2/06/2017

Mansión Granda Centeno

La mansión, en una panorámica desde el nororiente.
Fotografía: Guadalupe Cando Noboa.

Dirección: Juan José de Villalengua y Francisco Cruz Miranda
Sector: Granda Centeno
Año de construcción: 1990
Arquitecto: desconocido
Estilo: historicista (neoclásico escandinavo)
Premios: -
Uso actual: residencia particular


Historia

El predio perteneció a las tierras que el multifacético empresario de orígenes cuencanos y manabitas, Antonio Granda Centeno, había adquirido tras establecerse en Quito a mediados del siglo XX, y que por entonces se encontraban a las afueras de la ciudad por el norte, aunque paulatinamente se fueron convirtiendo en parte de la mancha urbana gracias al proceso de lotización que derivó en uno de los más exitosos negocios del sector inmobiliario capitalino.

Además de los sectores inmobiliario y de construcción, que eran sus mayores fuentes de ingresos, los Granda Centeno también incursionaron en el negocio de los medios de comunicación, convirtiéndose durante largos años en los únicos propietarios de Teleamazonas, una de las estaciones televisivas más importantes del país. A la muerte de Antonio, heredó los negocios su hijo Eduardo Granda Garcés, quien vio mermado el patrimonio familiar con la pérdida de la televisora y algunas otras propiedades.

La construcción de la mansión que nos concierne en este artículo fue encargada precisamente por Eduardo Granda en la década de 1990, antes de que la crisis financiera dejada al país tras el Gobierno de Jamil Mahuad asolara las arcas familiares a inicios del siglo XXI. La obra estuvo a cargo de la Constructora Granda Centeno, empresa que también terminó por desaparecer. En la actualidad la mansión aún pertenece a los Granda.

Arquitectura

La Mansión Granda Centeno se desarrolla en un volúmen compacto de dos niveles y buhardilla, implantada en medio del terreno con frentes hacia los cuatro costados. Su estilo historicista neoclásico, de influencia escandinava, recuerda en su mayoría a algunas mansiones noruegas, suecas y finlandesas, así como a detalles del Palacio Real de El Pardo, en Madrid.

El cuerpo central, de planta cúbica y más alto que los demás, se jerarquiza también con los pórticos techados de ingreso hacia el frente y la fachada posterior. Dos cuerpos rectangulares se extienden hacia el norte y el sur, rematando los extremos de la edificación en dos torrecillas de planta cuadrangular y colocadas de manera asimétrica.

El detalle característico del conjunto se aprecia en el techo de tipo mansarda en el que se encuentran las habitaciones de la buhardilla, apreciables gracias a la ventanería de vanos rectangulares que rematan en pequeños frontones triangulares. Los del segundo piso, en cambio, no lucen este detalle ornamental, aunque sí disponen de hermosas barandillas de hierro forjado a modo de antepecho para pequeños balcones.

La propiedad posee una gran escalinata que comunica la terraza posterior con un amplio terreno ubicado en un nivel más bajo, y que probablemente estaba destinado a convertirse en los jardines de la mansión, pero que hoy es ocupado por una fábrica. Este último cambió seguramente se debió a la crisis económica en que entró la familia a inicios del siglo XXI, que les llevó a perder parte de su fortuna y a dejar inconcluso el proyecto.

Galería

Vista satelital del predio que ocupa la mansión.
Fotografía: captura de Google Earth (a 2016)


La mansión vista desde el terreno oriental, con la escalinata
que conducía a los jardines que no se terminaron.
Fotografía: Andy Calero Vizuete.
Panorámica de la mansión, desde el nororiente
Fotografía: Guadalupe Cando Noboa.

La mansión desde la calle Villalengua.
Fotografía: Google Street View (octubre de 2014).

La mansión vista desde la calle Villalengua.
Fotografía: Andy Calero Vizuete.

Referencias


2/05/2017

Quinta La Victoria

Ingreso a la Quinta La Victoria, desde la calle José María Arteta y Calisto hacia el sur.
Fotografía: Google Street View (octubre de 2014).

