crucero del templo, llamada cimborrio en arquitectura, recibe el nombre popular de Torre de los Cóndores, pues en su parte más alta está decorada con acróteras de cóndores, el ave emblema del Ecuador que está presente incluso en el escudo nacional. La altura de la torre es de 70.5 metros, que se dice es la mínima que estas aves de carroña necesitan para emprender el vuelo.

Plan escultórico
El plan escultórico de la Basílica incluye más de 230 efigies de bronce que deben ocupar todas las hornacinas que se aprecian en los exteriores del templo. Entre las imágenes decorativas no sólo se encuentran personajes relacionados con la religión, sino también con la historia nacional como indígenas, artistas, poetas, científicos, militares y políticos. Con más del 90% aún sin completar, se calcula que terminarlas tendría un costo aproximado de 6 a 8 millones de dólares.

Esculturas de Monseñor Checa y Barba y el
presidente García Moreno. Imagen: propia.
Por lo pronto, la fachada principal es la única que exhibe parte de estas esculturas, entre las que se encuentran, de occidente a oriente:
  • Santo hermano Miguel, segundo santo ecuatoriano (canonizado en 1984).
  • Cardenal Carlos María de la Torre, arzobispo de Quito entre 1933-1967. Primer ecuatoriano en ingresar al Colegio cardenalicio, fue asistente del trono papal para Latinoamérica, abrió la causa de beatificación y canonización de Gabriel García Moreno.
  • Monseñor José Ignacio de Checa y Barba, arzobispo de Quito entre 1868-1877. Consagró el Ecuador al Corazón de Jesús.
  • Gabriel García Moreno, presidente entre 1861-1865 y 1869-1875. Promovió la consagración del país al Sagrado Corazón.
  • Juan Pablo II, papa de la Iglesia católica entre 1978-2005. Bendijo el templo en 1985.
  • Antonio Flores Jijón, presidente entre 1888-1892. Como Ministro Plenipotenciario de Ecuador ante Francia e Italia (1883-1885) negoció con El Vaticano la categoría de Basílica y la aprobación para su construcción.
  • Monseñor José Ignacio Ordoñez y Lasso, arzobispo de Quito entre 1882-1893. Durante su arzobispado se inició la construcción del templo y bendijo los trabajos.
  • Julio María Matovelle, sacerdote cuencano. En 1884 funda la Congregación de los Misioneros Oblatos. En 1895, como senador promueve el impuesto a la sal que permite levantar la mayor parte del templo. Se hace cargo de la construcción de la Basílica desde 1901. En 1994 El Vaticano inició su proceso de beatificación.
  • Santa Mariana de Jesús, primera santa ecuatoriana (canonizada en 1950).
  • Mercedes de Jesús Molina (beatificada en 1985). Su beatificación fue realizada durante la visita de Juan Pablo II al Ecuador, al día siguiente de haber bendecido la Basílica.

Puertas
Puerta del Sacramento del Matrimonio.
Imagen: propia.
Las puertas del templo son de madera forradas con latón repujado, y cada una de ellas tiene representaciones de pasajes biblícos y los sacramentos. Así, empezando por el ingreso lateral oriental y avanzando hacia el occidente en el sentido de las agujas del reloj, tenemos:
  • La transfiguración de Jesús en el monte Tabor: Moisés, Jesús y Elías (ojiva). La crucifixión de Jesús (puerta izquierda).
  • Sacramento de la Confirmación (puerta izquierda). Sacramento de la Ordenación sacerdotal (puerta derecha).
  • Sacramento del matrimonio representado mediante tres escenas. Las Bodas de Canaán (ojiva). Unión de Adán y Eva (puerta izquierda). Matrimonio de la Virgen María y San José (puerta derecha).
  • Sacramento del bautismo representado mediante tres escenas. Moisés en el Desierto y el Bautizo de Jesús en el río Jordán (ojiva). Bautismo moderno (puerta izquierda). Bautismo de un indígena americano (puerta derecha).
  • Sacramento de la reconciliación o penitencia representado mediante tres escenas.
  • Apostolado de San Pedro y San Pablo (puerta izquierda). Evangelización del pueblo (puerta derecha).
  • La Asunción de María, la Ascensión de Cristo y el Pentecostés (ojiva). Sacramento de la Extremaunción (puerta izquierda). Sacramento de la Primera Comunión (puerta derecha). 

Interiores

Interior de la Basílica. Imagen: propia.
Presenta una planta de cruz latina, con una nave central de 140 metros de largo por 35 de ancho y 30 de altura, dos naves laterales de 12 metros de ancho y 20 de altura, que se unen detrás del ábside, donde se encuentra el ingreso a la Capilla del Corazón de María. A lo largo de las naves laterales se encuentran 24 capillas votivas, 21 para cada provincia de las que tenía el país en aquella época, lo que descarta a las últimas tres que se crearon (Orellana, Santo Domingo y Santa Elena), y tres para los monumentos funerarios de Gabriel García Moreno, monseñor José Ignacio Checa y Barba, y el padre Julio María Matovelle, mismos que no deben ser confundidos con tumbas.

El altar desde donde el sacerdote celebra la misa se encuentra en el crucero y bajo el cimborrio, ubicación que rompe con la disposición clásica de la arquitectura gótica, pero que está inspirada en la disposición del baldaquino papal en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Desde este punto también se puede ver directamente a la Virgen del Panecillo mediante aberturas con formas de corazón en las puertas y fachada del edificio.

El presbiterio es el espacio entre el ábside y el transepto donde se ubican los presbíteros, sacerdotes que han recibido el segundo sacramento de la orden (diaconado o curas regulares, presbiterado, y episcopado u obispos) y pueden administrar todos los sacramentos excepto los reservados para los obispos. Jerárquicamente ocupan los cargos de párrocos, vicarios y capellanes. 

Capilla Votiva de Azuay. Imagen: propia.
El altar del Corazón de Jesús, que domina el templo desde su ubicación en un balcón del ábside, exhibe en la parte alta una la pirámide representativa de la santísima trinidad, bajo ella la paloma del espíritu santo y, finalmente, una reproducción de la pintura del Sagrado Corazón de Jesús encargada a Rafael Salas por el presidente Gabriel García Moreno, cuyo original se guarda en el Convento de los Oblatos.

Las puertas laterales se ubican en los extremos del transepto, con cajas de ingreso que evitan el ruido del exterior y sobre las que se encuentran los palcos de autoridades: el occidental para el Presidente de la República y su Gabinete, y el oriental para el cuerpo diplomático. La gran puerta principal se ubica al inicio de la nave central, con acceso desde la fachada sur y el gran vestíbulo.

