Monumento a fray Jodoco Ricke

Monumento a fray Jodoco Ricke, junto a la escalinata norte del templo de San Francisco. Imagen: EcuRed.

Dirección: calles Cuenca y Sucre, esquina (Plaza de San Francisco)
Sector: Centro Histórico
Año de construcción: 1932
Artista / arquitecto: Luis Mideros / Emilio Alzur Espinosa
Estilo: neoclásico con rasgos modernistas

Historia

El monumento original, el día de su
inauguración (1932). Imagen:
recopilación de Luis Azuero H.
El monumento fue ordenado en 1931 por el Municipio de Quito para rendir homenaje a fray Jodoco Ricke, sacerdote belga que llegó a Quito en 1534 y fundó el Convento de la Conversión de San Pablo, mismo que más tarde se convertiría en el de San Francisco que conocemos hasta la actualidad. Fue, además, el encargado de traer y sembrar las primeras semillas de trigo que crecieron en las tierras del actual Ecuador, así como de levantar la primera cervecería del territorio y propiciar el nacimiento de la célebre Escuela Quiteña de arte.

El trabajo fue comisionado al hábil escultor ibarreño Luis Mideros, hermano del también célebre pintor Víctor Mideros, y quien trabajó en el encargo a la par que esculpía la bellísima Puerta de La Circasiana que hoy se exhibe en el parque El Ejido, pero que originalmente fue el ingreso al palacio de los Condes de Casa Jijón, en la avenida 10 de Agosto y Colón.

La escultura fue inaugurada el martes 9 de Agosto de 1932, siendo colocada en la esquina noroccidental de la plaza de San Francisco, junto a la escalinata norte que da acceso al convento y al templo que siglos atrás fundó el mismo Ricke. La elección del lugar y la construcción del pedestal fueron encargadas a Emilio Alzur Espinosa, arquitecto de la Dirección de Obras Públicas del Municipio de la ciudad.

Tras una vandalización del monumento, la escultura original de Mideros debió ser cambiada por una copia de similares características, aunque se cambió el detalle de la capucha que cubría la cabeza del sacerdote, dejándolo sin ella para que se pudiera apreciar mejor el rostro.

Descripción

Luis MIderos trabajando simultáneamente en el friso de la
Puerta de La Circasiana (delante) y la escultura de Fray
Jodoco Ricke (detrás). Imagen: recopilación de Luis Azuero.
La escultura representa al sacerdote Jodoco Ricke ataviado en su sotana de franciscano, con el característico cordón anudado que cuelga de la cintura. Mideros lo presentó originalmente encapuchado, pero la versión actual prescindió de ese detalle para mostrar mejor el rostro del homenajeado.

Ricke aparece representado como el sembrador del primer trigo en las tierras del actual Ecuador, esparciendo la semilla que florecerá y tras la cosecha se convertirá en pan. Junto a él se encuentra el jarrón en el que se dice transportó estas semillas desde Europa, mientras contra su pecho sostiene un haz de espigas.

Mideros fue un hábil escultor que se destacó por su combinación del estilo neoclásico con los primeros rasgos del modernismo, por lo que sus obras suelen ser fácilmente identificables y con características propias como el detalle en rostros y formas de los cuerpos, pero acompañado de líneas más abstractas en las vestimentas por ejemplo.

Referencias

  • Azuero H., Luis (31 de enero de 2018). "La estatua de fray Jodoco Rickie".

Palacio de Comercio (Edificio La Previsora / Hotel Humboldt Capitol)

Vista general del antiguo Palacio de Comercio, también llamado Edificio La Previsora Centro u Hotel Humboldt Capitol.
Imagen: Diario La Hora (2013).

Dirección: calles Espejo y Guayaquil, esquina
Sector: Centro Histórico
Arquitectos: Hopkins & Dentz / Alberto Mena Caamaño (ingeniero)
Año de construcción: 1939 / 1954

Estilo: art deco
Uso actual: oficinas estatales

Historia

En la división de solares que se hizo tras la fundación española de Quito en 1534, la esquina que hoy ocupa el conjunto La Previsora junto a las dos casas que avanzan por la Guayaquil hacia el sur, pertenecía al conquistador Diego de Escobar. En 1600 Escobar señaló en su testamento que dejaba una propiedad con ocho tiendas y unos altos esquineros, es decir que la casa en su mayor parte era de apenas un piso y solamente la esquina presentaba dos niveles.

En el documento Escobar también estipulaba que las regalías de 300 pesos que le producían las tiendas que tenían frente hacia la calle Espejo se utilizaran para las doncellas pobres de su linaje presente y futuro, obra que en ese momento nació específicamente para ayudar a una pariente mestiza a obtener su dote para casarse.

Se conoce que para 1660 la propiedad de los Escobar aún se encontraba en manos de los herederos, y que se habría fraccionado por el frente de la calle Espejo, pues pasando la esquina existía una casa avecindada que la arrendaban al español Juan de Molineros y Roldán.

Para aquella época la Espejo, entre Flores y Venezuela, ya se habría convertido en el corazón comercial de Quito, y la intersección con la actual Guayaquil (en la que precisamente se encontraba el solar en cuestión de este artículo) ya era conocida como "las cuatro esquinas" por su alto valor para el comercio.

La casa grande de la Espejo
Parece que para finales del siglo XVIII ya existe un fraccionamiento definitivo del inmenso solar original del conquistador Escobar, pues en 1797 la sección que arriba se mencionó como arrendada al español Molineros ya constaba en censos como una de las tantas propiedades de Josefa Herrera Berrío de Matheu, IX marquesa de Maenza, quien se la habría heredado alrededor del año 1802 a su hija Mariana Matheu y Herrera después de que ésta contrajera matrimonio con su primo José Javier Ascázubi y Matheu.