Dirección: José María Arteta y Machala
Sector: Cotocollao
Año de construcción: circa 1920-40
Arquitecto: desconocido
Estilo: historicista (neoclásico)
Premios: -
Uso actual: abandonado

Escondida tras largos muros de ladrillo, mecánicas y un espeso bosque de eucaliptos, la Quinta La Victoria es uno de los tesoros arquitectónicos que esconde Cotocollao, barrio ubicado en el extremo norte de Quito. El sector, que constituía un núcleo urbano independiente de la capital, se convirtió entre los siglos XIX e inicios del XX en lugar de descanso para algunas de las más aristocráticas familias quiteñas, que construyeron allí sus quintas de fin de semana.

La Victoria justamente pertenece a esta etapa de la historia cotocollaense, aunque a diferencia de otras como La Delicia, solo perdió parte de su extensión original con la llegada de la modernidad y la lotización de las grandes propiedades que existían en la zona. Sin embargo, su estado de conservación no corrió la misma suerte y hoy se encuentra sumamente deteriorada, abandonada y convertida en guarida de ladrones y personas con problemas de adicción a las drogas; lo que vuelve peligroso al entorno.

Arquitectura

La Quinta La Victoria actual se asienta en un terreno de 29.800 metros cuadrados delimitado por la calle José María Arteta y Calisto al oriente (donde se encuentra su acceso principal), la calle Machala al norte, el conjunto La Alborada al occidente y la quebrada de Rumihurco al sur, aunque esta última ha sido rellenada. Actualmente es propiedad del Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (BIESS), que adquirió los terrenos y otros aledaños en la década de 1980.

Imagen satelital de Cotocollao y la Quinta La Victoria
Fotografía: Instituto Geográfico Militar (1956)
La casa está rodeada por un inmenso bosque en el que predomina el eucalipto sembrado después de 1956, pues una fotografía satelital del Instituto Gegráfico Militar tomada ese año muestra el terreno vacío (derecha). Sin embargo, y a pesar de que el eucaliptal ocupa hoy la mayor parte del terreno, también se pueden encontrar algunas clases de arbustos y palmeras, sobre todo las tradicionales cococumbi andinas que se levantan en el jardín delantero.

La casa principal, que se ubica en la esquina suroriental del terreno y al costado de lo que otrora fue la quebrada Rumihurco, se desarrolla en una sola planta y un bloque compacto al que se suma una estructura independiente, donde probablemente se encontraban las cocinas, bodegas y habitaciones de la servidumbre.

El ingreso está direccionado hacia el oriente, a mitad del cuerpo arquitectónico y jerarquizado por un frontón triangular que da paso a las galerías vidriadas que recorren gran parte del perímetro delantero del edificio, y que probablemente fueron añadidas posterior a la construcción original para evitar el paso del frío.

Galería

Vista parcial del frontón que constituye el ingreso a la casa,
oculto por el espeso jardín delantero y la pared perimetral.
Fotografía: Google Street View (octubre de 2014)

Quinta La Victoria, vista desde la esquina suroriental. A la
izquierda se aprecia la antigua quebrada Rumihurco, rellenada.
Fotografía: Google Street View (octubre de 2014)

Referencias

  • Observaciones personales

1/31/2017

Los Ladrillos de Quito en los medios


La seriedad con la que se tratan los artículos subidos a nuestro blog Los Ladrillos de Quito, así como a sus páginas hermanas del proyecto sobre historia de la capital ecuatoriana (Las Curiosidades de Quito, Enciclopedia de Quito), se han convertido en una fuente de consulta no solo para estudiantes e investigadores, sino también para medios de comunicación a nivel nacional e incluso internacional.

En la presente entrada haremos un recuento de aquellas apariciones en los medios, y será actualizada a medida que vayan surgiendo nuevas:

1/29/2017

Monumento a Ramsés II

Detalle de la estatua durante su proceso de
colocación, entre el 23 y 25 de enero de 2017.
Fotografía: Agencia Pública de Noticias de Quito

Este monumento se encuentra ubicado en la Plaza Egipto, lugar donde confluyen las avenidas de La Prensa, Occidental y Manuel Córdova Galarza, en el sector de El Condado al norte de la ciudad de Quito, justamente desde donde parte la vía que conecta la urbe con la emblemática Mitad del Mundo.