La efectiva iluminación natural proviene sobre todo de las altas ventanas del claristorio, con forma de arco ojival y decoradas con vitrales que reproducen retratos de los obispos de todo el país. Las ventanas de las capillas votivas, en cambio, presentan escenas de la vida de Jesús con naturaleza propia del Ecuador, además de ribetes que reproducen las fajas típicas con las que visten las diferentes nacionalidades indígenas del país. Los grandes rosetones sobre las puertas también muestran flora endémica ecuatoriana, la de la fachada principal, en particular, presenta todos los tipos de orquídeas del país.

Capilla del Corazón de María

Interior de la Capilla del Corazón de
María. Imagen: propia.
Ubicada en la parte posterior del templo, con acceso desde el ábside, se comenzó a construir durante el Gobierno de Luis Cordero Crespo, quien colocó la primera piedra el 10 de julio de 1892 en una ceremonia bendecida por el arzobispo José Ignacio Ordoñez. Su inauguración tuvo lugar en 1909 tras atravesar una crisis de recursos que se negaban constantemente en los gobiernos alfaristas.

Constituye la parte más antigua del conjunto de la Basílica del Voto Nacional, y la única construida totalmente en piedra, pues los cambios de Durini por falsa piedra llegarían un par de años más tarde y por ello sólo fueron usados en el templo mayor. También es la única sección que posee gárgolas francesas tradicionales, con formas mitológicas europeas del medioevo.

El interior también varía con respecto al resto del templo, pues su decoración está más relacionada con el renacimiento italiano que con el gótico, evidente en las pinturas de las paredes y contraventanas del lado occidental, que tratan de asemejar acabados arquitectónicos y molduras falsas. El piso, hecho de diminutas piezas de cerámica con patrones geométricos, es una adición de Francisco Durini y está relacionado con la corriente del art-deco.

La capilla está consagrada al Corazón de María, y por ello su iconografía está presente en todos los rincones, como las ventanas que muestran escenas de la vida de la Virgen. Una capilla votiva que se abre en el lado oriental contiene imágenes de las principales vírgenes que se veneran en cada país de América. El lugar sirve también como baptisterio de la Basílica, donde se imparte el sacramento del bautismo.

Panteón Nacional de Jefes de Estado 

Ingreso al Panteón Nacional de Jefes de Estado.
Imagen: propia.
En el lado occidental de la gran terraza que rodea a la Basílica del Voto Nacional existe una gran escalinata que desciende hacia un sencillo y elegante panteón nacional para los Jefes de Estado ecuatorianos, enmarcado por dos estructuras en las que según el plan original debería estar un Granadero de Tarqui (cuerpo de guardia presidencial) en la urna occidental, y una llama eterna en la urna oriental.

La construcción de este panteón obedece a la visita realizada por el padre José María Matovelle a la Cripta Real del Monasterio de El Escorial, donde descansan los restos de los reyes, reinas e infantes de España, por lo que a su regreso decidió incluir algo similar para los jefes de Estado ecuatoriano, empezando la construcción cinco años después del templo, fue terminado por el padre Rigoberto Correa.

La puerta de acceso es de estilo art-deco y representa un sol naciente hacia la nueva vida. El espacio interior, sin mayor decoración, está precedido por una gran escultura de Cristo resucitado, obra de la artista quiteña e internacionalmente premiada, América Salazar. La cripta está conformada por 50 tumbas de mármol francés para cuerpos y 150 para cenizas, todas con lápidas que ostentan el escudo del Ecuador bañado en oro.

Desde 2002 existe un ceremonial que dispone el descanso eterno de los restos mortales de los presidentes en este sitio, salvo expresa voluntad previa del fallecido o sus herederos para enterrarlo en otro lugar. Hasta el momento apenas cuatro exmandatarios descansan en este lugar, todos trasladados desde los cementerios donde fueron sepultados originalmente:
  • Andrés Fernández de Córdova (1892-1983) 
  • Camilo Ponce Enríquez (1912-1976)
  • Mariano Suárez Veintimilla (1897-1980)
  • Antonio Flores Jijón (1833-1915) 

Catacumbas

Ingreso a las catacumbas por la calle Venezuela.
Imagen: propia.
Todo el conjunto de la Basílica del Voto Nacional está asentado sobre un sistema de corredores de arco que no solo soportan la estructura, sino que sirven como catacumbas para los entierros de la comunidad, pues fue justamente la venta de estos espacios la que permitió financiar parte de los trabajos de construcción del templo.

La puerta de ingreso, sobre la calle Venezuela, es de madera cubierta con latón repujado. En ella se muestra una escena con un ángel que toca una trompeta, anunciando la resurrección de las almas con la frase "Muertos levantaos".

En sus nichos se hallan enterrados personajes importantes como la educadora María Angélica Idrobo, pionera de la educación femenina en el país y directora del Colegio Manuela Cañizares por largos años desde su fundación. Al final del corredor norte se puede encontrar una sigular capilla rodeada totalmente de tumbas en todas sus paredes, desde la cual se tiene acceso a la sacristía de la Basílica.

Convento oblato

En el altar de la capilla del convento, de acceso privado para los miembros de la orden oblata y algunos recurridos turísticos especiales, se guardan dos urnas de vidrio con los corazones del ex presidente Gabriel García Moreno y el arzobispo de Quito José Ignacio de Checa y Barba, ambos consagrados al Corazón de Jesús.

En el convento y la Basílica se guardan más de cuatro mil obras de arte de varias épocas que aún no han sido inventariadas. Las más conocidas son los cuadros de El Sagrado Corazón de Jesús, del pintor Rafael Salas, y los anónimos de Santa Mariana de Jesús, Felipe Neri y San Francisco de Sales, comisionadas por el presidente Gabriel García Moreno para celebrar la consagración del Ecuador al Corazón de Jesús.

Esquina de la Virgen

La Esquina de la Virgen en la actualidad (2018). Imagen: diario La Hora.


Dirección: avenida 10 de Agosto y Luis Felipe Borja
Sector: La Alameda
Año de Construcción: circa 1875 (original)
Escultor: desconocido

Historia

La ya casi olvidada Esquina de la Virgen ha estado en el mismo lugar durante al menos ciento cuarenta años al 2018, apenas a unos pasos del parque La Alameda y en una de las intersecciones más transitadas de la ciudad: la esquina formada por la avenida 10 de Agosto y la calle Antonio Ante. Pero su historia viene de mucho tiempo atrás, y tiene su origen en una guerra del siglo XVI.