En 1833 la casa era ocupada por el aún soltero Manuel de Ascázubi y Matheu, hijo de los propietarios anteriores y que llegó a ser presidente encargado de la República entre 1849 y 1850. En 1840 aparece ya en manos de otro de los hermanos, el político e historiador Roberto Ascázubi y Matheu, que vivía aquí con sus otras dos hermanas solteras: Mariana y Rosa. Es de esta época que Jurado Noboa refiere la siguiente anécdota: 

"Pasaba por la calle el canónigo Miguel Viteri Cornejo, que había tomado la sotana después de haber dejado una extensa prole de veintidós hijos en su esposa, y las solteronas señoritas Ascázubi comentaron en voz alta desde el balcón que el clérigo era un pillo, a lo que alzando la mirada el Canónigo respondió que si él era pícaro aún debía probarse, pero el que ellas eran viejas y feas era cosa probada".

Pese a su poca gracia física y avanzados años las dos hermanas lograron casarse, se afirma que por interés de los novios en su fortuna y posición política familiar, siendo Rosa Ascázubi y Matheu la más célebre entre ambas, pues en 1846 contrajo nupcias con un hombre mucho más joven y que con el tiempo llegaría a ser presidente de la República: Gabriel García Moreno. La pareja continuaría viviendo en esta casa hasta aproximadamente 1864, cuando se sabe que habrían arrendado una casa en la esquina de San Agustín, actual Mansión La Internacional.

Por su parte, Roberto Ascázubi mantuvo en este inmueble un impresionante archivo, quizá uno de los primeros de la ciudad, que incluía mucha de su correspondencia con héroes de la Independencia sudamericana, y al que se debe la salvación de más de tres mil cartas escritas por su cuñado. En la actualidad gran parte de este archivo se encuentra en la Biblioteca Aurelio Espinosa Pólit, de Cotocollao.

Casa de Pedro Pablo García Moreno (segunda desde la
izquierda), junto a la original que existía en la esquina
hasta 1870. Imagen: recopilación de Luis Azuero.
Por sugerencia del ya entonces presidente Gabriel García Moreno, en 1866 la casa pasó a manos de su hermano Pedro Pablo García Moreno, quien hizo tirar la casa colonial y levantar una nueva y muy elegante construcción que fue entregada dos años más tarde en estilo neoclásico y con siete balcones, en cuyas barandas se grabó el monograma PPGM. En 1881, tras radicarse en Chile, García Moreno se la vendió a Salvador Ordóñez Lasso, un rico comerciante cuencano exportador de cascarilla que vivió aquí con su esposa, Mercedes Muñoz.

Se sabe que como la esposa del nuevo propietario era tía del famoso Hermano Miguel, el santo visitó la mansión y a su parentela en repetidas ocasiones. Durante esta época la casa tenía tres patios, con bodegas de comerciantes arrendadas entre el primero y el segundo, mientras que los salones estaban ricamente decorados con mobiliario de estilo francés que los Ordóñez habían importado durante la época de apogeo de la exportación de cascarilla. 

En lo que respecta a los almacenes de los bajos, con vista hacia la Espejo, en 1894 tres de las seis tiendas eran ocupadas por la popular ferretería de Wenceslao Puente Cruz, mientras que las restantes lo eran por el almacén del comerciante Luis Pazmiño. Mientras que en 1919 dos de las tiendas eran ya ocupadas por la joyería de José Carrillo Vaca.

En 1910 la propiedad pasó a manos de Ana María Ordóñez Muñoz, casada con Francisco Chiriboga Dávalos, que se trasladaron aquí desde la casa que arrendaban cerca de la Plaza del Teatro. Según Ernesto, el segundo de los siete hijos del matrimonio, por quel entonces la casa tenía un escondite para huir de los liberales, pues los hermanos de su padre eran acérrimos oponentes del Gobierno de Eloy Alfaro entre 1898 y 1899. En mayo de 1934 la propiedad fue finalmente vendida al Banco La Previsora por 263.000 sucres de la época.

La casa esquinera
A finales de la época colonial e inicios de la República lo que quedaba de la gran propiedad de los Escobar ya se había terminado de fraccionar, pues se vendió la pequeña casa de la esquina, que había sido separada originalmente por los Escobar para obtener más ingresos con su arriendo y por eso era llamada "Casa pequeña del vínculo de Escobar" hasta 1832; y finalmente la gran casa que se había mantenido largos años con el frente hacia la actual calle Guayaquil también se dividió en dos.

A inicios del siglo XIX la casa esquinera estuvo en manos de la familia Olivera, quienes se la vendieron a los Álvarez Verjuste y esyos, a su vez, hicieron los mismo a los Burbano de Lara. En 1832 fue adquirida por el sacerdote Pedro León, que casi inmediatamente se la vendió a los Godoy León. Para 1833 la propiedad ya estaba en manos de Pedro Sanz García y Loza, un rico comerciante quiteño que fue el apoderado de Manuela Sáenz durante el destierro de la heroína en Paita (Perú) y que murió aquí en 1845, víctima de un ataque cerebral a los 61 años de edad.

La casa de Juana Alvarado tras la reconstrucción de 1870.
Detrás ya aparece el Palacio de Comercio (circa 1950).
Imagen: recopilación propia.
Posterioremente la casa pasó a manos de Francisca Rodríguez y su hijo Mariano Rodríguez, que en 1870 contrataron al arquitecto Juan Pablo Sanz (coincidencialmente hijo del dueño anterior) para que derrocara la casa colonial y levantara una nueva en estilo neoclásico. Por fotografías de 1868 se sabe que la casa que se perdió era pequeña y con un gran balcón saliente de madera en la ochava esquinera.

A finales del siglo XIX la propiedad tenía tres tiendas, dos de ellas con entradas tapiadas y seguramente usadas como parte de las dependencias de servicio de la familia Rodríguez, y la última era ocupada por el almacén de mercaderías de la señora Luz Baca. Los herederos del inmueble lo mantuvieron por dos generaciones hasta que se la vendieron a la familia Espinosa Palacios. 