La escultura es una de las dos únicas réplicas existentes de la estatua que retrata a uno de los más célebres faraones del antiguo Egipto, y que originalmente se encontró en el milenario templo de Abu Simbel, para después ser trasladada a la Plaza Ramsés de El Cairo, aunque en 2017 será nuevamente movida al salón de ingreso del Gran Museo Egipcio.

Se trata de un regalo otorgado en el año 2016 por la Embajada de Egipto en Ecuador, representada por Abdelmoneim Omar, el Ministerio de Antigüedades y la Organización de Promoción Turística de este país nor-africano, en coordinación con la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (EPMMOP) del Municipio de Quito.

El proceso inició el 30 de noviembre de 2016, cuando Amr El-Tibi, director de la Unidad de Fabricación de Réplicas Arqueológicas del Ministerio Egipcio de Antigüedades, anunció mediante comunicado de prensa que obsequiarían a la ciudad de Quito la réplica que había sido trabajada previamente por artesanos del Ministerio, y que iniciaría una larga travesía hasta su destino final ese mismo día.

La estatua de seis metros de alto fue trabajada durante dos meses en Egipto, sobre una pieza de granito natural reforzada con poliéster y lana de vidrio para garantizar su durabilidad en las condiciones climáticas de la capital ecuatoriana, y trasladada en barco durante dos meses. El regalo, de un valor de $35.000 dólares estadounidenses, llegó a Quito el jueves 19 de enero de 2016.

La colocación de la efigie en su pedestal inició el lunes 23 de enero de 2017 y concluyó el miércoles 25 del mismo mes. Los trabajos de adecuación de la plaza que la rodea, con una temática egipcia que incluye palmeras y una representación a escala de las milenarias pirámides en la meseta de Gizah, estuvieron a cargo de la EPMMOP y costaron $60.000 dólares estadounidenses. El hecho causó opiniones divididas en la ciudadanía, entre quienes apoyan su presencia y quienes la rechazan en demérito de las culturas aborígenes locales.

Galería

La escultura en el taller de El Cairo, donde fue trabajada.
Fotografía: Diario Ahram Online

Plaza Egipto durante los trabajos de diseño, en enero de 2017.
Fotografía: Eduardo Terán (El Comercio)

Colocación del monumento, el 23 de enero de 2017.
Fotografía: Eduardo Terán (El Comercio)

Colocación del Monumento, el 25 de enero.
Fotografía: Agencia Pública de Noticias de Quito

Colocación del Monumento, el 25 de enero.
Fotografía: Agencia Pública de Noticias de Quito

Referencias



12/13/2016

Edificio Banco Central del Ecuador

Edificio del Banco Central del Ecuador, visto desde el parque La Alameda.
Fuente: Ecuavisa.

Dirección: avenida 10 de Agosto, entre Gral. Briceño y Carlos Ibarra
Sector: La Alameda
Año de construcción: 1963 - 1968
Arquitecto: Ramiro Pérez Martínez
Estilo: internacional (racionalista)
Premios: premio Ornato 1968
Uso actual: estatal


El edificio del Banco Central del Ecuador, ubicado en el sector de La Alameda, constituye una de las estructuras gubernamentales más icónicas del siglo XX en el país, y su ubicación entre la ciudad vieja y la nueva también adquiere relevancia como parte del crecimiento urbano de la ciudad hacia el norte, dejando atrás los siglos de encierro en el Centro Histórico.

Historia

En lo que respecta al actual terreno que ocupa el complejo del Banco Central del Ecuador (que además del edificio incluye la plaza y parque La Tolita), en 1763, el sacerdote veneciano Juan Domingo Coleti señala en su obra descriptiva de Quito que habría una casa en la esquina suroccidental, es decir donde hoy se encuentra parte del parque, y que habría sido la única de la calle.

Sin embargo y por razones desconocidas, en el plano de la ciudad levantado por Gualberto Pérez en 1888, la casa descrita por Coleti ya no aparece, pero sí existía otra en la esquina suroriental de la cuadra, que alrededor de 1894 habría pertenecido a Manuel Cornejo y tenía su ingreso por la calle Briceño, además de tiendas hacia la Guayaquil (actual avenida 10 de Agosto).