A inicios de la época colonial tuvo lugar la llamada Guerra Civil de los Conquistadores del Perú, en la que se enfrentaron los Pizarristas que seguían a Francisco y Gonzalo Pizarro, contra los realistas que obedecían al virrey de Perú Blasco Núñez de Vela. En el marco de esta guerra y en el preciso lugar donde hoy se encuentran el parque La Alameda y sus alrededores, el 18 de enero de 1546 sucedió la llamada Batalla de Iñaquito, en la que salieron triunfantes los pizarristas y decapitaron al virrey Núñez de Vela.

Sin embargo, el triunfo de Pizarro fue efímero, y poco tiempo después la Corona española se hizo nuevamente con el control de Quito y Perú. Entonces se levantó una capilla conmemorativa en memoria del Virrey asesinado. Esta capilla se ubicaba supuestamente en el lugar exacto donde había caído muerto, y debido a que la fecha de su deceso coincidía con el santoral de Santa Prisca, la capilla fue llamada así.

Ya en la época republicana y durante el Gobierno de Gabriel García Moreno, los terrenos al sur de la actual calle Antonio Ante, y hasta el predio del Banco Central, fueron entregados a los jesuitas para que allí construyeran el Seminario Menor, derrocando para ello la vieja capilla de Santa Prisca y erigiendo un gran edificio neoclásico de planta cuadrada con patio interior

Las casas de la Esquina de la Virgen hacia 1960. Siendo
la primera de la izquierda, la que albergó la Virgen en su
segunda ubicación. Imagen: recopilación de Luis Azuero.
Los devotos vecinos al norte del nuevo Seminario Menor se negaron a ver desaparecer la memoria de la capilla y reunieron dinero para levantar una pequeña escultura de piedra de la Virgen, misma que colocaron en una pequeña hornacina en el muro que rodeaba el predio de los jesuitas, justamente en la esquina de las actuales 10 de Agosto y Antonio Ante. Desde entonces el callejón de la actual calle Ante era conocido como “calle de la esquina de la Virgen”.

En la década de 1920 se amplió la calle y para ello se tomó parte del predio del Seminario Menor, debiendo derribar el muro sobre el que descansaba la hornacina de la Virgen. Así que los vecinos la trasladaron a la casa de enfrente (ubicada donde hoy es la plaza del Consejo Provincial), en cuya esquina levantaron una urna de madera y hojalata iluminada.

A finales de la década de 1970 ya se proyectaba la Torre del Consejo Provincial con su amplia plaza delantera, debiendo para ello derrocar las casas de toda la cuadra, por lo que una vez más la Virgen debió ser movida, esta vez al pequeño jardín que se encuentra en la ”Y” que separa la avenida 10 de Agosto de la calle Luis Felipe Borja, donde se encuentra hasta la actualidad.

Pasaje Baca



Dirección: Espejo, entre Venezuela y Guayaquil
Sector: Centro Histórico
Arquitecto: Giacomo Radiconcini
Año de construcción: 1916
Estilo: ecléctico (neoclásico y art-nouveau)
Uso actual: pasaje comercial

Historia

El solar colonial y republicano
Después de la fundación española de la ciudad, ordenada por Diego de Almagro y llevada a cabo por Sebastián de Benalcázar en 1534, Quito fue dividida de acuerdo a la Ley de Indias en manzanas y estas a su vez en cuatro solares cada una. Como conquistadores principales del Perú, a Almagro y Francisco Pizarro se les otorgó ocho solares, divididos en dos medias manzanas.

Así, Pizarro recibió una de sus mitades en la esquina noroccidental de la Plaza Mayor (actual Hotel Plaza Grande) y las dos casas que actualmente se hallan contiguas por el oriente; mientras que Almagro lo hizo en la esquina suroriental exterior, es decir el predio que nos compete en este artículo más el que continuaba por el lado sur y se encontraba al borde de la quebrada de Sanguña. Sin embargo, ninguno de los dos personajes llegó a residir nunca en Quito y ambos murieron en las Guerras Civiles que se desataron en el Virreinato del Perú desde 1537.

Almagro murió en Cuzco el 8 de julio de 1538 e inmediatamente el Cabildo de la ciudad tomó posesión de su media manzana en la Plaza Mayor. En 1548 el terreno fue adquirido por Francisca Gudiño, sobrina y heredera de Isabel Gudiño, una sevillana de origen portugués que fue golpeada y ahorcada por los quiteños en 1546 por creerla partidaria del virrey Núñez de Bonilla en la Batalla de Añaquito.

La casa de los Aguirre, que después se convertiría en el
Pasaje Baca (tercera desde la izquierda), hacia 1870.
La casa heredada por Gudiño se encontraba en la actual calle Guayaquil y tenía corrales traseros con vista hacia la Plaza Mayor, mismos que se encontraban en el terreno central de lo que hoy es el Palacio Municipal. Al querer ampliar la residencia sobre este último, Gudiño necesitaba trasladar los corrales a un nuevo predio, cosa que evidentemente hizo tras adquirir el que nos compete en este artículo y que permaneció así por largos años.

Tras la compra del solar por Francisca Gudiño la media manzana original de Almagro se desmembró en dos por el lado de la actual calle Venezuela, quedando el Cabildo con la sección junto a la quebrada y que para 1570 estaba en manos del zapatero José Lucas Crespín y su esposa, Clara de Campos. Para 1600, en cambio, parece que le pertenecía a Francisco Moreno del Arco y su esposa Mariana Herrera, siendo heredada por el hijo de ambos, Cristóbal.

En 1840 la casa se había separado del predio de los Morenos del Arco, y pertenecía a Teresa Rodríguez Roque, una mujer de modestos recursos nacida en 1811. Alrededor de 1855 estaba en manos de José María Aguirre Angulo y su esposa, Rosa Guarderas Velasco, que hicieron levantar una casa totalmente nueva con cuatro tiendas hacia la calle. Allí crecería el hijo de la pareja y futuro dramaturgo, Francisco Aguirre Guarderas.

El pasaje Baca
La calle Espejo hacia el occidente,
con el Pasaje Baca en primer plano.
Es probable que alrededor de 1910 la casa de los Aguirre haya sido adquirida por Héctor Baca Miranda y su esposa, Dolores Ortiz Baca, quienes ordenaron su derrocamiento para construir un elegante pasaje comercial de tres pisos con apartamentos en los dos niveles altos. La obra fue encargada al arquitecto italiano Giacomo Radiconcini y que estuvo concluida en 1916, aunque debió ser terminada por Antonino Russo debido a la muerte de Radiconcini unos meses antes.