En 1931 shabía pasado a manos de Juana Alvarado de Palacios, que arrendaba piezas a Luis Antonio Báez y José Renella. La señora Alvarado sería la última propietaria del inmueble antes de que este fuera vendido al Banco La Previsora en la década de 1950, para ampliar el edificio moderno que ya se había levantado en el predio contiguo por el occidente.

El Banco La Previsora
Después de que en 1934 adquirieron el predio de los Ordóñez en la calle Espejo, el Banco La Previsora ordenó el diseño del primer edificio moderno de la ciudad de Quito, para lo cual debían tirar abajo la casa neoclásica que allí existía. Los encargados del proyecto fueron los estadounidenses Hopkins & Dentz, que contaron con el apoyo del ingeniero quiteño Alberto Mena Caamaño para levantar el edificio en la ciudad.

La gran magnitud del proyecto debido a su altura y los altos costos que representaba adquirir la tecnología adecuada, sumado a la dificultad de que los arquitectos que lo concibieron no podían viajar a Quito, hicieron que el ambicioso complejo de La Previsora no empezara a levantarse sino hasta el año 1937, terminando y entregando la obra dos años más tarde, en 1939.

Un propósito hecho público en 1938 designa al complejo como Palacio de Comercio, en el que la planta baja funcionaría como pasaje comercial, las oficinas del Banco en los dos primeros pisos de la torre con entrada propia, oficinas de arriendo para firmas administrativas, comerciales y de servicios en los siguientes cinco niveles, mientras que el octavo y más alto se lo reservó para el Club de Empleados de La Previsora.

A inicios de la década de 1950 se adquirió la pequeña casa esquinera que había pertenecido a la familia Palacios Alvarado, con la intención de ampliar el complejo con un volumen adicional en el que se ubicaría la agencia mayor del banco guayaquileño en la ciudad capital, y que permanecería allí hasta su quiebra en los años 90's. Esta etapa, a cargo en su totalidad de Alberto Mena Caamaño, también significó un rediseño de la torre occidental para convertirla en hotel, y todo el conjunto fue nuevamente inaugurado de manera oficial en 1954 con una ceremonia a la que asistió el entonces presidente de la República José María Velasco Ibarra.

El Hotel Humboldt Capitol (circa 1945).
Imagen: recopilación de Santiago Duque.
El Hotel Humboldt Capitol, inaugurado justamente en la ceremonia de 1954 y parte de la cadena Humboldt (con hoteles en Guayaquil y Playas), tenía un aproximado de 60 habitaciones y fue el de mayor capacidad que existió en Quito por largo tiempo. Pocos años después inauguró el primer Casino de importancia en la ciudad, ubicado al fondo del pasaje comercial que seguía funcionando como tal en la planta baja de la calle Espejo.

En la década de 1970 las oficinas principales del Banco abandonaron los dos primeros pisos de la torre occidental para trasladarse a sus nuevas sedes, primero en el sector del Ejido y después en la avenida Naciones Unidas. Por época similar cerró sus puertas el emblemático Hotel Humboldt. Desde entonces el complejo permaneció arrendado en su totalidad, en parte a particulares como la Petrolera Shell, y en parte a instituciones del Estado como el Visitador General de la Nación, la Dirección Financiera de la Presidencia, el Instituto Nacional Galápagos (INGALA), la Secretaría Nacional de Comunicación (SENACOM) y la Radio Pública..

El edificio pasó completamente a manos del Estado cuando el banco quebró durante la crisis financiera de 1999. Entonces el volumen esquinero fue restaurado y ocupado desde 2013 por la Dirección del Sistema Nacional de Archivos, parte del antiguo pasaje comercial se convirtió en una agencia de la empresa estatal Correos del Ecuador, el antiguo Casino en el Registro Oficial de la Presidencia de la República, mientras que los pisos altos siguieron siendo de oficinas de la Presidencia a la que se sumaron algunas dependencias del Ministerio de Gobierno y la Guardia Presidencial.

En 2015 se pensó volver a convertir el edificio en un hotel con capitales mixtos, pero los planes del Gobierno no se concretaron. Finalmente en 2018 fue puesto en subasta por la Agencia Inmobiliaria Pública a un costo base de 2,4 millones de dólares.

Arquitectura

El complejo del antiguo Palacio de Comercio, también conocido como Edificio La Previsora Centro u Hotel Humboldt, se ubica en la esquina de las calles Guayaquil y Espejo, a pocos pasos de la Plaza Grande en el Centro Histórico. Con sus diez pisos en el bloque más alto, constituye el primer rascacielos de la ciudad, y por ello representa un ícono del salto a la modernidad que vivió la urbe a mediados del siglo XX.

Ingreso al antiguo pasaje comercial y al Hotel Humboldt
Capitol, sobre la calle Espejo (2017). Imagen: propia.
El lenguaje de la estructura responde a la corriente arquitectónica del art-deco, constituyendo la primera muestra de este estilo en la ciudad. hecho que realza aún más su valor patrimonial. La fachada expresa el lenguaje moderno en la austeridad decorativa y las formas geométricas puras de ventanas y molduras. Destacan los pisos de baldosa de cemento, la pintura mural interior y los vanos con cerramientos de metal bronceado. Un antiguo mural de Jaime Andrade Moscoso, realizado en 1967 sobre lámina de hierro y con una extensión de 2,2 por 5 metros, se encuentra hoy en posesión del Museo Nacional.

A pesar de la solución arquitectónica que retira los dos bloques altos hacia atrás en la línea de la cornisa, que mantiene visualmente concordancia con las otras construcciones del sector, la torre occidental en particular es fácilmente visible desde varias terrazas aledañas gracias precisamente a su altura. Mención especial debemos a la puerta de ingreso de esta sección del complejo, que en su tiempo sirvió como acceso al pasaje comercial y al hotel, pues en medio del lenguaje art-deco ha adaptado escenas de sobrerelieve sobre bronce con alegorías del progreso y la patria.