En lo que se refiere a la parte central y sur del terreno, se sabe que en 1892 era una finca que fue adquirida por el italiano N. Santoliva, horticultor que había llegado al país poco tiempo antes para modernizar las plantaciones frutales en las haciendas de Gabriel Álvarez, en el valle de Patate. Aquel año tanto él como su compañero francés, Enrique Fusseau fueron convocados a Quito por el entonces presidente Antonio Flores Jijón, que deseaba convertir al paseo de La Alameda en un elegante jardín de estilo versallesco para la capital.

La finca de Santoliva poseía, además de la elegante casa, una acequia que surtía de agua a sus huertos personales, a unos baños públicos contiguos, e incluso a las fuentes de agua que instaló en La Alameda, así como a la laguna que se secaba en verano. Lamentablemente, el italiano fallecería poco tiempo después, dejando la propiedad en manos de sus herederos.

Finalmente, y después de una amplia brecha de tiempo en la que no existen datos de los predios, estos se unificaron de alguna manera y fueron adquiridos por el Estado a mediados de la década de 1950 con miras a emplazar allí algún edificio público, como se había sugerido en el Master Plan trazado para la ciudad moderna por el arquitecto uruguayo Jones Odriozola entre 1940 y 1945, y que buscaba crear un centro cívico alrededor de La Alameda y El Ejido para desaturizar el Centro Histórico.

El primer plano del edificio fue levantado en 1963 por el arquitecto ecuatoriano Ramiro Pérez Martínez cuando trabajaba para la mexicana Bank Building Corporation, empresa a la que el presidente Carlos Julio Arosemena Monroy encargó el proyecto, con los que se construyeron los cimientos y subsuelos ya cuando el país era gobernado por una Junta Militar encabezada por Ramón Castro Jijón, aunque después se paralizaron los trabajos.

Debido a la ampliación del número de empleados de la institución y la adquisición de más terrenos aledaños, en 1966 se solicitó un rediseño nuevamente al arquitecto Ramiro Pérez Martínez, que basándose en el anterior que se encontraba paralizado en su construcción, le confirió su aspecto actual y los trabajos empezaron nuevamente en 1967. El edificio fue inaugurado un año más tarde, durante la presidencia de Otto Arosemena Gómez.

La entonces nueva sede del Banco Central del Ecuador ganó el premio Ornato 1968, otorgado por el Municipio de la ciudad, en la categoría edificios públicos. Durante largos años en el último piso de la torre funcionó el Museo Arqueológico del Banco Central, que después pasó a ocupar algunas salas del Edificio de los Espejos en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, y que hoy constituye el fondo más importante de su tipo en el Museo Nacional.

Arquitectura

El edificio del Banco Central del Ecuador constituye el ejemplo mejor logrado de la arquitectura internacional de estilo racionalista en el país. Su articulación natural con el entorno del parque La Alameda a través de jardines y escaleras antes de ingresar al espacio público de los vestíbulos exterior e interior, fue una novedad en la implantación urbana de la ciudad.

La estructura, de 24.000 metros cuadrados, favorece la circulación vertical heredada del diseño original de la Bank Building Corporation, y los espacios zonificados de acuerdo a su funcionalidad, con amplias oficinas sin paredes y bien iluminadas por ventanería de techo a suelo.

La volumetría característica del estilo internacional se expresa en dos cajas bien definidas: la primera y de mayor presencia en fachada (subsuelo, planta baja y los dos primeros pisos), que constituye los espacios públicos y semi-públicos de la institución bancaria; mientras que la segunda caja, formada por la torre, se destina a las oficinas más privadas de la institución, con acceso restringido.

Para lograr el efecto visual tan icónico del edificio se utilizó piedra de los alrededores de Quito y mármol importado de Europa, logrando así una mayor percepción de los diferentes planos y volúmenes, que se suman al juego entre las superficies llenas y las acristaladas, así como a los detalles únicos del reloj público y la característica caligrafía dorada que anuncia el nombre de la institución que lo ocupa.