Debido a la cercanía de apenas una cuadra con la Universidad Central, que entonces funcionaba en el edificio del actual Centro Cultural Metropolitano, los apartamentos eran ocupados principalmente por estudiantes de provincia que llegaban a formarse profesionalmente en la capital. Vicente Baca Miranda, hermano del propietario, tenía un almacén de artículos franceses en la planta baja.

Baca murió en 1918 y en su testamento especificaba que la fortuna debía ser utilizada para el financiamiento, construcción y equipamiento de un hospital para niños pobres, mismo que pasaría a manos del estado 25 años después de la muerte de su viuda. Así, cuando Dolores Ortiz falleció en 1923, su palaciega residencia en la avenida Colón y el Pasaje Baca pasaron a formar parte de un fideicomiso.

En 1924 se aprobaron los estatutos de la Junta Administrativa del fideicomiso de los esposos Baca Ortiz, presidida por Gabriel Araujo y que tomó posesión legal de sus bienes el 17 de mayo de ese mismo año. Sin embargo, y de acuerdo a la disposición testamentaria, la casa de salud aún no podía entrar en funcionamiento, por lo que los sobrinos nietos, la hermana de Baca y otros inquilinos siguieron viviendo en los apartamentos del pasaje hasta 1948.

Mientras tanto, en 1941 se empezó con la adecuación del antiguo palacete en la Colón y 6 de Diciembre para convertirlo en la futura clínica infantil, que fue inaugurada el 1 de noviembre de 1945 por impulso del doctor José Modesto Portilla y la Sociedad ecuatoriana de Pediatría, convirtiéndose inmediatamente en el referente regional de hospitales infantiles.

Finalmente, tanto la casa de salud como el pasaje comercial pasaron a manos de la Dirección Provincial de Salud en 1948, y de esta al Municipio de Quito en la década de 2000, siendo rehabilitada por el FONSAL para los fines comerciales y administrativos que mantiene hasta la actualidad.

Arquitectura

Detalle del fresco de ingreso (2017). Imagen: propia.
Se trata de una edificación organizada de acuerdo a las características y funciones de los pasajes comerciales europeos de la época, aunque a diferencia de estos, no posee salida del otro lado. Sin embargo, sí conserva el concepto de circulación a través de un corredor central de doble altura, con locales comerciales abriéndose hacia él en la planta baja.

La escalera hacia los pisos superiores se encuentra en el lado occidental, muy cerca del ingreso, y tras las adecuaciones del FONSAL se añadió un ascensor panorámico en este mismo espacio. Los dos niveles superiores eran originalmente dedicados a apartamentos de arriendo, pero en la actualidad son ocupados con fines administrativos y de oficinas.

La llamativa fachada destaca en su entorno gracias a la combinación de los lenguajes neoclásico y art-nouveau, siendo este último la especialidad de Radiconcini. El gran pórtico de ingreso, decorado en el techo con un fresco de estilo renacentista y mensaje erótico, da paso al corredor que se ilumina de manera natural gracias a la estructura de hierro y vidrio en el hall central de forma octogonal.

Referencias

  • Jurado Noboa, Fernando (2005). "Calles, casas y gente del Centro Histórico de Quito", tomo 2, pp. 66-88. Quito: FONSAL.
  • Peralta, Evelia; Moya Tasquer, Rolando (2007). "Guía arquitectónica de Quito", p.67. Quito: Editorial Trama.

Antigua Escuela de Telecomunicaciones del Ejército

Vista aérea de la antigua Escuela de Telecomunicaciones, hoy parte de las instalaciones del Colegio Nacional Mejía.

Dirección: Vargas y Antonio Ante
Sector: La Alameda
Arquitectos: Departamento de Construcciones del Ejército
Año de construcción: circa 1955
Estilo: ecléctico (neomudéjar y art-deco)
Uso actual: educativo

Historia

La Escuela alrededor del año 1960, vista desde el sur.
Imagen: recopilación de Luis Azuero.
El edificio fue construido alrededor del año 1955 por las Fuerzas Armadas para albergar la Escuela de Telecomunicaciones del Ejército. El Cuerpo de Ingenieros de la institución marcial fue creado en 1968 por el presidente José María Velasco Ibarra, y pasó a compartir el inmueble desde ese mismo año.

Pese a que en la década de 1950 habían añadido un nuevo edificio de aulas en la parte posterior del campus, a finales de la década de 1970 el vecino Colegio Nacional Mejía necesitaba nuevamente ampliar sus instalaciones de manera inmediata debido al creciente número de estudiantes. Fue entonces cuando el edificio de la Escuela de Telecomunicaciones fue cedido a esta institución por el Ejército.

Arquitectura

El edificio está emplazado al centro de un terreno que ocupa toda la manzana conformada por las calles Vargas, Antonio Ante, Julio Matovelle y Venezuela. Su estructura tiene forma de herradura en la construcción original, que fue cerrada por el lado posterior en la década de 2000, de tal manera que se creó un patio interno.

Las fachadas son uniformes, de paredes lisas y ventanas rectangulares, con guardapolvos a modo de cornisa que separan los cuerpos horizontales y rematan en un techo de teja española. El frente del edificio está jerarquizado por un cuerpo central de inspiración neomudéjar pero con elementos típicos del art-deco, como las pirámides escalonadas, de modo que se forma un remate de imitación de castillo o fortificación militar.

Colegio Nacional Mejía

Panorámica del Colegio Nacional Mejía (2018). Imagen: Wilo Enríquez.

Dirección: Vargas y Juan Pablo Arenas
Sector: La Alameda
Arquitectos: Whilen Spahr / Pedro Aulestia Saá
Año de construcción: 1922
Estilo: historicista (neoclásico palladiano)
Uso actual: educativo

Historia

Panorámica del Colegio Nacional Mejía, circa 1940.
Fundado en 1897 por el presidente Eloy Alfaro Delgado, el Colegio Nacional Mejía fue una de las primeras instituciones de enseñanza pública laica del país. Originalmente funcionó en el patio norte del actual Centro Cultural Metropolitano, desde donde poco tiempo después se trasladó al edificio del antiguo Beaterio (después Colegio femenino Simón Bolívar, en la Benalcázar y Olmedo).