El volumen esquinero, concebido en la década de 1950 para albergar la agencia mayor del Banco en la ciudad, cuenta con dos subsuelos que se usaban para las áreas de seguridad y caja fuerte de la institución, además de haber sido equipado con los sistemas de electricidad más modernos del país en aquella época. El terreno tiene 2.240 metros cuadrados de superficie, mientras que la construcción suma un total de 9.992 y 1.850 de subsuelos.

Galería

Antiguo ingreso a las oficinas del Banco.
Destaca la ventanería con patrones art-deco.
Imagen: propia (2017).

Antiguo ingreso a la agencia del Banco.
Imagen: Llerena 1127 (2013).
Antiguo Casino del Hotel Humboldt.
Imagen: archivo de la Inmboliaria Pública (2017).

Antigua agencia mayor del Banco La Previsora.
Imagen: archivo de la Inmobiliaria Pública (2017).

Referencias


  • Jurado Noboa, Fernando (2005). "Calles, casas y gente del Centro Histórico de Quito", tomo 2, pp.66-88. Quito: Fondo de Salvamento - FONSAL.
  • Ortiz Crespo, Alfonso; Peralta, Evelia; Moreira Viteri, Pablo (2004). "Ciudad de Quito, guía de arquitectura", volumen II, pp.26-27. Sevilla: Junta de Andalucía.
  • Inmobiliaria Pública. "Hotel Humboldt".

Bramante en la arquitectura de Quito


Pese a estar tan alejada de la Italia renacentista y sus diferentes expresiones artísticas, la pequeña villa quiteña del siglo XVI logró hacerse con un pedacito de la ostentosa arquitectura que embellecía la mismísima ciudad de los Papas: El Vaticano. Y es que en plena Cordillera de los Andes, aquella escalera cóncavo-convexa que precede al conjunto eclesiástico de San Francisco, en la plaza homónima, fue diseñada en base a planos que habían sido elaborados por el célebre arquitecto marchigiano Donato d'Angelo Bramante.

Bramante (Fermignano, 1443 - Roma, 1514) es considerado el más destacado arquitecto de su época en Italia, y desde que levantó la planta de la Basílica de San Pedro, también se convirtió en el favorito de los Papas para realizar trabajos en la ciudad del Vaticano, donde diseñó además otros espacios que conocemos hasta la actualidad.

Planos de una hermosa pero ya desaparecida escalera cóncavo-convexa ubicada en el gran nicho que unía los palacios pontificios con una pequeña villa de descanso (hoy parte del patio central de los Museos Vaticanos), llegaron hasta Quito antes que a ninguna otra ciudad del Nuevo Mundo, y al ser aplicadas por los franciscanos para salvar tan hábilmente el desnivel entre el atrio y la plaza, pronto se convirtieron en modelo a seguir por otras colonias españolas, e incluso para la propia Catedral quiteña.

Galería
Detalle de la escalera cóncavo-convexa de San Francisco.
Lugar que solía ocupar la escalera diseñada
por Bramante en la Ciudad del Vaticano.

Planta de la escalera diseñada por Bramante.

Alzada de la escalera diseñada por Bramante.

Retrato de Donato d'Angelo Bramante.

Referencias

  • Lorda, Joaquín. "Arquitectura Clásica", capítulo IV Grandes Iglesias: San Pedro de Roma. Navarra: Universidad de Navarra.

Calle Juan Rodríguez (El Pulguero)

La calle Juan Rodríguez, vista desde la avenida 6 de Diciembre hacia el occidente (2014). Imagen: Google Street View.

Dirección: Juan Rodríguez, entre 6 de Diciembre y Reina Victoria
Sector: La Mariscal
Año de construcción: 1938-1945
Arquitecto: Luis Egüez
Estilo: neorenacentista bávaro / alpino
Uso actual: espacio mixto (público, vivienda, hotelero, comercial)

Historia

La calle Juan Rodríguez constituye uno de los espacios más conocidos de La Mariscal, no solo por su mágico ambiente logrado por la sombra de los altos árboles platanes que se unen con los de la acera de enfrente hasta formar un techo de frondosas ramas, sino por la arquitectura uniforme y hermosa de las casas que se encuentran a ambos lados de la vía y que avanza por apenas dos manzanas, entre Reina Victoria y la avenida 6 de Diciembre.

Recibe su nombre del padre Juan Rodríguez, un clérigo español, vicario del convento de La Rábida en 1532. Viajó a América y llegó a Quito en 1534, siendo junto al padre Francisco Jiménez los primeros en administrar los sacraentos católicos en la recién fundada villa, de la que Rodríguez fue el primer párroco. Murió en esta ciudad después de haber sido el responsable de levantar la primera iglesia quiteña en el sitio donde hoy se encuentra la Catedral Primada, en la Plaza Grande.

La calle Juan Rodríguez con vista hacia el oriente, entre Diego
de Almagro y la avenida 6 de Diciembre -al fondo- (1955).
La calle es parte del diseño de la Ciudadela Simón Bolívar, que en 1937 trazó el ingeniero Luis Egüez para esta lotización que la Caja de Pensiones (antecesora del IESS) ofrecía a sus afiliados de clase media y media-alta, siendo las viviendas de esta sección destinadas específicamente a la segunda. La calle era conocida por los quiteños de la época como "El Pulguero", pues pulga era precisamente el apodo del ingeniero Egüez.

Concebidas como villas unifamiliares, a las que también se llamaba chalets, las casas que el ingeniero Egüez diseñó en 1937 estaban adosadas en pares, teniendo retiros verdes en los tres costados restantes y respetando así la idea de ciudad jardín con la que había nacido La Mariscal. La construcción de las viviendas comenzó en 1938 y la última se entregó en el año 1945.

Los chalets responden a la corriente arquitectónica historicista, específicamente al subestilo neorenacentista bávaro, que se inspiraba en las casas rurales que se construyeron durante el renacimiento alemán en la zona de Baviera. Este estilo es popularmente conocido como alpino, pues había nacido en los Alpes suizos, y desde allí se extendió por todo el centro de Europa.