Referencias

  • Jurado Noboa, Fernando (2004). "Calles, casas y gentes del Centro Histórico de Quito", tomo I, pp. 29-30. Quito: FONSAL. ISBN 9978-92-348-9.
  • Andrade Marín, Luciano (2003). "La lagartija que abrió la calle Mejía", reedición. Quito: FONSAL, pp. 81. ISBN 9978-41-343-X.
  • Peralta, Evelia; Moya Tasquer, Rolando (2007). "Guía arquitectónica de Quito", pp. 298-299. Quito: Trama Ediciones. ISBN 978-9978-300-77-0.
  • "Banco Central del Ecuador". Organización Docomomo-Ecuador, catálogo digital.
  • Yépez, Andrea; Román, Karen; Benítez, Sebastián (2010). "Biografía de Ramiro Pérez Martínez". Quito: Domus Urbano.

12/04/2016

La Guaragua (Pasaje Chiriboga o Miranda)

Pasaje Chiriboga (o Miranda), popularmente conocido como «la Guaragua», visto desde la calle Luis Vargas Torres.
Fotografía: Fernando Sánchez Muñoz.

Dirección: calle Galápagos y Luis Vargas Torres
Sector: Centro Histórico
Año de construcción: 1916
Arquitecto: Franz Schmidt (1916), Antonino Russo (remodelación 1929)
Estilo: historicista (neoclásico)
Premios: patrimonio de la ciudad
Uso actual: comercio y vivienda


Conocida entre las generaciones X y Y (milennials) únicamente por la popular canción «Chulla Quiteño» que se corea ampliamente en las fiestas de fundación española de Quito, la hoy casi anónima Guaragua es un lugar específico de la ciudad que terminó dándole nombre al barrio circundante, o quizá al revés, pero ambos se encuentran ubicados en el Centro Histórico.

Historia

Llamado originalmente Pasaje Chiriboga (apellido de su propietario en aquella época), el edificio fue levantado en 1916 sobre planos que el arquitecto alemán Franz Schmidt había proyectado en estilo neoclásico palladiano, antes de su muerte en 1912. El diseño de Schmidt incluyó las escalinatas para salvar el pronunciado desnivel existente desde el siglo XVIII en la calle Galápagos, entre Guayaquil y Vargas.

La primera vez que el pasaje apareció en los planos de la ciudad fue en el año 1922, y para 1929 el edificio estaba en manos del coronel Damián Miranda, que encargó el rediseño de la fachada al arquitecto italiano Antonino Russo, que le confirió su aspecto neoclásico academicista actual (con detalles art-nouveau justamente en la ventanería del arco), y le imprimió su característico sello personal de sólidos balcones con antepecho de moriscos.

El nombre de la Guaragua fue adquirido con el pasar del tiempo debido a la forma popular (y de cierta manera también despectiva) en que los quiteños llamaban al singular volúmen elevado que cruza sobre la calle, formando un arco que une los dos pabellones del edificio.

Guaragua, un término de origen kichwa, significa literalmente algo pintoresco o lugar alto tachonado de estrellas (según el país), y en la cultura popular mestiza de la Sierra ecuatoriana es aplicado especialmente a los adornos inusuales, casi fuera de contexto pero que resultan llamativos, exactamente lo que el arco de los Chiriboga representaba en el Quito de inicios del siglo XX.

En la cultura popular

Con el tiempo, el término de la Guaragua se transmitió al barrio circundante, que con sus tres cuadras entre las calles Manabí y Galápagos, era considerado el más pequeño de la capital ecuatoriana, y que durante los cuatro siglos de dominación española había sido el punto más septentrional de la mancha urbana.

Otras investigaciones apuntan a que la historia se dio al revés, y que el pasaje de la calle Galápagos, entre Guayaquil y Vargas, simplemente adquirió el nombre con el que ya era conocido el barrio circundante, y que con el tiempo se redujo únicamente a este espacio y, de allí, al edificio del Pasaje Chiriboga o Miranda.

Habitado y frecuentado por artistas, políticos y socialités, la Guaragua y el barrio de alrededor llegaron a convertirse en lugares tan conocidos durante la belle époque quiteña que incluso se les dedicó una línea en la popular canción «Chulla Quiteño», considerada el himno mismo de las fiestas de la ciudad.