En 1922, año del centenario de la Batalla de Pichincha en que tantas obras se inauguraron en la capital ecuatoriana, la junta administrativa de la institución comisionó una nueva sede al arquitecto alemán Whilen Spahr, que colaboró con el quiteño Pedro Aulestia Saá, por aquel entonces jefe del Departamento de Construcciones Escolares del Ministerio de Educación.

El prestigio del instituto atrajo cada vez más una creciente cantidad de alumnos, lo que obligó a las autoridades a ampliar las instalaciones con un pabellón moderno en la parte posterior del terreno, y la adquisición de la antigua Escuela de Telecomunicaciones del Ejército en la década de 1970, y que se encuentra separado del campus original por la calle Antonio Ante.

Arquitectura

Otra vista del Colegio Nacional Mejía, año desconocido.
El edificio está emplazado en un terreno alto con respecto al nivel de la calle, lo que fue aprovechado por el arquitecto Spahr para darle nortoriedad en el entorno urbano. Sus característica monumental, la gran escalera de ingreso y la perspectiva que se obtiene del cuerpo central desde todo el largo de la calle Juan Pablo Arenas, terminaron convirtiendo al edificio en un ícono de la arquitectura quiteña de la primera mitad del siglo XX.

Su estilo neoclásico está inspirado en las grandes mansiones rurales inglesas e italianas que construyó el arquitecto Andrea Palladio en el siglo XVI, y cuyo estilo (llamado palladiano) se caracteriza por los pórticos de ingreso con altas columnas que alcanzan varios pisos y que sostienen un gran frontis triangular para darle un aspecto de severidad puramente clasicista.

En la concepción original de Spahr el cuerpo central se dedicaba a las oficinas administrativas; mientras que los cuerpos laterales eran ocupados por 12 aulas, seis de primaria en el piso bajo, y seis de secundaria en el alto. Finalmente, los pabellones de los extremos estarían destinados a habitaciones de los estudiantes internos que venían de provincia.

En 1928 la idea del internado no había prosperado con éxito, así que se hizo una readecuación de los pabellones laterales y se los convirtió en laboratorios y talleres. Estos trabajos fueron dirigidos únicamente por Pedro Aulestia Saá. Por falta de recursos nunca se revistió apropiadamente la fachada de ladrillo, pero se cubrió parte de ella en la década de 1950.

Edificio de la Cruz Roja Ecuatoriana

Edificio de la Cruz Roja Ecuatoriana, visto desde la plaza sur del parque La Alameda. Imagen: propia (2017)

Dirección: avenida Gran Colombia y Antonio Elizalde, esquina
Sector: La Alameda
Arquitectos: Enrique Ledesma, Lionel Ledesma
Año de construcción: 1956

Estilo: streamline moderne
Uso actual: Cruz Roja Ecuatoriana

Historia

A mediados de la década de 1940 la dama latacungueña María Elvira Campi de Yoder fundó la Cruz Roja de Quito, sufragánea de la misma institución que existía en Guayaquil desde 1910, instalando la sede en una casa esquinera del parque La Alameda, sobre la entonces llamada avenida Colombia. Además, en 1948 Campi fue nombrada delegada del Ecuador a la XVII Conferencia Internacional de la Cruz Roja, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en el servicio exterior del país y un destacado miembro de la sociedad quiteña. Con los años y debido a su prolífica labor al frente de la institución, doña Elvira, como era conocida, sería declarada presidente vitalicia.
A la derecha, la casa donde funcionó originalmente la
Cruz Roja Ecuatoriana, alrededor del año 1950.
Imagen: recopilación de Héctor López Molina.

El diseño del edificio actual aparece en el año 1953, cuando un estudiante de arquitectura llamado Enrique Ledesma lo presenta como su tesis de grado. El proyecto fue conocido por la señora Elvira Campi, que a la sazón necesitaba de una sede más amplia y moderna, por lo que decidió volverlo realidad y empezó a recaudar fondos. En 1955 Ledesma y su hermano Lionel junto a la Compañía Mena Atlas (la más grande constructora del país), empezaron a levantar la torre en el mismo predio donde había existido la casa original de la Cruz Roja, y un año más tarde ya estaba terminado.

Según los más pícaros chullas de la época, esta nueva sede de la Cruz Roja tenía una forma similar a un bidé de baño y por ello la bautizaron como "el bidé de doña Elvira", haciendo también alusión a la antes mencionada filántropo y presidente de la institución. Un par de décadas más tarde esa misma sal quiteña repetiría la movida y le daría a un edificio vecino el nombre popular de "la licuadora", por su similitud con ese artefacto de cocina.

Desde entonces el edificio ha pertenecido a la Cruz Roja Ecuatoriana de manera ininterrumpida, convirtiéndose en parte de su historia y quizá de los más importantes íconos visuales que posee la institución fuera del logotipo mundialmente conocido que le da el nombre. Su forma y decoración exterior tan característica ha llamado la atención de los quiteños por más de medio siglo y ya su presencia junto al parque más antiguo de la ciudad lo liga indisolublemente al paisaje.

Arquitectura

El edificio en el año 1964.
Imagen: recopilación Héctor López.
El edificio responde a la corriente del Art-decó tardío, también llamado streamline moderne o estilo aerodinámico, cuyas características principales son precisamente las formas aerodinámicas y curvas, así como el uso de ladrillo de vidrio para iluminar los interiores. Sobresale en la historia de la arquitectura quiteña por ser uno de los primeros edificios altos de la ciudad.

Está implantado en un terreno esquinero con leve pendiente hacia la parte posterior, mismo en el que originalmente se encontraba una casa de dos pisos que también sirvió como sede de la Cruz Roja Ecuatoriana. La fachada más conocida se levanta hacia la actual avenida Gran Colombia, aunque por su diseño envolvente también causa impresión desde los otros tres costados.

Su estructura es de hormigón armado y fue concebido para transmitir una magnitud, escala y simbolismo de su función social, por ello son visibles las cruces en toda la fachada. Los interiores son de lenguaje funcionalista, es decir pensados y distribuidos de acuerdo a las funciones para las que se destinaría el inmueble.

El primer y segundo piso forman un bloque macizo que abarca la totalidad del terreno y sobre cuyo centro se eleva una torre de seis niveles adicionales. La primera planta fue diseñada para locales comerciales de cuyo arriendo podría financiarse en parte la Cruz Roja, aunque en la actualidad están ya ocupados por los consultorios de la misma institución.