En lo que respecta al arbolado de la calle, que es su sello distintivo y lo que la ha convertido en destino favorito de los enamorados, todos pertenecen a la especia platanus acerofilia, más conocida como platán, y de ellos 17 están catalogados como patrimoniales por la Secretaría de Ambiente del Municipio de Quito, todos ubicados en la manzana comprendida entre la 6 de Diciembre y Diego de Almagro.

Galería

El escritor Javier Váscones en una de las bancas de la calle.
Imagen: Diario El Telégrafo (circa 1990).
Casa esquinera en Juan Rodríguez y Diego de Almagro (2018).
Imagen: Plusvalía.

Referencias

  • Dávalos H. Ángel (2000). "Quito, significado y ubicación de sus calles (a comienzos del siglo XXI)", p. 167. Quito: Ediciones Abya-Yala.
  • Secretaría de Ambiente del Municipio de Quito. "Lista de árboles patrimoniales", p. 17, fichas 9881-9898.

Parque Gabriela Mistral

Los jardines del parque (2011). Imagen: Quito Informa.

Dirección: Luis Cordero, entre Reina Victoria y Diego de Almagro
Sector: La Mariscal
Año de construcción: 1937
Arquitecto: Luis Egüez
Estilo: plaza abierta
Uso actual: espacio público


Historia

Cuando en la década de 1920 el Municipio de Quito autorizó la lotización de las tierras al norte del actual parque El Ejido, destinadas a levantar la zona moderna de la urbe con el concepto europeo de ciudad jardín, se expidió una ordenanza en la que los constructores debían diseñar pequeñas plazas en sus respectivas ciudadelas. Es así como nacieron los actuales espacios públicos del sector, como la de los Presidentes (Amazonas y Jorge Washington), Veintimilla (Amazonas e Ignacio de Veintimilla), Foch (Reina Victoria y Mariscal Foch), y el parque Gabriela Mistral que nos compete en este artículo.

El parque visto desde la Reina Victoria hacia el oriente (1955).
Imagen: Diario El Comercio, archivo de Santiago Duque.
El parque fue concebido por el ingeniero Luis Egüez como el límite norte de la Ciudadela Simón Bolívar, que lotizó la Caja de Pensiones (antecesora del IESS) desde 1936, aunque en aquella época no tenía un diseño real más allá de ser un espacio de tierra o yerba en el que los hijos de los vecinos solían reunirse a jugar fútbol.

El espacio, que tomó su inusual forma triangular por el cambio de ángulo que presentan en este punto la mayor parte de calles en sentido norte-sur del sector, constituía la división con la Ciudadela Colón que lotizaron los hermanos Mantilla Jácome desde 1914, y aunque en un inició no tenía un nombre definido, en la década de 1960 fue bautizado en honor a la poetisa chilena Gabriela Mistral, ganadora del Premio Nobel de Literatura y fallecida en 1957.

El parque fue arbolado recién en la década de 1970, obra del trabajo conjunto entre dos vecinos del barrio: un pequeño niño y un vecino mayor, sin relación entre sí más que la iniciativa para mejorar el espacio sin esperar a la intervención de las autoridades de la ciudad. El niño era Carlos Iturralde Orellana, quien mediante nuestra página de Facebook nos compartió aquella historia con el siguiente texto:
El viejo Don Félix, un costeño sesentón venido a la capital, vigilaba con paso marcial el parque Gabriela Mistral. Todos los días desde las primeras horas hasta que el sol se ocultaba recorría cada centímetro, sin que detalle alguno escapara a su escrutadora mirada. Un vecino le daba alojamiento, de tal manera que habitaba a veinte metros del lugar y con su atuendo que insinuaba litoral, color casi blanco, chaqueta con bolsillos y gorra marinera era el personaje cotidiano del lugar.
Yo, de apenas unos once o doce años de edad, vivía a pocas cuadras y continuamente lo veía. Para ese tiempo mi padre había adquirido gran cantidad de árboles para cultivarlos en la finca familiar; fresnos, tilo verde, capulíes y eucalipto. En una de tantas tardes Don Félix y yo conversamos y por alguna casualidad topamos el tema de la falta de árboles y un par de días después, empecé a llevar poco a poco algunos de los que estaban destinados a Calacalí, donde estaba nuestro terreno. 
Almacenamos en la habitación de Don Félix unos sesenta tilos, algunos fresnos, varios eucaliptos y cada tarde llegaba ansioso la escuela para tomar la pala e ir al parque. Sembramos los tilos alrededor y algunos eucaliptos, fresnos y capulíes en el interior; los vimos crecer y años después, el Parque Gabriela Mistral estaba rodeado por tilos verdes frondosos y en el interior había ya enormes, dos capulíes, algún fresno y dos eucaliptos.
Pasaron los años y el municipio ejecutó alguna de las clásicas e innecesarias remodelaciones (2011), que erradicó como cuarenta tilos robustos del perímetro, desaparecieron los capulíes y fresnos y sobrevivieron orgullosos los dos eucaliptos que aun están allí de pie, y que tienen aproximadamente cincuenta años de vida, como únicos sobrevivientes de la labor de un viejo y un niño.

Galería

Gabriela Mistral en su juventud.

El parque durante su rediseño de 2011.
Imagen: Diario La Hora.

Plaza Foch (El Quinde / Lídice)

Vista panorámica de la plaza por la noche (circa 2015). Imagen: Bed and Breakfast.ec

Dirección: Reina Victoria y Mariscal Foch
Sector: La Mariscal
Año de construcción: 1937
Arquitecto: Luis Egüez
Estilo: plaza abierta
Uso actual: espacio público

Historia

Cuando en la década de 1920 el Municipio de Quito autorizó la lotización de las tierras al norte del actual parque El Ejido, destinadas a levantar la zona moderna de Quito con el concepto europeo de ciudad jardín, se expidió una ordenanza en la que los constructores debían diseñar pequeñas plazas en sus respectivas ciudadelas. Es así como nacieron las actuales plazas del sector, como la de los Presidentes (Amazonas y Jorge Washington), Veintimilla (Amazonas e Ignacio de Veintimilla), el parque Gabriela Mistral (Reina Victoria y Luis Cordero), y la hoy llamada Plaza Foch que nos compete en este artículo.