A inicios del siglo XX se produjo un horrendo crimen a los pies de este emblemático edificio, evento que inspiró al escritor Pablo Palacio (1906-1946) para escribir su obra «Un hombre muerto a puntapiés». En 1979 apareció en varias escenas de la película «Super Agente 3K3», protagonizada por Ernesto Albán (don Evaristo) y Leopoldo Fernández (Tres Patines).

La Guaragua es nombrada, además, en la película «Qué tan lejos» (2006), de Tania Hermida, en una escena en que uno de los protagonistas se pregunta sobre el significado real de tan peculiar término. En 2016, y tras una encuesta vía internet, la ciudadanía escogió bautizar con este nombre a una de las tres tuneladoras con las que se construyó la primera línea del subterráneo de la ciudad.

Galería

La Guaragua, desde la Guayaquil.
Fotografía
Fernando Sánchez Muñoz.
El arco de la Guaragua, hacia la Guayaquil.
Fotografía: Marcesplace.

Referencias

  • Peralta, Evelia; Moya Tasquer, Rolando (2007). Guía Arquitectónica de Quito, p. 240. Quito: Trama Ediciones. ISBN 978-9978-300-77-0.
  • "La Guaragua", barrio de Quito. Sociedad amigos de la Genealogía (Ecuador). Publicado el 23 de febrero de 2013. Consultado el 4 de diciembre de 2016.

9/21/2016

Parque El Ejido

Interior del parque El Ejido.
Imagen: blog Un Mundo por Recorrer.

El parque El Ejido es un espacio verde de carácter público en la ciudad de Quito, ubicado en el centro de la urbe como parte de la parroquia Itchimbía, y rodeado por las avenidas Patria al norte, Tarqui al sur, 10 de Agosto al occidente y 6 de Diciembre al oriente.

Historia

El 25 de enero de 1535, a pocas semanas de la fundación española de Quito, el Cabildo señaló los linderos de los llamados Ejidos del Rey, entre ellos el «Ejido norte» o «Ejido de Añaquito», que como propiedad pública se utilizaría para pastoreo de caballos y ganado durante los siguientes cuatro siglos. Este se extendía a lo largo del camino real entre la Alameda y Cotocollao, y se sumaba a otros dos que eran los ejidos de «Turubamba» o sur, y de «Conocoto» u oriental.

Ejido norte, alrededor del año 1910.
Sirvió además como campo de fusilamiento y castigo entre los siglos XVI e inicios del XX, por lo que hasta la década de 1920 aún se podía encontrar allí una picota en la que tradicionalmente se colgaba y castigaba a los criminales. Por orden del presidente Gabriel García Moreno se convirtió también en sitio de sepultura para disidentes, excomulgados y protestantes.

Para el año 1883 la zona seguía constituyendo el límite norte de la ciudad y aún pertenecía al Cabildo, pero los ciudadanos ya buscaban expandir el área urbana hacia el valle de Iñaquito, usando para ello parte de estos terrenos municipales y así sacar a la urbe de los siglos de encierro en el Centro Histórico.

A inicios del siglo XX tuvo lugar uno de los más importantes sucesos históricos acaecidos dentro del aún llamado «Ejido norte», pues el 28 de enero de 1912 se produjo la llamada «Hoguera Bárbara» en la que una iracunda muchedumbre quemó los cuerpos inertes del presidente Eloy Alfaro y tres de sus seguidores después de haberlos arrastrado por las calles desde el penal García Moreno.

Para 1914 ya se había consolidado en el lado occidental del Ejido la llamada Ciudadela Larrea, un barrio lleno de señoriales mansiones con estilos historicistas de moda a inicios del siglo XX, mientras que para la década de 1920 empezó a formarse hacia el norte el pudiente barrio de La Mariscal, en el que los palacetes de la aristocracia quiteña se rodeaban por primera vez de amplios jardines en sus cuatro costados.