La torre, que es su principal y más llamativo elemento arquitectónico, se eleva con elegantes formas cóncavas a las que se abren grandes y amplios vanos de ventanas decorados por parasoles horizontales que se cruzan con líneas verticales para formar cruces articuladas a los planos de la fachada. Estos elementos sirven además como control ambiental y como juegos de luz y sombra. Un bloque contruido posteriormente, pero respetando el lenguaje del proyecto original, se levantó en la parte posterior del inmueble, sobre la calle Antonio Elizalde.

Galería

Monumento a Elvira Campi de Yoder en el
Parque de la Filatropía, Latacunga.
Imagen: South American Postcard.

Monumento a fray Jodoco Ricke

Monumento a fray Jodoco Ricke, junto a la escalinata norte del templo de San Francisco. Imagen: EcuRed.

Dirección: calles Cuenca y Sucre, esquina (Plaza de San Francisco)
Sector: Centro Histórico
Año de construcción: 1932
Artista / arquitecto: Luis Mideros / Emilio Alzur Espinosa
Estilo: neoclásico con rasgos modernistas

Historia

El monumento original, el día de su
inauguración (1932). Imagen:
recopilación de Luis Azuero H.
El monumento fue ordenado en 1931 por el Municipio de Quito para rendir homenaje a fray Jodoco Ricke, sacerdote belga que llegó a Quito en 1534 y fundó el Convento de la Conversión de San Pablo, mismo que más tarde se convertiría en el de San Francisco que conocemos hasta la actualidad. Fue, además, el encargado de traer y sembrar las primeras semillas de trigo que crecieron en las tierras del actual Ecuador, así como de levantar la primera cervecería del territorio y propiciar el nacimiento de la célebre Escuela Quiteña de arte.

El trabajo fue comisionado al hábil escultor ibarreño Luis Mideros, hermano del también célebre pintor Víctor Mideros, y quien trabajó en el encargo a la par que esculpía la bellísima Puerta de La Circasiana que hoy se exhibe en el parque El Ejido, pero que originalmente fue el ingreso al palacio de los Condes de Casa Jijón, en la avenida 10 de Agosto y Colón.

La escultura fue inaugurada el martes 9 de Agosto de 1932, siendo colocada en la esquina noroccidental de la plaza de San Francisco, junto a la escalinata norte que da acceso al convento y al templo que siglos atrás fundó el mismo Ricke. La elección del lugar y la construcción del pedestal fueron encargadas a Emilio Alzur Espinosa, arquitecto de la Dirección de Obras Públicas del Municipio de la ciudad.

Tras una vandalización del monumento, la escultura original de Mideros debió ser cambiada por una copia de similares características, aunque se cambió el detalle de la capucha que cubría la cabeza del sacerdote, dejándolo sin ella para que se pudiera apreciar mejor el rostro.

Descripción

Luis MIderos trabajando simultáneamente en el friso de la
Puerta de La Circasiana (delante) y la escultura de Fray
Jodoco Ricke (detrás). Imagen: recopilación de Luis Azuero.
La escultura representa al sacerdote Jodoco Ricke ataviado en su sotana de franciscano, con el característico cordón anudado que cuelga de la cintura. Mideros lo presentó originalmente encapuchado, pero la versión actual prescindió de ese detalle para mostrar mejor el rostro del homenajeado.

Ricke aparece representado como el sembrador del primer trigo en las tierras del actual Ecuador, esparciendo la semilla que florecerá y tras la cosecha se convertirá en pan. Junto a él se encuentra el jarrón en el que se dice transportó estas semillas desde Europa, mientras contra su pecho sostiene un haz de espigas.

Mideros fue un hábil escultor que se destacó por su combinación del estilo neoclásico con los primeros rasgos del modernismo, por lo que sus obras suelen ser fácilmente identificables y con características propias como el detalle en rostros y formas de los cuerpos, pero acompañado de líneas más abstractas en las vestimentas por ejemplo.

Referencias

  • Azuero H., Luis (31 de enero de 2018). "La estatua de fray Jodoco Rickie".

Palacio de Comercio (Edificio La Previsora / Hotel Humboldt Capitol)

Vista general del antiguo Palacio de Comercio, también llamado Edificio La Previsora Centro u Hotel Humboldt Capitol.
Imagen: Diario La Hora (2013).

Dirección: calles Espejo y Guayaquil, esquina
Sector: Centro Histórico
Arquitectos: Hopkins & Dentz / Alberto Mena Caamaño (ingeniero)
Año de construcción: 1939 / 1954

Estilo: art deco
Uso actual: oficinas estatales

Historia

En la división de solares que se hizo tras la fundación española de Quito en 1534, la esquina que hoy ocupa el conjunto La Previsora junto a las dos casas que avanzan por la Guayaquil hacia el sur, pertenecía al conquistador Diego de Escobar. En 1600 Escobar señaló en su testamento que dejaba una propiedad con ocho tiendas y unos altos esquineros, es decir que la casa en su mayor parte era de apenas un piso y solamente la esquina presentaba dos niveles.

En el documento Escobar también estipulaba que las regalías de 300 pesos que le producían las tiendas que tenían frente hacia la calle Espejo se utilizaran para las doncellas pobres de su linaje presente y futuro, obra que en ese momento nació específicamente para ayudar a una pariente mestiza a obtener su dote para casarse.

Se conoce que para 1660 la propiedad de los Escobar aún se encontraba en manos de los herederos, y que se habría fraccionado por el frente de la calle Espejo, pues pasando la esquina existía una casa avecindada que la arrendaban al español Juan de Molineros y Roldán.

Para aquella época la Espejo, entre Flores y Venezuela, ya se habría convertido en el corazón comercial de Quito, y la intersección con la actual Guayaquil (en la que precisamente se encontraba el solar en cuestión de este artículo) ya era conocida como "las cuatro esquinas" por su alto valor para el comercio.

La casa grande de la Espejo
Parece que para finales del siglo XVIII ya existe un fraccionamiento definitivo del inmenso solar original del conquistador Escobar, pues en 1797 la sección que arriba se mencionó como arrendada al español Molineros ya constaba en censos como una de las tantas propiedades de Josefa Herrera Berrío de Matheu, IX marquesa de Maenza, quien se la habría heredado alrededor del año 1802 a su hija Mariana Matheu y Herrera después de que ésta contrajera matrimonio con su primo José Javier Ascázubi y Matheu.