La plaza fue concebida por el ingeniero Luis Egüez dentro de la Ciudadela Simón Bolívar, que lotizó la Caja de de Pensiones desde 1936, aunque en aquella época no tenía un diseño real, sino que constituía un espacio de tierra apisonada que dividía los dos tipos de viviendas levantadas por la mencionada institución para los distintos estratos económicos a los que apuntaba el proyecto: medio-alto al nororiente y medio al suroccidente.

Miembros de la policía alemana posando en una de las
granjas que destruyeron durante la Masacre de Lídice.
En 1943 la plaza tomó el nombre de Lídice, un pueblo de Checoslovaquia conocido por su resistencia a la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial y en donde en 1942, tras el asesinato del gobernador Reinhard Hedrich a manos de subersivos, Hitler ordenó la más grande de varias masacres contra los checos para encontrar a los culpables. La Masacre de Lídice resultó con la desaparición del poblado, pues la totalidad de sus 390 habitantes fue acribillada o enviada a campos de concentración, y tuvo que volverse a fundar unos años después de que Alemania cayera.

Varias ciudades en el mundo tomaron inmediatamente el nombre de Lídice para bautizar todo tipo de proyectos urbanos como urbanizaciones, calles y plazas, como un símbolo de resistencia a los nazis y homenaje a los judíos que perdieron la vida durante la Guerra, en Quito fue este espacio que más tarde se convirtió en una glorieta (redondel) con monumento conmemorativo donado por la colonia de judíos que habían llegado a la ciudad huyendo de Europa.

El monumento existió hasta el rediseño de la plaza en la década de 2000, cuando se decidió convertirla en el centro de la zona rosa y de diversión de la ciudad con el nombre moderno de Plaza Foch, que se pensaba calaría mejor para los fines turísticos que se preveía. Un nuevo monumento al respecto, inaugurado en 2016, se encuentra hoy en el Parque de la Mujer y el Niño, en la avenida Mariana de Jesús, sector La Granja.

¿Quién fue el Mariscal Foch?

El mariscal Ferdinand Foch (circa 1925).
El nuevo nombre con que el plan municipal bautizó el espacio responde al de la calle que lo cruza en sentido este-oeste: Mariscal Foch. Y en medio de la desacertada decisión de sepultar para siempre la memoria de Lídice en Quito, se terminó rindiendo homenaje a un héroe histórico de la Primera Guerra Mundial.

Ferdinand Foch fue un mariscal de campo francés, comandante de los ejércitos de la Triple Entente (Francia, Rusia y Gran Bretaña) contra los imperios Alemán y Austro-Húngaro, durante la Primera Guerra Mundial. Tras contener varios ataques alemanes, en 1918 Foch lanzó un contraataque que se convirtió en la semilla de la derrota del káiser Guillermo II.

Foch encabezó entonces el equipo que firmó a nombre de los Aliados el Tratado de Compiégne, en el que los alemanes se comprometían por primera vez a un armisticio, lo que significó el inicio del fin de su Imperio. Cuando esta derrota fue definitiva y se firmó el Tratado de Versalles, el Mariscal expresó su descontento por la ilógica división que allí se hizo de Europa sin tomar en cuenta las diferencias culturales y religiosas, además de por las duras condiciones impuestas a Alemania que sabía que solo generarían rencor en esa nación.

Foch llegó a predecir que el Tratado no traería la paz definitiva al continente, y que solo se trataba de un cese al fuego de dos décadas. Efectivamente, 20 años y 64 días después estallaba la Segunda Guerra Mundial.

Estación de Bomberos Nº1

Fachada del edificio (2014). Imagen: Google Street View.

Dirección: Ignacio de Veintimilla, entre Reina Victoria y Juan León Mera
Sector: La Mariscal
Arquitectos: Alfonso Calderón Moreno y Edwin Adler
Año de construcción: 1947

Estilo: racionalista 
Uso actual: Comandancia General de Bomberos

Historia

El Cuerpo de Bomberos de Quito había sido creado el 19 de julio de 1921, época en que la sede de la institución se encontraba en un local arrendado de las calles Rocafuerte e Imbabura del Centro Histórico, mientras que los ejercicios bomberiles se realizaban en las plazas de Santo Domingo y San Francisco. Varios años más tarde ya se había organizado correctamente la institución y para 1944 el coronel Martín Reinberg era nombrado el primer jefe oficial de Bomberos.

Luego de haber inaugurado dos estaciones adicionales en los barrios Larrea y La Loma Grande, el coronel Reinberg adquirió a bajo precio los terrenos de la que se convertiría en la Comandancia General de los Bomberos, ubicada en el ya casi consolidado sector de la Ciudadela Mariscal Sucre, hacia donde acertadamente se preveía que crecería la ciudad con gran rapidez.

El diseño y construcción del edificio fue encargado al arquitecto checoslovaco Edwin Adler y al ingeniero quiteño Alfonso Calderón Moreno, quienes entregaron la obra en el año 1947, haciéndose acreedores al Premio Ornato que otorga el Municipio de la ciudad a las mejores construcciones de cada año en la ciudad de Quito.

El inmueble ha permanecido hasta la actualidad en manos de la misma institución y utilizado para los mismos fines que fue concebido, convirtiéndose en un ícono no solo del sector sino de la ciudad en general. El cuerpo de emergencia que lo ocupa tomó el nombre del coronel Martín Reinberg en honor al primer jefe de la institución.