El recién inaugurado Parque de Mayo, circa 1922.
Finalmente, en el año 1922 el Ejido norte se convirtió oficialmente en un espacio verde de recreación para la ciudad bajo el nombre de «Parque de Mayo», ya que su arborización e inauguración respondían a los festejos programados por el centenario de la Batalla de Pichincha, que tuvo lugar un 24 de mayo de 1822, y que selló la independencia del actual Ecuador. Sin embargo, el nombre de «El Ejido» siempre permaneció en la cultura popular, y por ello fue cambiado por este un par de décadas más tarde, y así se lo conoce hasta la actualidad.


Vegetación

El parque es hogar de unas 1.470 especies de plantas nativas de la región interandina, entre ellos el cholán, aliso, chamburo, coco cumbi y guabo. Un informe para la construcción de la parada El Ejido del Metro de Quito, arrojó además datos sobre la existencia de las siguientes especies de árboles: acacia, cepillo blanco, cedro, arupo, ciprés, yalomán, eucalipto, nogal, cedrillo, pino rojo, plátano, álamo, capulí, sauce piramidal y tilo.

Además, El Ejido constituye el espacio público con más concentración de arbolado patrimonial del Distrito Metropolitano de Quito, lo que significa que posee al menos un par de docenas de árboles con más de cien años de vida.

Infraestructura

El diseño del parque tiene los rasgos típicos del urbanismo europeo de finales del siglo XIX e inicios del XX, con un trazado asimétrico y de caminerías con formas curvas que se reúnen en un círculo excéntrico al centro del terreno, vinculando de esta manera el interior del área verde y ajardinada con las cuatro arterias viales que delimitan su forma trapezoidal.

Cada fin de semana se instala una gran galería al aire libre en la que se exhiben y comercializan obras de arte y artesanías a lo largo del bulevar que existe sobre la avenida Patria. El parque cuenta además con espacios internos que son utilizados por artistas callejeros para montar sus performances, así como un patio de comidas abierto donde se sirven platos tradicionales de la gastronomía ecuatoriana y que funciona desde la década de 1960.

En el noroccidente se ubican las canchas deportivas, usadas especialmente para juegos tradicionales quiteños como el ecuavoley y los llamados «cocos», estos últimos tienen como objetivo sacar unos pequeños cocos del interior de un círculo trazado en la tierra, y para ello se sirven de unas bolas grandes de metal; en ambos se apuestan de 10 a 50 dólares por partido. También existen zonas dedicadas a los juegos infantiles como toboganes, columpios, balancines y escaleras chinas.

Esculturas

Al interior del parque existen un sin número de esculturas, entre las que podemos nombrar las siguientes:
  • Puerta de La Circasiana, obra de Luis Antonio Mideros para el palacio homónimo de los Condes de Casa Jijón, donada por la familia a la ciudad, e instalada en el bulevar de la avenida Patria en la década de 1980.
  • La Lucha Eterna, fabricada por Émile Peynot en 1922 y reinstalada en el bulevar de la avenida Patria en 2014.
  • Monumento a Velasco Ibarra, fabricado en 1997 e instalado en la plazoleta de la avenida Tarqui en 2005.
  • Paraboloide Hiperbólico, construido por el ingeniero Agustín Patiño en 1961 para una estación de gasolina desaparecida en el sur del parque.
  • Busto de Juan Montalvo, obra de Luis Antonio Mideros al sur del parque.
  • Monumento a Alexander Von Humboldt, al sur del parque.
  • Monumento a Eloy Alfaro, en el centro del parque.
  • La Llama Eterna, en el centro del parque.
  • Bulevar de los Poetas, sobre la avenida 6 de Diciembre.

Galería

Puerta de La Circasiana (2010).
Imagen: propia.

La Lucha Eterna (2016).
Imagen: propia.

Monumento a Velasco Ibarra (2016).
Imagen: propia.

Paraboloide Hiperbólico (2014)
Imagen: David Sánchez

Busto de Juan Montalvo (2016).
Imagen: propia.

Monumento a Alexander Von Humboldt (2016).
Imagen: propia.

Monumento a Eloy Alfaro (2016).
Imagen: propia.

La Llama Eterna (2016).
Imagen: propia.


Referencias


Nota: este texto ha sido donado a la Fundación Wikimedia, y puede ser encontrado en este link.