En 1833 la casa era ocupada por el aún soltero Manuel de Ascázubi y Matheu, hijo de los propietarios anteriores y que llegó a ser presidente encargado de la República entre 1849 y 1850. En 1840 aparece ya en manos de otro de los hermanos, el político e historiador Roberto Ascázubi y Matheu, que vivía aquí con sus otras dos hermanas solteras: Mariana y Rosa. Es de esta época que Jurado Noboa refiere la siguiente anécdota: 

"Pasaba por la calle el canónigo Miguel Viteri Cornejo, que había tomado la sotana después de haber dejado una extensa prole de veintidós hijos en su esposa, y las solteronas señoritas Ascázubi comentaron en voz alta desde el balcón que el clérigo era un pillo, a lo que alzando la mirada el Canónigo respondió que si él era pícaro aún debía probarse, pero el que ellas eran viejas y feas era cosa probada".

Pese a su poca gracia física y avanzados años las dos hermanas lograron casarse, se afirma que por interés de los novios en su fortuna y posición política familiar, siendo Rosa Ascázubi y Matheu la más célebre entre ambas, pues en 1846 contrajo nupcias con un hombre mucho más joven y que con el tiempo llegaría a ser presidente de la República: Gabriel García Moreno. La pareja continuaría viviendo en esta casa hasta aproximadamente 1864, cuando se sabe que habrían arrendado una casa en la esquina de San Agustín, actual Mansión La Internacional.

Por su parte, Roberto Ascázubi mantuvo en este inmueble un impresionante archivo, quizá uno de los primeros de la ciudad, que incluía mucha de su correspondencia con héroes de la Independencia sudamericana, y al que se debe la salvación de más de tres mil cartas escritas por su cuñado. En la actualidad gran parte de este archivo se encuentra en la Biblioteca Aurelio Espinosa Pólit, de Cotocollao.

Casa de Pedro Pablo García Moreno (segunda desde la
izquierda), junto a la original que existía en la esquina
hasta 1870. Imagen: recopilación de Luis Azuero.
Por sugerencia del ya entonces presidente Gabriel García Moreno, en 1866 la casa pasó a manos de su hermano Pedro Pablo García Moreno, quien hizo tirar la casa colonial y levantar una nueva y muy elegante construcción que fue entregada dos años más tarde en estilo neoclásico y con siete balcones, en cuyas barandas se grabó el monograma PPGM. En 1881, tras radicarse en Chile, García Moreno se la vendió a Salvador Ordóñez Lasso, un rico comerciante cuencano exportador de cascarilla que vivió aquí con su esposa, Mercedes Muñoz.

Se sabe que como la esposa del nuevo propietario era tía del famoso Hermano Miguel, el santo visitó la mansión y a su parentela en repetidas ocasiones. Durante esta época la casa tenía tres patios, con bodegas de comerciantes arrendadas entre el primero y el segundo, mientras que los salones estaban ricamente decorados con mobiliario de estilo francés que los Ordóñez habían importado durante la época de apogeo de la exportación de cascarilla. 

En lo que respecta a los almacenes de los bajos, con vista hacia la Espejo, en 1894 tres de las seis tiendas eran ocupadas por la popular ferretería de Wenceslao Puente Cruz, mientras que las restantes lo eran por el almacén del comerciante Luis Pazmiño. Mientras que en 1919 dos de las tiendas eran ya ocupadas por la joyería de José Carrillo Vaca.

En 1910 la propiedad pasó a manos de Ana María Ordóñez Muñoz, casada con Francisco Chiriboga Dávalos, que se trasladaron aquí desde la casa que arrendaban cerca de la Plaza del Teatro. Según Ernesto, el segundo de los siete hijos del matrimonio, por quel entonces la casa tenía un escondite para huir de los liberales, pues los hermanos de su padre eran acérrimos oponentes del Gobierno de Eloy Alfaro entre 1898 y 1899. En mayo de 1934 la propiedad fue finalmente vendida al Banco La Previsora por 263.000 sucres de la época.

La casa esquinera
A finales de la época colonial e inicios de la República lo que quedaba de la gran propiedad de los Escobar ya se había terminado de fraccionar, pues se vendió la pequeña casa de la esquina, que había sido separada originalmente por los Escobar para obtener más ingresos con su arriendo y por eso era llamada "Casa pequeña del vínculo de Escobar" hasta 1832; y finalmente la gran casa que se había mantenido largos años con el frente hacia la actual calle Guayaquil también se dividió en dos.

A inicios del siglo XIX la casa esquinera estuvo en manos de la familia Olivera, quienes se la vendieron a los Álvarez Verjuste y esyos, a su vez, hicieron los mismo a los Burbano de Lara. En 1832 fue adquirida por el sacerdote Pedro León, que casi inmediatamente se la vendió a los Godoy León. Para 1833 la propiedad ya estaba en manos de Pedro Sanz García y Loza, un rico comerciante quiteño que fue el apoderado de Manuela Sáenz durante el destierro de la heroína en Paita (Perú) y que murió aquí en 1845, víctima de un ataque cerebral a los 61 años de edad.

La casa de Juana Alvarado tras la reconstrucción de 1870.
Detrás ya aparece el Palacio de Comercio (circa 1950).
Imagen: recopilación propia.
Posterioremente la casa pasó a manos de Francisca Rodríguez y su hijo Mariano Rodríguez, que en 1870 contrataron al arquitecto Juan Pablo Sanz (coincidencialmente hijo del dueño anterior) para que derrocara la casa colonial y levantara una nueva en estilo neoclásico. Por fotografías de 1868 se sabe que la casa que se perdió era pequeña y con un gran balcón saliente de madera en la ochava esquinera.

A finales del siglo XIX la propiedad tenía tres tiendas, dos de ellas con entradas tapiadas y seguramente usadas como parte de las dependencias de servicio de la familia Rodríguez, y la última era ocupada por el almacén de mercaderías de la señora Luz Baca. Los herederos del inmueble lo mantuvieron por dos generaciones hasta que se la vendieron a la familia Espinosa Palacios. 

En 1931 shabía pasado a manos de Juana Alvarado de Palacios, que arrendaba piezas a Luis Antonio Báez y José Renella. La señora Alvarado sería la última propietaria del inmueble antes de que este fuera vendido al Banco La Previsora en la década de 1950, para ampliar el edificio moderno que ya se había levantado en el predio contiguo por el occidente.

El Banco La Previsora
Después de que en 1934 adquirieron el predio de los Ordóñez en la calle Espejo, el Banco La Previsora ordenó el diseño del primer edificio moderno de la ciudad de Quito, para lo cual debían tirar abajo la casa neoclásica que allí existía. Los encargados del proyecto fueron los estadounidenses Hopkins & Dentz, que contaron con el apoyo del ingeniero quiteño Alberto Mena Caamaño para levantar el edificio en la ciudad.