Arquitectura

La Estación de Bomberos Nº1, circa 1950.
Imagen: Archivo del Cuerpo de Bomberos de Quito.
El edificio de tres pisos está implantado en un terreno a mitad de la manzana, con su frente hacia la calle totalmente abierto para permitir la salida rápida de las unidades bomberiles. El lenguaje racionalista prima en la mayor parte del diseño tanto exterior como interior, convirtiéndolo en una construcción de líneas rectas y espacios funcionales bien iluminados.

Sin embargo lo anterior, en la fachada se pueden apreciar detalles característicos del neocolonial como el techo de teja española, las portadas de piedra en las puertas de ingreso, la ventana triforada de vanos rectangulares en el segundo nivel y el uso de piedra en el basamento.

Esta mezcla se debe a que Edwin Adler fue parte de la ola de arquitectos checoslovacos que llegaron a Quito huyendo de la Segunda Guerra Mundial, y que introdujeron la arquitectura modernista en la ciudad. Por otro lado, Calderón Moreno se había convertido en el principal exponente de la corriente historicista neocolonial en la ciudad, por lo que la combinación de ambos estilos en los edificios que construyeron juntos resultan únicos dentro de la corriente racionalista.

Galería

Prácticas bomberiles en el terreno posterior, circa 1950.
Imagen: Archivo del Cuerpo de Bomberos de Quito

Muestra de nuevos uniformes en el terreno posterior, circa 1950.
Imagen: Archivo del Cuerpo de Bomberos de Quito

Entrenamiento físico en el terreno posterior, circa 1950.
Imagen: Archivo del Cuerpo de Bomberos de Quito

Planta de Teléfonos La Mariscal

Vista general del edificio (2014). Imagen: Google Street View.

Dirección: Ignacio de Veintimilla y Reina Victoria, esquina
Sector: La Mariscal
Año de construcción: 1952
Arquitecto: Oscar Etwanik
Estilo: art-decó tardío (streamline-moderne)
Uso actual: oficinas de la Corporación Nacional de Telecomunicaciones

Historia

Tal como habían hecho unos pocos años atrás en el Centro Histórico, y considerando que el sector de La Mariscal había crecido de manera exponencial tras la aparición de la Ciudadela Simón Bolívar de la Caja de Pensiones, para 1950 la Empresa de Teléfonos decidió abrir una planta propia para este nuevo polo de desarrollo urbano de Quito.

Prácticas de los Bomberos frente al edificio
de la Planta de Teléfonos (circa 1955)
El diseño y la construcción del edificio fueron encargados a Oscar Etwanik, un arquitecto judío nacido en Checoslovaquia que había llegado al país huyendo de la II Guerra Mundial, y que años atrás había sido el encargado de levantar la planta de teléfonos del Centro Histórico, en la Mejía y Benalcázar, con un estilo muy similar que fue bautizado en Estados Unidos como streamline-moderne.

Otra obras significativas de Etwanik en la ciudad de Quito son el diseño original del Estadio Olímpico Atahualpa y el Edificio Casabaca, ubicado en la avenida 10 de Agosto y Jerónimo Carrión, por lo que se puede concluir que su obra está enmarcada dentro de los primeros esbozos de la arquitectura contemporánea en el Ecuador.

La planta de teléfonos automáticos abrió sus puertas en 1952, brindando servicio a las ciudadelas de La Mariscal hasta la década de 1980 en que todo el sistema telefónico se empezó a computarizar y centralizar. Desde entonces el inmueble ha permanecido en manos de la empresa de telecomunicaciones del Estado, siendo actualmente ocupada por oficinas de la misma.

Arquitectura

Implantado en un terreno esquinero, el edificio se levanta tres plantas sobre el nivel de la calle y cuenta con un subsuelo que originalmente servía como las salas de máquinas de la planta telefónica. Visualmente jerarquizado hacia la esquina, donde se ubica el ingreso principal, constituye uno de los principales exponentes del streamline-moderne en el sector de La Mariscal.

El streamline-moderne es una derivación posterior del art-decó, a veces también llamado art-decó tardío, que se caracteriza por las líneas curvas, formas aerodinámicas y los ladrillos de vidrio que permiten una mejor iluminación de los espacios interiores, sobre todo de las cajas de escaleras, corredores y vestíbulos.

Galería

El edificio visto desde la calle Reina Victoria (2014).
Imagen: Google Street View.

Villa Cecilia

Fachada principal de Villa Cecilia, sobre la calle Jorge Washington (2016). Imagen: propia.

Dirección: calles Jorge Washington y Ulpiano Páez, esquina
Sector: La Mariscal
Año de construcción: 1934
Arquitecto: Pedro Pinto Guzmán
Premios: patrimonio de la ciudad
Uso actual: oficinas estatales

Historia

La casa perteneció originalmente al industrial y político Pedro Pinto Guzmán, ministro de Educación, director de algunas empresas municipales y estatales, además de miembro de la comisión que estableció de manera definitiva los límites ecuatorianos con Colombia. 

La Villa Cecilia en la década de 1930.
Imagen: recopilación de Luis Azuero.
Como ingeniero que era, Pinto decidió diseñar y construir su propia casa, aunque originalmente lo hizo en el predio que se encuentra cruzando la calle Ulpiano Páez, y que terminó vendiendo aún en obra gris al migrante catalán Ramón González Artigas. Posterior a dicha venta es que levantó la que sería su residencia definitiva, misma que nos compete en este artículo.

Pinto era conocido en la ciudad no solo por su fortuna e influencia política, sino por ser el autor de la base del monumento a Simón Bolívar que se encuentra en el extremo sur del parque La Alameda, cuya escultura debió armar en 1935 cuando esta llegó a la ciudad desde Francia.

El nombre de Villa Cecilia se debe a la costumbre de la época introducida por los arquitectos italianos a inicios del siglo XX, en la que las casas ajardinadas se bautizaban en honor a la propietaria del inmueble, en este caso Cecilia Rubianes Vargas, esposa de Pinto. Aquí habría crecido (pero no nacido) Pedro Pinto Rubianes, vicepresidente de la República entre 2000 y 2003, durante el Gobierno de Gustavo Noboa Bejarano.

La casa pasó posteriormente a manos del Estado, que la cedió al entonces Ministerio de Bienestar Social, actualmente llamado Ministerio de Inclusión Económica y Social, que lo ocupó con una guardería pública durante largos años. Restaurado en la década de 2010, actualmente alberga oficinas de ese ministerio.

Arquitectura

Vista lateral de la Villa Cecilia (2017).
Imagen: propia.
La casa responde al estilo de los chalets de la Ciudadela Mariscal Sucre, con la casa al centro del terreno y rodeada de hermosos jardines de tipo inglés, convirtiéndose en una de las pocas muestras de esta disposición que aún se encuentran en el sector.

El inmueble en sí mismo está concebido en estilo neomudéjar, una corriente de la arquitectura historicista que buscaba revivir las construcciones moriscas del sur de España en la edad media. Su estructura es compacta y se levanta tres pisos, incluyendo el volúmen de la torrecilla que descansa sobre la terraza.

Destaca por la profusa decoración de arabescos que enmarcan algunas de las puertas y ventanas ajimezadas y triforadas con forma de herradura. Otras tantas, fuera del lenguaje neomudéjar, han sido concebidas con vanos rectangulares e incluso arcos. Aleros de teja española completan la decoración exterior y se conjugan con el tipo arquitectónico primigenio.

Galería

Personalidades reunidas en Quito, Pedro Pinto Guzmán
aparece en el extremo derecho de la fotografía (circa 1950).
Imagen: Archivo Nacional de Fotografía.

Detalle de la fachada de la Villa (2017).
Imagen: propia.

Detalle del ingreso principal de la Villa (2017).
Imagen: propia.

Detalles de la fachada lateral de la Villa (2017).
Imagen: propia.

La Patria

La Patria como fuente de agua en la Plaza Veintimilla (2018). Imagen: propia.

Dirección: avenidas Amazonas e Ignacio de Veintemilla, Plaza Veintimilla
Sector: La Mariscal
Año de construcción: 1934
Artistas: Luigi Cassadío, América Salazar, José Cadena
Premios: patrimonio de la ciudad
Uso actual: fuente pública de agua

Historia

La escultura de la Patria fue originalmente concebida como parte de otro conjunto más grande que se levantó en la Plaza de San Francisco entre 1934 y 1950: el Monumento a Federico Gonzáles Suárez. Este tenía como obvio punto focal la estatua del famoso arzobispo quiteño que hoy se encuentra en la Plaza Chica, pero también presentaba dos alegorías sobre los temas en los que basó su trabajo de vida, la religión como representación de su labor sacerdotal, y la patria por sus importantes aportes en la construcción de la identidad nacional mediante el estudio de la historia.

El Monumento completo a González Suárez en la Plaza de San
Francisco (circa 1945). La Patria se ubica en el pedestal del
lado izquierdo de la postal iluminada, del otro La Religión.
Imagen: recopilación de Santiago Duque Arias.
El autor que la Sociedad Artística Industrial de Pichincha escogió en 1933 para comisionarle el proyecto fue el italiano Luigi Cassadío, profesor de la Escuela de Bellas Artes. El artista concibió el conjunto en general, pero pidió a sus dos alumnas más destacadas que diseñaran las alegorías que acompañarían a Gonzáles Suárez, y es así como América Salazar y Germania Paz y Miño entran en escena, con La Patria y La Religión respectivamente.

Por la muerte del maestro Cassadío a inicios de 1934, ambas esculturas fueron talladas por José Cadena, otro de sus alumnos favoritos y el que mejor reproducía su estilo. Luego de la inauguración del monumento las alegorías lo acompañaron hasta inicios de la década de 1950, cuando fueron desmontadas, separadas y trasladadas a sus ubicaciones actuales.

La Patria pasó a convertirse en una fuente pública de agua que adornaría la Plaza Veintimilla, en el entonces exclusivo barrio de La Mariscal, mientras que La Religión fue trasladada al parque de Santa Clara de San Millán, donde se encuentra también hasta el día de hoy sobre un pedestal frente a la iglesia del sector.

Significado

Como ya se ha dicho, La Patria representa uno de los dos pilares del trabajo de vida del arzobispo Federico González Suárez, en este caso el amor por el Ecuador que profesó a través de sus escritos y estudios sobre historia nacional, llegando incluso a fundar la antecesora de la actual Academia Nacional de Historia.

José Cadena, quien talló la escultura
tras la muerte de Cassadío en 1934.
Imagen: recopilación de Luis Azuero.
Bajo este concepto, la figura de la Patria en sí misma es representada por una mujer de rasgos mestizos, típicos de la artista América Salazar, que se encuentra sentada, con pies descalzos y vestida con una túnica que ha caído sobre su regazo dejando los pechos al descubierto. En su mano derecha empuña una pequeña espada como símbolo de soberanía y libertad, aunque el brazo se encuentra abajo ya que la lucha por las armas siempre debe ser la última opción.

El brazo izquierdo sostiene un pequeño escudo circular con remaches en el que se aprecia el primer escudo de armas de la República, concebido por Juan José Flores en 1830, cuando Ecuador se separó de la Gran Colombia. Por otro lado, la mano elevada hacia el hombro sostiene un cóndor cuya posición sugiere que desea alzar el vuelo, y que como ave constituye el mayor símbolo del país e incluso de las batallas por la Independencia.

La escultura descansa sobre un pedestal cuadrado de aproximadamente un metro de alto, fabricado en hormigón y recubierto por piedra andesita. El mismo se encuentra a su vez al centro de un espejo de agua recubierto con cerámica azul que forma caprichosos juegos de agua cuando está encendida.

Galería

La escultura vista de frente.
Imagen: propia (2018).

La escultura desde el lado derecho.
Imagen: propia (2018).

Detalle del lado izquierdo de la escultura.
Imagen: propia (2018).


Referencias

  • El arte en Quito. (16 de diciembre de 1934). Diario El Comercio, II sección.