La gran magnitud del proyecto debido a su altura y los altos costos que representaba adquirir la tecnología adecuada, sumado a la dificultad de que los arquitectos que lo concibieron no podían viajar a Quito, hicieron que el ambicioso complejo de La Previsora no empezara a levantarse sino hasta el año 1937, terminando y entregando la obra dos años más tarde, en 1939.

Un propósito hecho público en 1938 designa al complejo como Palacio de Comercio, en el que la planta baja funcionaría como pasaje comercial, las oficinas del Banco en los dos primeros pisos de la torre con entrada propia, oficinas de arriendo para firmas administrativas, comerciales y de servicios en los siguientes cinco niveles, mientras que el octavo y más alto se lo reservó para el Club de Empleados de La Previsora.

A inicios de la década de 1950 se adquirió la pequeña casa esquinera que había pertenecido a la familia Palacios Alvarado, con la intención de ampliar el complejo con un volumen adicional en el que se ubicaría la agencia mayor del banco guayaquileño en la ciudad capital, y que permanecería allí hasta su quiebra en los años 90's. Esta etapa, a cargo en su totalidad de Alberto Mena Caamaño, también significó un rediseño de la torre occidental para convertirla en hotel, y todo el conjunto fue nuevamente inaugurado de manera oficial en 1954 con una ceremonia a la que asistió el entonces presidente de la República José María Velasco Ibarra.

El Hotel Humboldt Capitol (circa 1945).
Imagen: recopilación de Santiago Duque.
El Hotel Humboldt Capitol, inaugurado justamente en la ceremonia de 1954 y parte de la cadena Humboldt (con hoteles en Guayaquil y Playas), tenía un aproximado de 60 habitaciones y fue el de mayor capacidad que existió en Quito por largo tiempo. Pocos años después inauguró el primer Casino de importancia en la ciudad, ubicado al fondo del pasaje comercial que seguía funcionando como tal en la planta baja de la calle Espejo.

En la década de 1970 las oficinas principales del Banco abandonaron los dos primeros pisos de la torre occidental para trasladarse a sus nuevas sedes, primero en el sector del Ejido y después en la avenida Naciones Unidas. Por época similar cerró sus puertas el emblemático Hotel Humboldt. Desde entonces el complejo permaneció arrendado en su totalidad, en parte a particulares como la Petrolera Shell, y en parte a instituciones del Estado como el Visitador General de la Nación, la Dirección Financiera de la Presidencia, el Instituto Nacional Galápagos (INGALA), la Secretaría Nacional de Comunicación (SENACOM) y la Radio Pública..

El edificio pasó completamente a manos del Estado cuando el banco quebró durante la crisis financiera de 1999. Entonces el volumen esquinero fue restaurado y ocupado desde 2013 por la Dirección del Sistema Nacional de Archivos, parte del antiguo pasaje comercial se convirtió en una agencia de la empresa estatal Correos del Ecuador, el antiguo Casino en el Registro Oficial de la Presidencia de la República, mientras que los pisos altos siguieron siendo de oficinas de la Presidencia a la que se sumaron algunas dependencias del Ministerio de Gobierno y la Guardia Presidencial.

En 2015 se pensó volver a convertir el edificio en un hotel con capitales mixtos, pero los planes del Gobierno no se concretaron. Finalmente en 2018 fue puesto en subasta por la Agencia Inmobiliaria Pública a un costo base de 2,4 millones de dólares.

Arquitectura

El complejo del antiguo Palacio de Comercio, también conocido como Edificio La Previsora Centro u Hotel Humboldt, se ubica en la esquina de las calles Guayaquil y Espejo, a pocos pasos de la Plaza Grande en el Centro Histórico. Con sus diez pisos en el bloque más alto, constituye el primer rascacielos de la ciudad, y por ello representa un ícono del salto a la modernidad que vivió la urbe a mediados del siglo XX.

Ingreso al antiguo pasaje comercial y al Hotel Humboldt
Capitol, sobre la calle Espejo (2017). Imagen: propia.
El lenguaje de la estructura responde a la corriente arquitectónica del art-deco, constituyendo la primera muestra de este estilo en la ciudad. hecho que realza aún más su valor patrimonial. La fachada expresa el lenguaje moderno en la austeridad decorativa y las formas geométricas puras de ventanas y molduras. Destacan los pisos de baldosa de cemento, la pintura mural interior y los vanos con cerramientos de metal bronceado. Un antiguo mural de Jaime Andrade Moscoso, realizado en 1967 sobre lámina de hierro y con una extensión de 2,2 por 5 metros, se encuentra hoy en posesión del Museo Nacional.

A pesar de la solución arquitectónica que retira los dos bloques altos hacia atrás en la línea de la cornisa, que mantiene visualmente concordancia con las otras construcciones del sector, la torre occidental en particular es fácilmente visible desde varias terrazas aledañas gracias precisamente a su altura. Mención especial debemos a la puerta de ingreso de esta sección del complejo, que en su tiempo sirvió como acceso al pasaje comercial y al hotel, pues en medio del lenguaje art-deco ha adaptado escenas de sobrerelieve sobre bronce con alegorías del progreso y la patria.

El volumen esquinero, concebido en la década de 1950 para albergar la agencia mayor del Banco en la ciudad, cuenta con dos subsuelos que se usaban para las áreas de seguridad y caja fuerte de la institución, además de haber sido equipado con los sistemas de electricidad más modernos del país en aquella época. El terreno tiene 2.240 metros cuadrados de superficie, mientras que la construcción suma un total de 9.992 y 1.850 de subsuelos.

Galería

Antiguo ingreso a las oficinas del Banco.
Destaca la ventanería con patrones art-deco.
Imagen: propia (2017).

Antiguo ingreso a la agencia del Banco.
Imagen: Llerena 1127 (2013).
Antiguo Casino del Hotel Humboldt.
Imagen: archivo de la Inmboliaria Pública (2017).

Antigua agencia mayor del Banco La Previsora.
Imagen: archivo de la Inmobiliaria Pública (2017).

Referencias


  • Jurado Noboa, Fernando (2005). "Calles, casas y gente del Centro Histórico de Quito", tomo 2, pp.66-88. Quito: Fondo de Salvamento - FONSAL.
  • Ortiz Crespo, Alfonso; Peralta, Evelia; Moreira Viteri, Pablo (2004). "Ciudad de Quito, guía de arquitectura", volumen II, pp.26-27. Sevilla: Junta de Andalucía.
  • Inmobiliaria Pública. "Hotel Humboldt".